El hombre que parece borracho sin beber: el raro síndrome de autofermentación intestinal en Nova Scotia
Relato cercano y claro sobre un caso de síndrome de autofermentación intestinal en Nueva Escocia: cuando el intestino fabrica alcohol y provoca episodios de embriaguez sin consumir alcohol. Qué significa, cómo se diagnostica y qué opciones de tratamiento existen.
Durante casi una década, Eric Poulin ha tenido episodios que lo dejan pareciendo ebrio, a pesar de no haber probado ni una gota de alcohol.
En Nova Scotia, este hombre padece lo que los médicos llaman síndrome de autofermentación intestinal, una condición rara en la que el propio intestino produce etanol a un ritmo tan alto que el cuerpo no puede eliminarlo.
El resultado no es un simple bostezo: es una intoxicación real que afecta el habla, la coordinación y la claridad mental. Y, como ocurre en tantas historias poco conocidas, durante años la gente de su entorno, incluido el sistema sanitario, lo tomó por alcohólico que intenta ocultarlo, mientras él sufría episodios de los que ni siquiera tenía recuerdos cuando amanecía.
Qué es exactamente este síndrome y por qué ocurre suele explicarse así: es un desequilibrio en el microbioma intestinal. Bacterias y hongos que fermentan carbohidratos llegan a ser las especies predominantes en el intestino de la persona, generando etanol dentro del sistema digestivo y en la sangre.
Este etanol endógeno puede desencadenar síntomas de intoxicación: habla arrastrada, olor a alcohol en el aliento y, sobre todo, alteraciones cognitivas que sorprenden a familiares y profesionales de la salud.
La imprevisibilidad de estos brotes hace que el diagnóstico sea especialmente desafiante, porque el cuadro no se ajusta a lo que se espera ver en una persona que ha bebido.
La historia de Poulin ilustra el dilema médico: “Lo más difícil de la #medicina es diagnosticar una presentación atípica de una enfermedad rara”, señala el equipo que lo atiende.
Los especialistas que lo han tratado, entre ellos médicos de la Universidad de Dalhousie, insisten en que no existe un protocolo único para ABS (síndrome de autofermentación).
En su caso, como en muchos otros, el tratamiento ha sido complejamente variable. Tradicionalmente, se intenta controlar con una dieta baja en carbohidratos y, en paralelo, con tratamientos antifúngicos para frenar a los microorganismos fermentadores.
Pero en Poulin estos enfoques no han resuelto el problema de fondo, y las complicaciones persisten.
Con todo, el equipo médico no está resignado. Exploran vías alternativas para restaurar un equilibrio más estable en su gut. Una de las líneas más esperanzadoras es la posibilidad de un trasplante de microbiota fecal (FMT) administrado en forma de cápsulas, una terapia que busca restablecer una comunidad bacteriana sana en el intestino.
Ha dado un paso práctico y emocional: desarrollar una aplicación llamada Abstrack para que personas con ABS puedan registrar sus síntomas de forma estructurada y presentarlos a los profesionales de salud
Paralelamente, su mujer, Sarah, ha dado un paso práctico y emocional: desarrollar una aplicación llamada Abstrack para que personas con ABS puedan registrar sus síntomas de forma estructurada y presentarlos a los profesionales de salud, con la idea de acelerar diagnósticos y tratamientos adecuados.
Esta historia va más allá de un caso aislado. Según la Cleveland Clinic, el ABS es extraordinariamente raro y se documentan menos de 100 casos en todo el mundo, lo que dificulta su estudio y su reconocimiento clínico.
En la narrativa de Poulin, esta rareza se traduce en una lucha diaria: no solo por entender qué sucede en su cuerpo, sino por explicar a su entorno que la “borrachera” es una manifestación médica, no un comportamiento voluntario.
Desde 2023 Poulin ha dejado de trabajar debido a su condición y su vida familiar queda marcada por la incertidumbre de cada día, hora a hora, con cinco hijos que dependen de una respuesta humana, médica y solidaria.
La historia de Poulin se entrelaza con un hilo histórico: a medida que las investigaciones sobre el microbioma intestinal han crecido, también lo ha hecho la conciencia de que ciertas condiciones raras pueden presentarse de forma tan extrema que imitan problemas mucho más comunes, como la adicción al alcohol.
Esa concurrencia de conocimiento y experiencia clínica ha impulsado iniciativas como la app Abstrack y la investigación sobre enfoques como la FMT, que podrían abrir puertas a tratamientos más estructurados y exitosos en el futuro cercano.
Mientras tanto, Poulin continúa viviendo a merced de un síndrome que aún busca un tratamiento definitivo, con la esperanza de que la ciencia, la medicina y la gente que lo apoya le devuelvan un día a día más predecible y menos limitante.