Un estudio sobre leones marinos de las Galápagos revela que una parte de la población continúa recibiendo leche materna tras la madurez, un comportamiento poco común que podría estar ligado a factores ecológicos y sociales.
Este hallazgo, fruto de un seguimiento de veinte años, apunta a una práctica conocida en inglés como “supersuckling” y abre preguntas sobre sus posibles funciones y sus límites en una especie que vive en un ecosistema tan singular como el archipiélago.
La mayor parte de los leones marinos de las #Galápagos se destetan entre los 1,5 y los 4,5 años, momento en el que deberían comenzar a buscar su propio alimento y a enfrentarse a la competencia por recursos.
Sin embargo, en estos casos documentados, la lactancia se prolongó varias temporadas más, hasta que la madre y el cachorro ya habían establecido una relación sólida o hasta que simplemente dejó de ocurrir por cambios en la dinámica de la colonia.
La observación más longeva registró a un individuo que continuó recibiendo leche a los 16 años, un dato llamativo que subraya la variabilidad de este comportamiento y que dificulta sacar conclusiones simples.
Los autores, entre ellos Alexandra Childs, becaria doctoral de la Universidad de Bielefeld, señalan que, aunque no se ha establecido una respuesta única, varias hipótesis podrían explicar este fenómeno.
Por un lado, podría tratarse de un mecanismo de ahorro de energía para asegurar que la cría alcance un tamaño adecuado para competir y reproducirse en entornos donde la disponibilidad de alimento varía.
Por otro, podría representar una forma de fortalecer o mantener vínculos a largo plazo entre la madre y la cría, con posibles beneficios sociales que podrían extenderse más allá de la mera nutrición.
A la vez, el estudio intenta descartar que la práctica sea un indicio inequívoco de escasez de alimento. En las Galápagos, la productividad de los recursos marinos está estrechamente ligada a patrones climáticos que influyen en la temperatura de la superficie del mar.
Curiosamente, los datos señalan que la supersuckling ocurrió con mayor frecuencia durante periodos en los que, de forma general, las condiciones climáticas favorecían una mayor disponibilidad de presas.
De este modo, la relación entre el suministro de alimento y la lactancia extendida podría ser compleja y no lineal, lo que obliga a considerar factores de calidad nutricional y no solo la cantidad de alimento disponible.
Entre las voces consultadas para interpretar estos hallazgos, otros expertos señalan que se trata de un tema estimulante para entender la plasticidad conductual de los mamíferos marinos.
Reconoce que el fenómeno es extraordinario en la Galápagos
Andrew Trites, director del Marine Mammal Research Unit en la Universidad de Columbia Británica, reconoce que el fenómeno es extraordinario en la Galápagos, aunque advierte que se requieren más estudios para distinguir entre causas ecológicas y sociales.
Las parejas madre-cría que practican este comportamiento podrían estar experimentando respuestas adaptativas a condiciones ambientales variables, pero aún faltan datos que permitan generalizar.
La investigación, publicada recientemente en una revista de prestigio en el ámbito de la biología natural, subraya la necesidad de seguir recopilando información longitudinal para comprender no solo cuánto persiste la lactancia, sino también qué impactos tiene en el desarrollo de la cría y en las tasas de supervivencia a largo plazo.
En el marco de la conservación, este hallazgo añade una capa de complejidad a la forma en que se evalúa la salud de poblaciones de mamíferos marinos en islas volcánicas con sistemas ecológicos tan delicados.
La Galápagos, archipiélago que ha sido durante décadas un laboratorio natural de la evolución y de la #ecología marina, ofrece el escenario perfecto para estudiar comportamientos atípicos y sus posibles implicaciones para la dinámica poblacional.
A lo largo de la historia, la #investigación sobre Zalophus wollebaeki ha mostrado una estrecha relación entre la salud del ecosistema y el desarrollo de rasgos comportamentales que, en contextos de variabilidad climática, pueden sorprender a los científicos.
Con datos que se remontan a dos décadas, este nuevo trabajo refuerza la idea de que incluso comportamientos aparentemente costosos pueden persistir si aportan beneficios no evidentes a corto plazo.
A modo de contexto histórico, las Galápagos han sido escenario de múltiples investigaciones sobre la interacción entre depredadores, presas y las condiciones oceánicas que configuran los flujos de energía en estas aguas.
Los eventos climáticos extremos, como las fases intensas de El Niño y La Niña, han mostrado que la población de marsopas, focas y leones marinos se ajusta de maneras complejas, marcando la importancia de la monitorización continua para comprender la resiliencia de estos mamíferos ante cambios globales.
En ese marco, el hallazgo sobre la lactancia prolongada en un grupo de individuos añade un nuevo factor a considerar en futuros estudios de ecología conductual y conservación.
En resumen, aunque el rendimiento energético de una cría que continúa recibiendo leche materna podría parecer desincentivante a primera vista, los resultados apuntan a un fenómeno con variabilidad significativa entre individuos y con posibles beneficios sociales o evolutivos que aún no se pueden descifrar por completo.
