Defiende un investigador la validez de su estudio en perros en Londres tras cierre del laboratorio y revisión ética
Un científico canadiense apuesta por la importancia de su investigación cardíaca en caninos, después de que su laboratorio en Londres (Ontario) fuera clausurado temporalmente y dos comités éticos concluyeran que las alegaciones de maltrato eran infundadas.
En una entrevista exclusiva, el investigador principal del centro de Londres, Ontario, defendió por primera vez la relevancia de su trabajo tras el cierre temporal de su laboratorio y las amenazas de un gobernante regional a prohibir la experimentación con caninos.
El equipo de investigación sostenía que los experimentos realizados con perros eran necesarios para avanzar en la comprensión de cómo se desarrolla y se recupera el corazón tras un ataque, y argumentaba que las conclusiones podrían abrir puertas a mejoras en el tratamiento de pacientes con insuficiencia cardiaca.
Dos comités de ética independientes revisaron el procedimiento y llegaron a la conclusión de que las acusaciones de abuso animal eran infundadas, lo que permitió reanudar cierta actividad bajo supervisión continua.
El trabajo, que había sido objeto de reportaje anterior por medio de investigaciones periodísticas, decía haber estudiado respuestas cardíacas después de episodios de interrupción temporal del flujo sanguíneo en perros adultos, con el objetivo de entender mejor el daño, la reperfusión y los procesos de recuperación.
Aunque la investigación se realizó en instalaciones cercanas a un hospital de renombre y fue objeto de gran escrutinio público, los comités indicaron que las prácticas se realizaron de acuerdo con las normas vigentes y con la debida supervisión veterinaria y ética.
El debatesocial sobre estas prácticas subrayó la tensión entre la necesidad de avanzar en tratamientos que pueden salvar vidas y las preocupaciones sobre el bienestar de los animales involucrados.
La defensa del investigador se centró en varios puntos clave: primero, que los perros estaban completamente anestesiados durante las intervenciones y que el objetivo era recrear condiciones que permitirían estudiar la fisiología de la isquemia y la recuperación, no infligir dolor innecesario.
Segundo, que el modelo canino ofrece similitudes anatómicas y fisiológicas relevantes con el ser humano, especialmente en el contexto de la circulación coronaria y la respuesta al daño miocárdico, lo que dificulta extrapolar resultados de otros animales.
Tercero, que la duración de los procedimientos y la monitorización se llevaba a cabo bajo protocolos estrictos y con supervisión clínica diaria, de modo que la atención al animal era constante y se buscaba su bienestar.
El científico subrayó que la investigación apuntaba a comprender mejor la progresión de la enfermedad y a reducir las complicaciones postoperatorias, con la esperanza de generar tratamientos más eficaces para futuras generaciones de pacientes con fallo cardíaco.
Las revisiones independientes realizadas por el Comité de Cuidado Animal de la Western University y por la Canadian Council on Animal Care concluyeron, por separado, que el estudio no solo se adecuaba a sus protocolos aprobados, sino que también aportaba una contribución significativa a nivel mundial para la gestión clínica del infarto de miocardio.
Entre las observaciones de los informes figuró que los animales recibían atención veterinaria regular y que, a lo largo de la recuperación, convivían con otros perros para promover su socialización.
Según se señaló, la investigación contó con un plan de adopción para los perros involucrados, como parte de un esfuerzo por minimizar el impacto en los animales utilizados.
El caso también estuvo marcado por la reacción política: el primer ministro regional prometió medidas para restringir las investigaciones invasivas en gatos y perros, y demandó mayor transparencia en estas prácticas.
Las autoridades sanitarias insistieron en que la revisión ética es un componente esencial para avanzar en cualquier estudio que involucre animales y que la sociedad debe valorar tanto el progreso médico como el bienestar animal
Aunque estas afirmaciones generaron un clima de tensión, las autoridades sanitarias insistieron en que la revisión ética es un componente esencial para avanzar en cualquier estudio que involucre animales y que la sociedad debe valorar tanto el progreso médico como el bienestar animal.
Aun con el cierre temporal y la controversia inicial, el investigador señaló que el objetivo final es claro: reducir las muertes por enfermedades cardíacas y mejorar la calidad de vida de quienes ya padecen falla cardiaca.
En Canadá, se estima que puede haber cientos de miles de personas afectadas por esta condición, lo que añade una dimensión humana que suele impulsar debates sobre la financiación, la regulación y la ética de la investigación.
En síntesis, las evaluaciones independientes respaldaron la integridad del programa y la necesidad de continuar explorando soluciones que podrían, a futuro, salvar numerosas vidas.
El científico declaró que, a pesar del dolor emocional que provocan estas controversias, la científica persiste en buscar avances que puedan transformar la atención cardiovascular y ofrecer esperanza a pacientes con enfermedad coronaria de alto riesgo.