Muere Biruté Galdikas, la última de las Trimates y guardiana de los orangutanes

La primatóloga canadiense Biruté Galdikas, fundadora de la Orangutan Foundation International, falleció a los 79 años y deja un legado clave en la investigación y conservación de orangutanes en Borneo.

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Su vida estuvo marcada por una vocación absoluta con los primates arborícolas y por haber sido la última de las ‘Trimates’, el trío de científicas de fama mundial formado junto a Jane Goodall y Diane Fossey.

Aunque cada una siguió su propio camino, las tres cambiaron para siempre la forma de entender a estos simios y su papel en los bosques tropicales del planeta.

Galdikas nació en una ruta hacia Canadá desde Lituania y creció en Toronto. Su curiosidad y ganas de descubrir el mundo la llevaron a estudiar psicología y zoología en la Universidad de British Columbia (UBC) y, más tarde, antropología en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), donde también obtuvo su maestría.

Con esa formación dio un salto clave: convenció a Louis Leakey, el paleoantropólogo que alentó a las ‘Trimates’, para financiar su proyecto de investigación en Indonesia.

Todo empezó como una gran apuesta por entender a una especie que entonces era extremadamente esquiva y poco conocida para la ciencia europea o norteamericana.

En 1971, Galdikas viajó a Tanjung Puting, en el centro de la isla de Borneo, con su entonces esposo Rod Brindamour. Allí fundó Camp Leakey, una estación de investigación que se convirtió en el epicentro de su trabajo durante décadas y que, de alguna manera, dio nombre a una de las experiencias más icónicas de la primatología.

Este lugar fue clave para entender cómo viven, se alimentan y se relacionan los #orangutanes en libertad, a la vez que sirvió para la formación de nuevas generaciones de científicos y conservacionistas.

Su labor contribuyó a que en 1983 ese territorio acabara siendo reconocido como parque nacional, un hito que consolidó la protección de estas selvas frente a la deforestación que ha amenazado a la especie.

Entre sus hallazgos más citados figura la observación de la complejidad social de los orangutanes y la forma en que se organizan, luchan y eligen a sus parejas.

También dejó constancia de la dieta de estos primates: se documentó una gran variedad de alimentos y de cómo su disponibilidad condiciona la estructura social.

Uno de sus hallazgos más citados fue la tasa de reproducción de los orangutanes de Tanjung Puting: suelen tener un bebé aproximadamente cada 7

Uno de sus hallazgos más citados fue la tasa de reproducción de los orangutanes de Tanjung Puting: suelen tener un bebé aproximadamente cada 7,7 años, una cifra clave para entender por qué estas poblaciones son particularmente vulnerables ante la pérdida de hábitat y la fragmentación de su entorno.

La trayectoria de Galdikas va más allá de la observación: en 1986 creó la Orangutan Foundation International (OFI) para apoyar la investigación, la #conservación y la rehabilitación de orangutanes.

Su equipo puso en marcha un centro de rehabilitación que ha ayudado a recuperar a cientos de orangutanes cautivos o huérfanos y devolverlos a la vida en la selva.

Con ese foco práctico, su labor no solo aportó conocimiento científico, sino también herramientas tangibles para la protección de una especie clave para el equilibrio de los bosques tropicales de Borneo.

En su faceta personal, Biruté llevó su proyecto a todos los ámbitos de su vida. Tuvo un hijo, Binti, con Brindamour en 1975, y tras la separación de su primer matrimonio, se vinculó a Pak Bohap, un anciano Dayak que trabajó como asistente de investigación, con quien tuvo otros dos hijos, Frederick y Jane (nacida en honor a Jane Goodall).

A lo largo de su trayectoria, recibió numerosos reconocimientos internacionales por su dedicación al medio ambiente, entre ellos el Tyler Prize, el Global 500 de la ONU, y la distinción como Oficial de la Orden de Canadá, además de honores en Indonesia como el Satya Lencana y el Kalpataru.

Sus colegas destacaron su “dedicación inquebrantable” a la vida silvestre y su creencia en la sentiencia de los animales, una línea de pensamiento que convirtió a sus investigaciones en una base para políticas de conservación y reintroducción.

Las reacciones ante su pérdida no se hicieron esperar. Sus mentores y colaboradoras destacaron que Galdikas dejó un legado enorme: no solo un mayor conocimiento de la conducta orangután, sino también una conciencia pública sobre la necesidad de proteger su hábitat frente a la deforestación, que continúa siendo una amenaza aguda hoy en día.

Su historia inspira a investigadores y gestores de ecosistemas a seguir trabajando por un mundo donde las selvas sigan albergando a estos grandes simios y, sobre todo, donde la gente entienda la importancia de conservar la biodiversidad para las futuras generaciones.