Las orugas forestales se extienden hacia el norte de Calgary y preocupan a los científicos
Informe práctico sobre el repunte de orugas forestales en Alberta, especialmente en Calgary, su carácter cíclico, los riesgos para los árboles y las opciones de manejo que pueden adoptar residentes y ayuntamientos.
En #Calgary y varias zonas de #Alberta se está notando un repunte de las orugas forestales, esas larvas peludas que se alimentan de las hojas de los árboles.
Municipios y expertos alertan de que las poblaciones están creciendo este primavera y que, como suele ocurrir con estos insectos, la subida no es un hecho aislado sino parte de un ciclo.
A simple vista se ven grupos de estos #insectos moviéndose o formando parches en troncos y ramas, lo que empeora la impresión de que los árboles se están quedando desfoliados en masa.
Este fenómeno, aunque molesto para los vecinos, forma parte de la dinámica natural de ciertos insectos que vuelven cada varias temporadas.
En la comunidad de Mahogany, al sureste de Calgary, una vecina llamada Samantha Tong contó que al mirar un árbol parecía haber movimiento en la corteza, hasta que se dio cuenta de que estaba cubierto por las orugas forestales.
Otros residentes en Red Deer, Olds y Devon también han detectado un aumento de estas plagas en distintas árboles de sus ciudades. Los especialistas destacan que estas colonias aparecen con más frecuencia cuando hay condiciones favorables para su supervivencia, y que los brotes suelen durar semanas o meses, dependiendo de la situación local.
Los entomólogos, como Ken Fry de Olds College, señalan que estos brotes cíclicos ocurren aproximadamente cada una década y pueden durar dos o tres años.
Aunque las poblaciones se disparan, no actúan como una sola causa, sino que hay múltiples factores que intervienen, entre ellos el clima, la salud de los árboles, y la presencia de depredadores, parásitos y enfermedades.
En términos prácticos, esto significa que una oruga devora las hojas de su árbol anfitrión y, si la #defoliación es severa y sostenida, el árbol podría estar en riesgo.
Sin embargo, en la mayoría de los casos una planta sana tiende a recuperarse y a volver a producir hojas al salir el verano siguiente.
Para los árboles que ya están estresados por sequía, compactación de las raíces debido a la construcción o enfermedades previas, el riesgo es mayor.
En estos casos la defoliación prolongada puede debilitar el árbol, volviéndolo más vulnerable a otros insectos y a enfermedades. Por eso los expertos recomiendan vigilar de cerca las ramas y considerar intervenciones si la situación persiste año tras año.
En cuanto a las soluciones para controlar la población, existen varias alternativas. A menudo se propone retirar manualmente los capullos y las crías cuando se detectan en rama, o incluso recoger las orugas para colocarlas en un congelador o para ahogarlas en agua.
Entre las opciones químicas, el pesticida biológico Bacillus thuringiensis kurstaki, conocido como BTK, es una de las herramientas más utilizadas. Este producto actúa al dañar el sistema digestivo de las orugas cuando las ingieren y, a diferencia de pesticidas más amplios, tiende a afectar menos a insectos no objetivo y a otros animales.
Durante la fase larvaria, que suele ocupar la mayor parte de la vida de estas orugas, estas avanzan de larva a crisálida en unas semanas y terminan como polillas adultas de vida muy breve, a veces menos de diez días.
Una hembra puede poner hasta unas 350 crías en un único capullo, que permanece protegido durante el invierno para eclosionar en la primavera siguiente.
Esto explica por qué, si se dejan huevos en los árboles, la próxima temporada puede repetirse con rapidez. Por ello, algunos horticultores recomiendan revisar y eliminar estos grupos de huevos para limitar la intensidad del nuevo ciclo.
Más allá del daño directo, las orugas forestales tienen presencia en el ecosistema. Son una fuente de alimento para numerosos depredadores y sus excrementos, conocidos como frass, pueden actuar como fertilizante natural. Esta dualidad, entre daño y beneficio, hace que la respuesta ante estos brotes deba ser proporcionada: evitar intervenciones drásticas que afecten a todo el ecosistema, pero sí actuar para reducir pérdidas significativas de árboles sanos.
Incluso cuando provocan la defoliación de grandes extensiones forestales
El historial de este tipo de brotes también ayuda a entender su carácter natural. Las autoridades federales señalan que los brotes de forestales han sido documentados desde la década de 1930 y que, incluso cuando provocan la defoliación de grandes extensiones forestales, forman parte de un ciclo ecológico que, a largo plazo, puede contribuir a eliminar individuos débiles y a desencadenar una renovación del bosque.
En 2015 se registró que estos insectos provocaron defoliación en aproximadamente 4,8 millones de hectáreas de bosques canadienses, una cifra que, pese a su impacto, evidencia la magnitud de estos episodios y la resiliencia del ecosistema.
Para los residentes, el mensaje clave es claro: observar, evaluar y actuar con criterio. Revisar los árboles en busca de capullos de huevos o de grandes acumulaciones de orugas, y, si es viable, retirarlos en las primeras fases del ciclo puede ayudar a evitar que se desarrolle una infestación mayor.
Si la intervención es necesaria, elegir #BTK o métodos manuales y, cuando sea posible, combinar estas medidas con prácticas de cuidado del árbol como riego adecuado, acolchado y poda selectiva para fortalecer la salud del árbol, puede marcar la diferencia.
En definitiva, la situación en Alberta muestra que las orugas forestales son parte de la biodiversidad local y de un ciclo natural que se repite cada cierto tiempo.
Aunque puedan generar inquietud entre los vecinos, una gestión informada, preventiva y mesurada permite convivir con ellas sin convertir un episodio natural en una crisis para el arbolado urbano y rural de la región.