La furgoneta GMC Vandura con sello Hoosier que se convierte en el sueño de los coleccionistas

La furgoneta GMC Vandura con sello Hoosier que se convierte en el sueño de los coleccionistas

Una GMC Vandura de 1988, modificada con estilo Hoosier, pasa de ser un capricho de un gimnasio de Indiana a un objeto de deseo para los amantes de coches clásicos. Detalles inéditos, una historia de compra y el viaje de regreso a la vida de lujo sobre ruedas.

Una furgoneta #GMC Vandura G2500 de 1988, personalizada con un inconfundible toque Hoosier, pasa de ser una curiosidad de implementar en un gimnasio de Bloomington a convertirse en el tesoro de los coleccionistas de vehículos únicos.

El hallazgo ocurrió hace aproximadamente una década y media, cuando el propietario de Iron Pit Gym avistó en un patio de almacenamiento una van blanca con ribetes rojos y el nombre #Hoosiers pintado a lo largo de la carrocería.

Supuestamente, el vehículo parecía haber permanecido escondido entre cajas y polvo durante años, esperando ser redescubierto por alguien con gusto por lo extravagante.

Supuestamente, el descubrimiento se dio en un almacén cercano al Miller Drive, y el interior de esta camioneta destacaba por su lujo atípico para una van de uso recreativo de aquel periodo.

Esta unidad, apodada Rally Wagon, fue creada por Day Cruiser, una empresa con sede en Elkhart, Indiana, especializada en conversiones de autobuses de alto nivel para fines recreativos.

El showroom sobre ruedas combinaba la practicidad de una van de gran tamaño con un equipamiento que, en su momento, parecía destilar la opulencia de los años 80: salida eléctrica para campamentos, un interior que funcionaba como una suite móvil y un diseño que evocaba viajes familiares de lujo.

Presuntamente, la marca buscaba atraer a quienes querían combinar el confort de casa con las caminatas de carretera, una tendencia que en aquella década ganaba terreno entre los entusiastas de los automóviles con espíritu viajero.

El interior era, en palabras de quienes la vieron de cerca, un paisaje de excesos que revelaba la escala de la van: iluminación de ambiente tipo pista, una cama amplia, una pequeña barra, una mesa que se desplegaba al abrir las puertas traseras y un refrigerador que acompañaba a un televisor RCA de época con una videograbadora que funcionaba.

También había dos sistemas de audio, cada uno con auriculares para los ocupantes, cortinas rojas y persianas venecianas que otorgaban intimidad. Todo ello convertía la furgoneta en una verdadera casa rodante de lujo, capaz de hospedar viajes cortos o estancias prolongadas con un nivel de comodidad que pocos imaginaban en una plataforma de transporte de ese tamaño.

Según el propio Jones, un veterano del mundo de los automóviles que ya ha tenido una decena de furgonetas a lo largo de los años, la van tenía un encanto particular: “se siente como si estuvieras sentado en tu salón, pero moviéndote a través de la carretera”.

En la conversación con el equipo periodístico, relató que el vehículo apareció en poder de un empresario local, el cual había adquirido varias empresas de hostelería en Bloomington y, según parece, decidió desprenderse de parte de su colección.

El propietario original de la camioneta habría sido Holtz, un empresario de la zona con varios bares y restaurantes bajo su gestión; la historia contada por las memorias locales sugiere que la van pasó de ser una pieza de exhibición a una oportunidad de negocio para quien entendiera su valor sentimental y su peculiaridad mecánica.

Supuestamente, el coche habría sido adquirido por una suma modesta en su momento, y la persona que la compró lo hizo con la idea de conservarla como un icono de los años 80.

La van conserva su motor de alto rendimiento y no presenta fallos mecánicos significativos

En la actualidad, la van conserva su motor de alto rendimiento y no presenta fallos mecánicos significativos, una afirmación respaldada por el propio dueño, que la guarda en un lugar cubierto y la revisa con su equipo de mecánicos una vez al año.

El historial de uso reciente indica que la ha conducido en verano, principalmente para paseos alrededor de lagos y carreteras tranquilas, con trayectos que le permiten respirar a su motor y disfrutar de la sensación de la conducción sin complejidades técnicas.

En palabras de Jones, ha llegado a circular a velocidades que, aunque no son las recomendadas para la vía urbana, muestran que la estabilidad y la potencia de la máquina se conservan intactas, recordando a los conductores de otros años la experiencia de “estar sentado en la sala de estar y cruzar la ciudad”.

Un detalle que añade interés histórico es la procedencia de Day Cruiser, una casa que se especializaba en convertir vehículos de gran tamaño en “lujos sobre ruedas”, con la premisa de que la movilidad pudiera combinarse con el confort de una casa.

Esta filosofía encaja con el momento histórico de los años 80, cuando las familias empezaron a verlo más allá de un simple medio de transporte y comenzaron a considerarlo como un espacio de ocio y vida social itinerante.

Desde el punto de vista económico, el cambio de una suma en dólares por una conversión a euros permite entender el valor contemporáneo de este icono automovilístico.

En su momento, la venta de la van se realizó por 2.500 dólares, cantidad que, a día de hoy, equivale a aproximadamente 2.300 euros, considerando una paridad de mercado que ha fluctuado en los últimos años. Este dato refuerza la idea de que no solo se trataba de una pieza de colección, sino también de una historia de perseverancia y recuperación de una época.

En este sentido, la historia de la van Hoosier encaja con un fenómeno más amplio: la resurrección de vehículos de los años 80 como símbolos de identidad regional y de nostalgia para generaciones que crecieron con ellos.

A medida que la colección crece y el interés por las furgonetas clásicas continúa, la historia de esta Vandura se mantiene como un ejemplo claro de cómo un objeto puede revalorizarse con el paso del tiempo.

Es, para muchos, una muestra palpable de cómo los coches pueden convertirse en cápsulas de memoria: un viaje que se guarda en la historia del automóvil y, a la vez, en la vida de las personas que lo rescatan, lo lucen y lo comparten con las nuevas generaciones.

Presuntamente, la van podría inspirar nuevas proyectos de restauración o incluso servir como punto de partida para una exposición itinerante que celebre la cultura de los años 80 y las innovaciones en diseño de interiores automovilísticos de la época.

En definitiva, la historia de esta GMC Vandura con toque Hoosier es, para muchos, la promesa de un futuro en el que el pasado siga viajando con nosotros.

Compartir: