La economía vasca resiste y mira al futuro: crecimiento, empleo de calidad y diálogo social como motor

La economía vasca resiste y mira al futuro: crecimiento, empleo de calidad y diálogo social como motor

Un repaso cercano a los datos clave y las prioridades del gobierno vasco: crecimiento interanual del 2,2%, más de 1,042 millones de cotizantes, empleo con derechos, y una economía social que quiere liderar el cambio hacia proyectos tecnológicos y descarbonización, con el marco del diálogo social y las transferencias institucionales.

En Euskadi, el Vicelehendakari y consejero de Economía, Trabajo y Empleo, Mikel Torres, ha puesto el foco en la fortaleza del #empleo como pilar fundamental de la #economía vasca.

Según sus palabras, el mercado de trabajo está fuerte y eso se traduce directamente en un impulso al consumo privado, lo que a su vez sostiene el crecimiento de la economía.

En el primer trimestre, #Euskadi cerró con un crecimiento interanual del 2,2% y superó la barrera de las 1.042.000 personas cotizantes a la Seguridad Social, una cifra que, hasta la fecha, no se había visto. Estas cifras, más que simples números, son una señal de que la economía vasca se mantiene activa y con capacidad de generar oportunidades.

Torres añadió que la tasa de desempleo se sitúa en torno al 6,5% y que se espera la creación de unos 10.000 empleos nuevos en 2026. Pero no se trata solo de cantidad, sino de calidad: el consejero subrayó que hoy hay que hablar menos de cuántos empleos se crean y más de qué tipo de empleos son, de derechos, de seguridad, de conciliación y de la posibilidad de compaginar vida personal y profesional.

Este es el reto que se aborda desde el Departamento de Economía, Trabajo y Empleo a través del #diálogo social con los agentes sociales.

En este marco, Torres defendió el papel estratégico de la economía social como una verdadera “estrategia de país”. Su crecimiento ha sido, según él, espectacular en los últimos años y ha permitido impulsar proyectos tecnológicos, industriales y de descarbonización.

Este modelo no es, asegura, una economía de segunda fila; estamos hablando de grandes empresas, cooperativas y sociedades laborales que apuestan por desarrollos punteros y por una fuerte arraigo territorial.

El objetivo es que la economía social represente el 20% del empleo en Euskadi para 2040, un hito que refleja la voluntad de situar a las personas en el centro y de evitar deslocalizaciones que debiliten el tejido productivo vasco.

Y la exposición de Euskadi a la debilidad de sus socios comerciales europeos se mantiene como una amenaza real

Sin perder de vista el contexto global, el vicepresidente también advirtió de los riesgos derivados de la coyuntura internacional: la crisis en el estrecho de Ormuz y la incertidumbre energética podrían impactar a medio plazo, y la exposición de Euskadi a la debilidad de sus socios comerciales europeos se mantiene como una amenaza real.

Francia y Alemania concentran cerca del 40% de las exportaciones vascas, por lo que una desaceleración en esas economías podría traducirse en más presión para el tejido industrial.

Aun así, Torres destacó que el empleo industrial se mantiene gracias al nuevo Plan de Industria, al escudo industrial y a las políticas laborales del Gobierno Vasco.

Otra pieza clave del discurso es la Ley de Participación Institucional, que busca reforzar la colaboración entre instituciones, sindicatos y empresas.

El ministro afirmó que el diálogo social no es solo una imagen, sino una necesidad para mejorar las condiciones laborales y para que el marco de relaciones laborales funcione con eficacia.

En este sentido, avanzó que el proceso de transferencias pendientes ha tenido un buen ritmo en los últimos años, aunque reconoció que las materias más complejas siguen siendo la gestión económica de la Seguridad Social o el FOGASA.

El Gobierno Vasco insiste en la necesidad de mantener la estabilidad institucional para cerrar acuerdos con el Gobierno de España y completar nuevos traspasos antes del final de la legislatura.

La idea es mantener un marco de colaboración que permita consolidar cambios estructurales sin que una interrupción política ponga en riesgo estos avances.

En definitiva, el mensaje es claro: Euskadi quiere sostener su crecimiento, mejorar la calidad del empleo y avanzar en un modelo productivo que combine innovación, arraigo territorial y solidaridad social, sin perder de vista los retos que vienen desde fuera y la necesidad de una disciplina presupuestaria y de diálogo que permita avanzar.

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