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Sin agua fluorada en Saint John durante 12 años, los más jóvenes pagan la factura: caries en alza y un debate pendiente

Sin agua fluorada en Saint John durante 12 años, los más jóvenes pagan la factura: caries en alza y un debate pendiente

Saint John, en Nuevo Brunswick, dejó de fluoridar su agua hace más de una década y los dentistas ya detectan más caries en niños y adolescentes. Este artículo repiensa la historia, los datos y el porqué de la fluoración en Canadá, con miras a entender qué podría ocurrir si NB reabre la discusión.

Saint John, en New Brunswick, tiene un problema de fondo que no es nuevo pero que está dejando señales claras: la retirada de la fluoración del agua, hace ahora más de 12 años, parece haber aumentado la incidencia de caries entre los más jóvenes.

Las dentistas de la ciudad, que durante décadas trabajaron para prevenir el deterioro dental gracias a un simple chorrito de fluoruro en el suministro, ahora observan una realidad distinta: menos protección para los dientes en formación y un gasto mayor en tratamientos.

Kelly Keyes, una dentista que dirige una consulta ocupada con pacientes de todas las edades, está entre quienes advierten que la caída de la fluoración tuvo efectos cuando el agua dejó de recibir ese compuesto básico de salud pública.

“Vemos más caries entre niños y, a veces, incluso entre los más pequeños de edad, los de menos de cuatro años, con caries rampantes”, dice. Añade que la situación no solo afecta la sonrisa, sino también la escolaridad: dolor de muelas que interrumpe clases y, en ocasiones, extracciones prematuras que crean un camino difícil para la autoestima de un niño.

La decisión de eliminar la fluoración no fue súbita. En la ciudad, las cuentas públicas y la presión para recortar gastos pesaron en un momento en que se buscaban ahorros. El municipio estimó que ahorraba unos 177.000 dólares al año al dejar de fluoridar el agua, una cifra que para algunos parecía razonable frente a otros retos, pero que, para los dentistas y médicos, terminó trasladándose en forma de mayor carga para la salud dental de la población más vulnerable.

El debate no es nuevo en Canadá. En 1945, Brantford, Ontario, fue la primera ciudad en el país en adoptar la fluoración del agua, y rápidamente otras comunidades siguieron el ejemplo para reducir caries en generaciones futuras.

Con el paso de los años, la conversación se politizó: Moncton vivió en 2011 un intenso debate que desembocó en una moratoria de cinco años y, ya en 2017, en una decisión de desechar la fluoridación de forma permanente.

En NB, Oromocto fue la última localidad en fluoridar su agua, en 2023.

La postura de la administración local en #Saint John fue ajustarse a la realidad económica, según describe la alcaldesa de la época. El voto que mantuvo o rechazó la fluoración quedó tan repartido como la balanza de costos. Una votación 50-50 terminó en la decisión de un alcalde en funciones que habló de “realidades financieras” para justificar la retirada. La alcaldesa actual, Donna Reardon, mantiene una visión distinta: la salud dental no debería recaer solo en el ámbito municipal y, en su opinión, corresponde al gobierno provincial fijar políticas claras sobre fluoración y salud bucodental.

Pero la falta de datos actualizados complica la toma de decisiones. Paul Blanchard, director ejecutivo de la Nueva Asociación Dental de New Brunswick, señala que NB es algo así como una excepción: no hay suficientes datos sobre el estado de la salud dental desde la retirada de la fluoración.

Hay un único estudio nacional de 2015 que ya mostraba que Saint John tenía una de las tasas más altas de intervenciones quirúrgicas por caries en niños de 1 a 4 años, una señal que debería activar la alarma.

Con el tiempo, la ausencia de seguimiento aparece como una debilidad estructural: “nos gustaría ver que el gobierno provincial o federal mida la salud bucal, especialmente en los niños, como se hace en otras provincias”, comenta.

Los informes de esas comunidades señalan mejoras en la salud dental de los niños y al menos una reducción en la proporción de quienes requieren atención urgente por caries

En otras regiones del país, la dinámica no es la misma. Windsor, Tecumseh y LaSalle, en Ontario, reintrodujeron la fluoración en 2022; Calgary, en Alberta, hizo lo propio en los últimos años. Los informes de esas comunidades señalan mejoras en la salud dental de los niños y al menos una reducción en la proporción de quienes requieren atención urgente por caries.

Un estudio de la Universidad de Calgary de 2021 mostraba que la salud dental de los niños mejoraba después de revertirse la retirada del fluoruro. Estas evidencias, junto con datos de la Oficina del odontólogo jefe de Canadá, indican que a nivel nacional la fluoración atiende a cerca del 39% de la población, con NB y algunas provincias del Atlántico con niveles muy bajos o prácticamente nulos.

Las voces en NB insisten en que hay que mirar más allá de los costos inmediatos y valorar la salud a largo plazo. Keyes defiende que la fluoruración es una “solución simple” y efectiva para proteger la salud bucal de todos, especialmente de quienes no tienen recursos para cuidados preventivos.

“La tasa de caries que veo en los niños es la misma que la de quienes usan pastas sin fluoruro o no se cepillan correctamente”, sostiene. En su lectura, retirar la fluoración no es solo una cuestión de dinero, sino de equidad: afecta en mayor medida a los niños de familias con menos recursos y a la población más vulnerable.

El debate, por tanto, no se limita al costo anual de fluoridar o no. También entra la cuestión de datos y libertad de elegir: ¿debería la política pública exigir un estándar nacional para la fluoración o permitir que cada comunidad decida, con datos y evidencia, lo que más le conviene? En NB, esa decisión está pendiente y la población está a la espera de indicadores claros que guíen una decisión informada.

Qué podría cambiar en el futuro inmediato? En el corto plazo, algunos especialistas piden reinstalar programas de cribado escolar y de barnizado de dientes—medidas que ya funcionan en Quebec y Nova Scotia—y que NB suspendió durante la última administración.

También se plantea la necesidad de una campaña de educación sobre la importancia del fluoruro, tanto en el agua como en productos de higiene bucal. Por otro lado, se sugiere que las autoridades de salud revisen y actualicen las métricas para medir el impacto de la fluoración en la salud dental de los niños, tal y como se hace en otras provincias.

En resumen, Saint John muestra que las decisiones de política sanitaria, cuando se basan en costos a corto plazo sin un marco de datos sólido, pueden terminar trasladando la carga a las generaciones más nuevas.

Mientras NB y el resto de las provincias miran hacia adelante, la historia de la fluoración en #Canadá ofrece lecciones sobre prevención, equidad y la importancia de mantener, o recuperar, herramientas simples y eficaces para la salud pública.

El próximo estudio nacional, previsto para 2027, podría aportar la evidencia que falta para decidir si NB debe volver a fluoridar su agua o si se buscarán alternativas para proteger la salud dental de la población de manera más amplia.

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