En Estados Unidos,
Todos los que han jugado a la lotería han imaginado qué harían si ganaran. Sueños de casas grandes, retiros anticipados, viajes sin mirar el reloj y coches que sólo se veían en revistas. Pero más allá del glamour, hay otra historia que pocas veces se cuenta con detalle: qué pasa cuando te llega un paquetito de dinero de golpe, de la noche a la mañana.
Esa es la pregunta que se hizo USA TODAY cuando siguió a los ganadores de #Powerball que superaban los 50 millones de dólares entre 2012 y 2016. Tomaron una muestra de 31 ganadores que ya llevan diez años o más desde que descubrieron que tenían una vida nueva por delante. Del total, la gran mayoría no se convirtió en una crónica de desgracias, sino en historias de estabilidad, de personas que, con más o menos aciertos, lograron encauzar ese dinero hacia su entorno y hacia proyectos que consideraban importantes.
La idea de la “maldición de la lotería” suele aparecer en la conversación popular: que la riqueza repentina arruina familias, genera peleas y, en muchos casos, termina mal.
Pero cuando se miran los datos reales, la foto no es tan negra. De los 31 ganadores analizados, al menos nueve han aprovechado su circunstancia para vivir bien y, de paso, dejar huella: muchos han creado fundaciones, donado a hospitales y a causas locales, y han mostrado una vocación de apoyo a sus comunidades.
Es decir, la historia no es solo de gastar, sino de gestionar.
Entre los casos destacados, aparecen nombres que ya forman parte del imaginario popular y otros menos mediáticos que, sin escándalos de por medio, han seguido adelante con sus vidas.
John y Susan Brands, en Missouri, se toparon con una avalancha de peticiones tras ganar 96,5 millones de dólares en 2014. Aun así, con el tiempo, fundaron iniciativas para hospitales, bancos de alimentos y organizaciones vinculadas a la salud animal. En su relato quedan varias ideas claras: el dinero llama a todo el mundo y conviene fijar límites y prioridades.
Roy Cockrum, en Tennessee, prefirió dedicar una parte de su premio a la cultura. Con 260 millones de dólares para gastar, fundó una organización destinada a apoyar proyectos teatrales ambiciosos en Estados Unidos y, hasta ahora, ha otorgado decenas de millones en subvenciones.
Su experiencia demuestra que la riqueza puede convertirse en motor de proyectos que, de otro modo, quedarían fuera del alcance del ámbito privado.
La historia de la familia Smith, en Trenton, Nueva Jersey, es otro ejemplo relevante. Su fundación ha impulsado programas educativos, deportivos y de formación para líderes de organizaciones sin ánimo de lucro. Su enfoque no es el cortoplacismo: se trata de un compromiso con la comunidad que se mantiene años después del momento de la ganancia.
Algunos ganadores han vivido momentos complicados
Pero no todo son casos de éxito. Algunos ganadores han vivido momentos complicados. El modelo de gasto desmedido, o la presencia constante de personas que solicitan dinero, puede convertirse en una carga. A veces, las tensiones familiares y los problemas legales aparecen cuando la notoriedad se suma a la riqueza. En otros ejemplos, como Pedro Quezada, el foco de atención mediática y las reclamaciones diversas que llegaron después del premio pueden desestabilizar a una persona si no hay un marco de asesoramiento sólido.
Otra cara del fenómeno es la gente que decide quedarse cerca de su origen: ganadores que continúan viviendo de forma modesta, que cuidan su imagen y que aprovechan el dinero para apoyar a sus vecinos y familiares sin perder el control.
En varios casos, los ganadores han mostrado prudencia financiera: pagar deudas, invertir en vivienda o en negocios sostenibles, y reservar parte del premio para emergencias o para las generaciones futuras.
En resumen, la llamada “maldición” no puede sostenerse como regla general. La mayoría de los ganadores que se han mantenido en el radar público durante años han encontrado un equilibrio entre disfrutar del dinero y mantener una vida más o menos normal.
Como dicen los expertos, cuando el premio llega, también llegan nuevos problemas: la necesidad de asesoría profesional, la gestión de la atención mediática y la responsabilidad de gastar con criterio.
No es que el dinero resuelva todo, pero sí puede abrir puertas si se usa con cabeza.
Históricamente, la Powerball se convirtió en una de las loterías más populares de Estados Unidos a partir de los años 90. El fenómeno de premios multimillonarios ha alimentado su crecimiento, pero también ha puesto sobre la mesa la necesidad de educar en #finanzas personales para evitar derroches y abusos.
Para quien sueña con un golpe de suerte, estas historia reales recomendadas por periodistas sirven como recordatorio de que el dinero extra puede dar libertad, sí; pero también exige disciplina, valores y un plan a largo plazo para no perder lo que llega de golpe.