Doce alumnos de la UPV/EHU comparten aula con veinte presos en la cárcel de Zubieta para hablar de Criminología
Un curso de verano reúne a estudiantes y personas privadas de libertad en la prisión de Zubieta. El objetivo es entender el sistema penal desde dentro y dar voz a quienes viven la cárcel.
El pasado viernes, 17 de julio, ocurrió algo poco habitual en el Centro Penitenciario Gipuzkoa, en Zubieta: 12 estudiantes de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) se sentaron en las mismas aulas que 20 personas privadas de libertad para participar juntos en el curso 'Criminología dentro y fuera de prisión: Cruce de caminos'.
No es la primera vez que pasa: es ya la cuarta edición de esta experiencia organizada por el Instituto Vasco de Criminología, en colaboración con el Departamento de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno Vasco.
La idea detrás de este curso es tan sencilla como potente: acercar la universidad a la realidad de la cárcel, y al revés. Porque para entender de verdad cómo funciona el sistema penitenciario, no basta con leer libros ni estudiar teorías; hace falta escuchar a quienes lo viven en primera persona.
Por eso, el curso no solo habla de criminología desde un punto de vista académico, sino que convierte a los internos en protagonistas activos del aprendizaje.
Ellos aportan su experiencia, sus vivencias, su conocimiento de primera mano sobre qué significa estar privado de libertad, cómo se gesta un delito, qué caminos llevan hasta allí y, sobre todo, qué posibilidades hay de volver a empezar.
Este enfoque nació de una reflexión muy concreta. Durante una visita de estudiantes de #Criminología de la #UPV/EHU a un centro de internamiento cerrado para menores, un chico que cumplía condena les preguntó: "¿Os pasáis cuatro años estudiando por qué las personas cometen un delito? Yo ya sé por qué cometí el mío".
Esa frase, tan directa y llena de verdad, fue el germen de este curso. A partir de ahí, se empezó a trabajar en un espacio donde el diálogo entre los que estudian el delito y los que lo han vivido fuera posible, sin jerarquías ni prejuicios.
La experiencia no solo beneficia a los estudiantes: también abre una ventana a los internos para sentirse escuchados y valorados, y para entender que su historia puede servir para que otros aprendan.
Para muchos de ellos, participar en un curso universitario dentro de la cárcel es una oportunidad única de sentirse parte de algo más grande, de romper el aislamiento y de visibilizar una realidad que suele permanecer oculta tras los muros.
Detrás de esta iniciativa está el Instituto Vasco de Criminología
Detrás de esta iniciativa está el Instituto Vasco de Criminología, dirigido por Gema Varona, que lleva años impulsando la investigación y la docencia en este ámbito.
La colaboración del Departamento de Justicia y Derechos Humanos es clave para que proyectos como este salgan adelante, ya que facilitan el acceso a los centros y apoyan la idea de que la educación es una herramienta fundamental para la reinserción.
No es casualidad que #Euskadi sea una de las comunidades con menos tasa de reincidencia de España, y programas como este tienen mucho que ver.
Pero más allá de los datos, lo importante es lo que ocurre dentro de esas aulas. Según cuentan los organizadores, el ambiente es de respeto y curiosidad mutua. Los estudiantes llegan con ideas preconcebidas y se van con una visión mucho más compleja y humana de lo que significa la justicia penal. Los internos, por su parte, tienen la oportunidad de reflexionar sobre su propia historia y de sentirse parte de una solución, no solo de un problema.
Este curso de verano es solo un ejemplo de cómo la universidad puede salir de sus torres de marfil y meterse de lleno en la realidad social. Porque la criminología no se entiende sin la cárcel, y la cárcel no se entiende sin las personas que la habitan. Al final, el conocimiento se construye entre todos, dentro y fuera de los muros. Y experiencias como esta demuestran que el camino hacia una justicia más humana pasa por escuchar, entender y, sobre todo, por no dar la espalda a quienes más necesitan ser escuchados.