El tenis podría plantarse en Roland Garros por un reparto de premios más justo
Las grandes estrellas del tenis estudian un posible boicot en Roland Garros para reclamar una distribución más equitativa de los premios. Este artículo explica qué hay detrás, qué propone la FFT y qué podría ocurrir si llegara a ocurrir.
El #tenis podría vivir uno de sus momentos más tensos en Roland Garros. Las grandes estrellas ya handling la posibilidad de plantarse ante el reparto de premios, un tema que ha ido ganando fuerza en las últimas semanas y que podría estallar cuando arranque el segundo Grand Slam de la temporada, que se disputará desde el próximo domingo sobre la arcilla de Bois de Boulogne, en París.
La señal concreta se dará este viernes, durante el Media Day, la jornada en la que los mejores jugadores suelen atender a los medios de comunicación de todo el mundo.
Según L'Équipe, los jugadores han acordado limitar a quince minutos sus conferencias y evitar entrevistas cara a cara, como una manera de dejar claro su disgusto ante la organización y presionar por cambios.
La Federación Francesa de Tenis (FFT), que organiza el torneo, no ha visto con buenos ojos la jugada y envió un comunicado en el que lamenta la iniciativa: “penaliza a todas las partes implicadas en el evento: medios, radiodifusores, personal de la federación y la comunidad tenística”.
Aun así, la #FFT insiste en mantener un diálogo abierto y propone una reunión con los jugadores y sus representantes para tratar de limar asperezas y evitar un boicot.
En ese tono, la FFT subrayó que está dispuesta a sostener conversaciones directas y constructivas sobre cuestiones de gobernanza, con el objetivo de dar a los jugadores un papel mayor en la toma de decisiones, contribuir a la protección social de los jugadores y hacer evolucionar la distribución de los ingresos.
La carta de reclamo que ha servido de catalizador la firmaron hasta veinte nombres de peso, encabezados por Jannik #Sinner y Aryna Sabalenka. Pero no son solo palabras sueltas: las demandas se articulan en torno a tres ejes. El primero, el dinero: quieren un porcentaje mayor de los ingresos que genera el torneo para las propias raquetas. El segundo, la gobernanza: quieren una mayor participación de los jugadores en la toma de decisiones sobre el negocio y la organización del circuito.
Y el tercero, la protección social: mejor cobertura y seguridad para los jugadores, especialmente para quienes no llegan a las fases finales y dependen de las ganancias del torneo para financiar su temporada.
El asunto cobra aún más peso tras el anuncio de la bolsa de #premios para la edición 2026, que alcanzará un récord de 61,7 millones de euros, con un incremento del 9,5% respecto a 2025.
Esa cifra es menor incluso de lo que piden los tenistas (un 22%)
Sin embargo, la sorpresa no es solo la cantidad, sino cómo se reparte. El porcentaje destinado a los jugadores sería de aproximadamente el 14,9% de los ingresos, frente al 15,5% de 2024. Esa cifra es menor incluso de lo que piden los tenistas (un 22%), y contrasta con el incremento de los premios en otros grandes torneos: el Australian Open subió un 16% y el US Open, un 20%.
Wimbledon, por su parte, se esperaba que anunciara datos similares pronto a raíz de estas críticas.
Con este marco, el levantamiento de las voces críticas aparece cuando el propio #Roland Garros se plantea como uno de los Masters con menos reparto en premios entre los grandes.
Los organizadores justifican que una buena parte de los aumentos se reservará para compensar a jugadores eliminados en las primeras rondas, lo que busca reforzar a quienes dependen de cada edición para sostener su actividad deportiva durante todo el curso.
En números, se estima que este año 2026 el torneo podría generar cerca de 400 millones de euros en ingresos, lo que ha alimentado la discusión sobre la distribución y la equidad entre los protagonistas de la cancha y el negocio que rodea el tenis.
La idea de una posible “revolución” en el reparto de premios venía gestándose desde hace meses, y se afianza con la publicación de los datos de premios.
El hecho de que un gran torneo destine una parte tan significativa de sus ingresos a la gira es un debate que va más allá del dinero: afecta a la visibilidad, a la duración de las carreras deportivas y a la seguridad económica de los tenistas.
La presión ejercida desde la parte más mediática del tenis—con jugadores como Sabalenka, Sinner y otros cabeceras de ranking involucrados—busca que la solución llegue antes de que el torneo arranque, o al menos que exista un marco de acuerdos que evite que el evento se vea empañado por protestas o boicots.
Qué podría ocurrir a partir de ahora es aún una incógnita. Si la reunión entre jugadores y FFT avanza para alcanzar un consenso, podría evitarse el uso de un #boicot que afecte al espectáculo y a los aficionados.
En caso contrario, la resistencia de las grandes estrellas podría traducirse en un inicio de torneo con declaraciones y periodos de ausencia de entrevistas, lo que tampoco sería deseable para el propio evento.
En cualquier caso, la economía de Roland Garros y el ecosistema del tenis siguen en una fase en la que la tensión entre ingresos y reparto equitativo se ha convertido en un tema central.
El desenlace podría marcar el rumbo de los próximos Grand Slams y dejar claro si el nuevo impulso de la gobernanza y la protección social para los jugadores llega para quedarse o si, por el contrario, habrá que conformarse con ajustes menores que no cambien la ecuación fundamental de este deporte.