Historia de un joven argentino que pasó de improvisar un karting en el lavadero de su casa a trabajar como mecánico en Ford Racing y soñar con la Fórmula 1, con una ruta llena de decisiones audaces, aprendizaje internacional y una ambición que no se detiene.
Su historia no es la típica del que sueña con la F1 desde niño, sino la de alguien que se fue forjando a base de riesgo, constancia y una formación que lo llevó más lejos de lo que imaginaba.
Su objetivo inmediato es claro: la Fórmula 1, y para ello ya está en el universo de #Ford Racing que compite al máximo nivel de los rally-raid y que, de distintas maneras, le ha dado la posibilidad de aprender y demostrar que está a la altura de las exigencias.
La pasión por el metal y las herramientas comenzó mucho antes de que pudiera imaginarse sentado en un banco de trabajo. En su casa de General Pacheco, los recursos eran limitados, pero la curiosidad no. A los 13 años armó un kart improvisado con caños, ruedas y un motor de una cortadora de césped. Quería montar el proyecto en el lavadero de casa, pero al no conseguir permiso, la solución fue improvisar un taller en su habitación, con una mesa, una morsa y herramientas colgadas.
Poco a poco, lo que parecía un juego de niños empezó a convertirse en lo que hoy es una verdadera vocación.
Fue entonces cuando topó con la pista real: la escuela técnica Henry Ford, dentro de la fábrica de Ford en General Pacheco. Para entrar había que superar un exigente examen de ingreso y competir por una de las apenas 30 vacantes disponibles cada año. Juan Cruz se preparó a conciencia y logró entrar a una institución con más de seis décadas de experiencia en formación automotriz. Allí no solo se trataba de aprender a manejar herramientas, sino de entender que los autos no son solo máquinas, sino sistemas complejos que exigen precisión, disciplina y trabajo en equipo.
Se graduó en 2022, con una visión clara: no era suficiente ser ingeniero, él quería ser preparador de autos de carreras, alguien que sabe llevar el coche al límite sin perder la cabeza.
El respaldo de la familia fue clave, pero sus padres también pusieron sobre la mesa su preocupación por el camino elegido. Su padre, que conocía de primera mano lo difícil que puede ser la carrera, le dejó claro que prefería a un mecánico feliz que a un ingeniero frustrado.
Y la madre, asustada por la posibilidad de verlo en un taller, confió en que su hijo sabría abrirse camino si se lo proponía. Con esa base, Juan Cruz decidió cruzar fronteras para buscar oportunidades.
El salto a Europa vino acompañado de un máster anual en motorsport en Italia, un paso que buscaba darle validez internacional a su currículo y, a la vez, la ciudadanía que facilitara las oportunidades laborales.
Idioma universal en el mundo del automovilismo
Durante ese período trabajó como instructor de wakeboard para ganarse la vida y, cuando pudo, viajó a Estados Unidos para perfeccionar su inglés, idioma universal en el mundo del automovilismo.
En el camino, una conversación con Gustavo Picciafuoco, exdirector de posventa regional de Ford, le dejó una enseñanza poderosa: tomar riesgos es a veces la única forma de avanzar y, si se quiere llegar a lo grande, hay que salir de la zona de confort.
La ruta hacia Ford Racing no fue lineal. Mientras buscaba puertas en la Fórmula 1, mantuvo contacto con #mecánicos y equipos de distintas categorías, enviando correos y mensajes. Su oportunidad llegó cuando encontró la posibilidad de trabajar en Polaris, un equipo que compite con vehículos UTV. Lo contrataron como mecánico principal para el #Dakar 2024, una responsabilidad que implicaba liderar a un equipo joven y gestionar un coche que llegaba a la carrera con un grupo humano de apenas veinte años a cargo.
El desafío era inmenso: 15 días de competición sin descanso, con trabajos que no permiten fallos y con un auto que llega destruido a cada etapa. Dormir dos o tres horas por día, arreglar decisiones en frío a la noche y soportar el calor intenso durante el día forma parte de la experiencia. Aun así, el objetivo no se desdibujó: ganar experiencia y demostrar que estaba capacitado para dar el salto.
El paso siguiente fue una búsqueda activa de una oportunidad con Ford en un marco más estable y de mayor proyección. Después de contactar a Martin Wilkinson, director del equipo, consiguió una prueba de 15 días en un taller en Inglaterra y, tras una serie de evaluaciones, una prueba en España.
El resultado fue que se quedara como mecánico para todo lo que restaba del campeonato, incluido el Dakar 2026. Una anécdota que subraya su crecimiento es la reunión con el propio CEO de Ford, Jim Farley, durante la competencia. Farley visitó al equipo, saludó a cada integrante y, al enterarse de que el joven había estudiado en la Henry Ford, se quedó conversando unos minutos.
Fue un momento que muchos no entendían, pero para Juan Cruz symbolizó el reconocimiento a una trayectoria forjada con esfuerzo y convicción.
Con la mirada puesta en la Fórmula 1, Juan Cruz López Lugano no descarta que Ford, ahora vinculada con Red Bull en la máxima categoría, pueda abrirle alguna vía para probarse en la escena de la F1.
Su plan B, si acaso no aparece una senda directa, ya está trazado: seguir aprendiendo en Ford Racing, sumar experiencia en proyectos de alto rendimiento y, sobre todo, mantener esa fibra de que el automóvil es su mundo y que la velocidad, bien entendida, es una ciencia que se aprende en el taller y se afina en la pista.
En un deporte en el que el talento se mide en décimas de segundo, este joven argentino demuestra que la pasión y la perseverancia pueden abrir cualquier puerta, incluso cuando parece que el camino es imposible.
