Un proyecto de monitoreo y anillamiento gestionado por voluntarios en Saskatoon y sus alrededores permite rastrear poblaciones de azulejos azules y otras aves migratorias, entender amenazas ambientales y fomentar la educación ambiental entre familias.
El proyecto ofrece a familias y jóvenes la oportunidad de participar como “ciudadanos científicos”, recolectando datos que luego ayudan a entender tendencias poblacionales, amenazas como la pérdida de hábitat y el cambio climático, y patrones de reproducción y posibles enfermedades.
Greg Fenty, biólogo y educador ambiental jubilado, lidera el esfuerzo junto a #Saskatoon Young Naturalists, dentro de la Saskatoon Nature Society. Según Fenty, la Trail es esencialmente una cadena de cajas-nido que se utilizan para observar la productividad de azulejos azules y golondrinas de los árboles: cuántos polluelos nacen, cuánta supervivencia muestran y cuánto viven.
Esta información, recogida con rigor, permite a los científicos seguir la evolución de estas poblaciones a lo largo de los años y comprender mejor los efectos de amenazas como la fragmentación de hábitats y el uso de pesticidas que afectaron gravemente a estas aves en décadas pasadas.
La narrativa histórica indica que las poblaciones de estas aves se desplomaron hasta los años 50, y que las acciones de conservación y monitoreo posteriores fueron decisivas para su recuperación.
En la actualidad, la vida promedio de un azulejo azul puede alcanzar los ocho años, y durante la migración recorren más de 3.000 kilómetros hacia el sur.
El programa destaca además que el trabajo de campo es una experiencia educativa para toda la familia. Cada primavera, cuando aún no ha comenzado la temporada de nidificación, Fenty organiza talleres para enseñar a los voluntarios a sujetar y anillar las aves correctamente, así como a identificar machos, hembras y diferentes especies.
Contar con un permiso científico del Canadian Wildlife Service es obligatorio para el anillamiento, lo que garantiza que las prácticas se realizan de forma responsable y respetuosa con las aves.
Para los niños y jóvenes, la experiencia es una puerta de entrada a la ciencia: aprenden a reconocer características de las aves por el material de nidación y el color de los huevos, y descubren el ciclo de vida de estas criaturas mientras participan en un proyecto real de conservación.
En paralelo, se organizan talleres de construcción de cajas de madera a principios de la temporada para reemplazar cajas dañadas o envejecidas, asegurando que la infraestructura de la ruta esté lista para la llegada de la cría.
Existen múltiples programas de participación al aire libre que permiten a las familias aprender sobre #biodiversidad y ciencia sin necesidad de experiencia previa
A finales de mayo, cuando la temporada avanza, empieza la fase de monitoreo y anillamiento bajo la supervisión de Fenty. Existen múltiples programas de participación al aire libre que permiten a las familias aprender sobre biodiversidad y ciencia sin necesidad de experiencia previa.
Entre las historias que acompañan al proyecto figura la de Pi Srithammawut y su hijo Pacer, quienes llegaron a Canadá en 2024 y se unieron para aprender sobre el entorno local; para ellos, la experiencia ha despertado un interés más profundo por la ciencia y la conservación.
Otra voluntaria, Betty McBride, comparte que a sus nietos les encanta sostener a las crías y que la experiencia en la ruta les ha enseñado a observar la vida silvestre de forma práctica, fortaleciendo así los lazos familiares y el vínculo con la naturaleza.
La Mary Houston #Bluebird Trail no es solo un programa de conteo; es una iniciativa que busca mantener la curiosidad científica de las nuevas generaciones, promover la conservación de la biodiversidad local y demostrar que la ciencia puede ser accesible y participativa para cualquier persona.
