Tortugas gigantes regresan a Floreana, Galápagos, tras más de un siglo de ausencia
Un grupo de 158 tortugas gigantes juvenil fue liberado en Floreana, la primera vez en más de 180 años que estos animales recorren la isla. El proyecto busca reconstruir una población perdida y restaurar procesos ecológicos claves en Galápagos.
Por primera vez en más de 180 años, #tortugas gigantes vuelven a recorrer la islita Floreana, en el archipiélago de Galápagos, Ecuador.
La semana pasada científicos y guardabosques locales liberaron 158 tortugas juveniles en la isla, que siglos atrás albergó miles de ejemplares de estas especies y que, tras un periodo de extinción local, empieza a ver de nuevo a estos seres dominantes de la fauna insular.
Este lote es parte de un programa de crianza en cautiverio que comenzó en 2017 con el objetivo de devolver a Floreana una población heredera de los rasgos genéticos de la antigua tortuga niger, una línea que dejó de existir allí en la década de 1840.
La historia de Floreana es un espejo de los desafíos que han enfrentado las Galápagos: tras la llegada de cazadores de ballenas, un incendio devastador y la explotación humana, la tortuga gigante local desapareció de la isla sur, dejando atrás un vacío que afectó a todo el ecosistema.
Los esfuerzos actuales no solo buscan aumentar números, sino también reconstruir una genealogía perdida que permita que el ecosistema se recupere con el tiempo.
En total, se esperan liberar 700 tortugas a lo largo de varias etapas. Los recién llegados tienen entre ocho y trece años de edad y pesan entre 30 y 50 libras, es decir, aproximadamente 14 a 23 kilogramos. Para facilitar su seguimiento y estudiar su adaptación, las crías han sido distribuidas en dos grupos: uno de 50 individuos se ubicará en zonas más secas de la llanura, y otro grupo de 108 se desplazará a las tierras altas, ligeramente más húmedas.
El proyecto es coordinado por #Galápagos Conservancy, junto a autoridades y científicos vinculados al Parque Nacional Galápagos. Los responsables señalan que la presencia de un componente genético significativo de la antigua población resulta crucial para restablecer una línea vital que había desaparecido de la isla.
Según Christina Sevilla, directora de ecosistemas del parque, la iniciativa va más allá de sumar individuos: se propone recuperar rasgos evolutivos y procesos ecológicos que dependían de la tortuga niger original.
Cada tortuga joven está equipada con rastreadores GPS para permitir un monitoreo en tiempo real de sus movimientos. El equipo de investigación indica que seguirá observando a los individuos durante años; de hecho, las colas de datos se revisan de forma cercana y continua para detectar patrones de movimiento, agrupamientos y asentamiento en distintos hábitats.
Si alguno de los animales deja de moverse durante un periodo prolongado, el personal de campo saldrá a verificar su situación. En palabras del equipo, estos dispositivos permiten entender mejor cómo las tortugas se integran en el paisaje insular y cómo interactúan con la red de especies nativas.
Floreana comparte su entorno con una diversidad notable: flamencos, iguanas, pingüinos, gaviotas y halcones conviven con especies introducidas por el ser humano, como ratas, gatos, cerdos y burros, además de plantas invasoras como mora y guayaba.
Estas amenazas pueden afectar la supervivencia de la nueva población, que deberá competir por recursos y adaptarse a un ecosistema ya influido por especies no nativas.
La #reintroducción de estas tortugas podría ayudar a restaurar procesos ecológicos clave
Los investigadores destacan que, a largo plazo, la reintroducción de estas tortugas podría ayudar a restaurar procesos ecológicos clave, como la dispersión de semillas y la regeneración de bosques espinosos que dependen de su actividad.
El retorno de las tortugas a Floreana se percibe como un avance significativo para la #conservación de las tortugas gigantes en las Galápagos. Más allá de la reconstitución de una población perdida, el programa ofrece una oportunidad para entender mejor la genética de la especie y las condiciones necesarias para que estos grandes navegantes dejen una huella duradera en el ecosistema insular, promoviendo una mayor resiliencia ante cambios ambientales y presiones humanas en un archipiélago que ha sido, históricamente, un laboratorio viviente de evolución y biodiversidad.