Reescritura en español de un estudio científico que sugiere que pulpos gigantes alcanzaban longitudes similares a las ballenas y que cazaban en mares hace 100 millones de años, con fósiles hallados en Vancouver Island y Japón y el uso de minería digital de fósiles para reconstruir su tamaño y hábitos.
Un estudio publicado recientemente en Science propone que #pulpos monstruosos, del tamaño de ballenas, nadaban por los mares al final del periodo Cretácico.
Los #fósiles descubiertos en la isla de Vancouver, en la Columbia Británica, y en Hokkaido, Japón, apuntan a una clase de depredadores invertebrados que podrían haber llegado a ser tan grandes como las grandes especies de ballenas actuales.
En concreto, los investigadores describen dos especies dentro de un mismo linaje fósil: #Nanaimotethis haggarti y una segunda especie descrita como Nanaimotethis sp.
Estas criaturas, según las estimaciones basadas en sus picos y restos de boca, podrían haber alcanzado longitudes cercanas a los 19 metros, lo que las sitúa entre los depredadores más impresionantes de la historia de la vida marina.
El tamaño, de por sí, ya sorprende; pero lo que realmente cambia la imagen de los #océanos prehistóricos es la evidencia de que tales pulpos gigantes eran capaces de capturar presas grandes y, al parecer, de triturar estructuras duras como conchas y huesos.
Los wear patterns —el desgaste observado en los picos— indican una alimentación que no se limitaba a presas blandas, sino que incluía organismos con cascos duros, lo cual sugiere una fuerza de mordida y una estrategia de caza muy eficiente para su época.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos utilizaron una técnica puntera llamada minería fósil digital, también conocida como tomografía de molienda.
Consiste en tomar rocas de las formaciones donde ya se han encontrado fósiles, pero sin hallazgos visibles en la superficie, y raspar capas diminutas para obtener imágenes de alta resolución.
Luego, esas imágenes se ensamblan en modelos tridimensionales mediante inteligencia artificial. Al comparar estos modelos con pulpos y calamares modernos, los investigadores pudieron confirmar que las especies descritas eran pulpos con aletas (finned octopuses) y no vampirísticos calamares, como en alguna ocasión se había sugerido.
Este trabajo también aporta una nueva pieza al rompecabezas de la evolución de los octópodos. Aunque la crono-escala de los pulpos modernos se ha construido a partir de hallazgos relativamente escasos, los datos de Nanaimotethis muestran que, hace entre 100 y 72 millones de años, ya existían pulpos de gran tamaño que formaban parte de la cúspide de la cadena trófica marina.
El hallazgo abre la posibilidad de que las grandes especies de pulpos hayan sido más comunes en ecosistemas antiguos de lo que se creía
De hecho, los autores destacan que estas criaturas eran, probablemente, una de las mayores comunidades de depredadores invertebrados que han existido. En palabras de uno de los investigadores, el hallazgo abre la posibilidad de que las grandes especies de pulpos hayan sido más comunes en ecosistemas antiguos de lo que se creía.
La comparación con el gran calamar moderno, que alcanza alrededor de 12 metros, deja claro que estos pulpos del #Cretácico eran, por su tamaño, una anomalía de la naturaleza; y su capacidad para morder con dureza sugiere que su dieta podía incluir presas resistentes como tortugas marinas o peces con caparazón.
Todo ello se suma a la imagen de océanos antiguos como lugares de competencia feroz entre depredadores de distintos grupos, incluyendo reptiles marinos como mosasaúres y elasmosáuridos.
El descubrimiento no solo alarga la historia de los pulpos, sino que también sitúa a los pulpos gigantes como parte de los veteranos de alto nivel en la red trófica marina.
El trabajo demuestra que la diversidad de estrategias predatorias en el pasado incluía grandes invertebrados, capaces de ocupar nichos que hoy solemos atribuir, de forma exclusiva, a grandes vertebrados.
En cuanto a la procedencia de los fósiles, las piezas de Nanaimo Group en la isla de Vancouver y las halladas en Hokkaido forman parte de un rompecabezas geológico que pone de relieve la distribución de estos grandes pulpos en distintas cuencas oceánicas de la época.
Algunas de las muestras se conservan en museos de la Columbia Británica, como el Courtenay and District Museum and Paleontological Centre, y es precisamente en estas instituciones donde se están fortaleciendo los vínculos entre la #ciencia y la comunidad.
En resumen, este estudio no solo reescribe la historia de los pulpos, sino que también amplía nuestra comprensión de cómo funcionaban y evolucionaron los ecosistemas marinos durante una era dominada por dinosaurios.
Si hay algo claro, es que la vida marina ha desarrollado estrategias de caza y supervivencia tan diversas como sorprendentes, incluso cuando creemos estar ya bien asentados en la línea temporal de la biología de los cefalópodos.
