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La IA ya manda en nuestras compras: qué aprenden Euskadi y la protección de los consumidores

Crónica en tono cercano sobre el cierre del curso de verano en Donostia, donde se analizó el impacto de la inteligencia artificial en el consumo, la protección de derechos y los retos de la transformación algorítmica.

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En Donostia, una de las citas veraniegas más destacadas para quienes miran al futuro del comercio ha sido el cierre del curso de verano organizado por Kontsumobide, en colaboración con la Universidad del País Vasco.

La clausura reunió a representantes de la administración y del organismo de defensa de los consumidores para hacer un viaje claro por el tema que está en boca de todos: la inteligencia artificial y su impacto en la forma en que compramos y consumimos.

El acto estuvo encabezado por el Consejero de Turismo, Comercio y Consumo del Gobierno Vasco, Javier Hurtado, y la Directora de Kontsumobide, Ana María Sánchez Herráez.

Ambos insistieron en que la #IA ya forma parte de nuestra vida cotidiana y de nuestras relaciones de consumo, aquí y ahora, no como una promesa de mañana.

“La IA no es una tecnología de futuro; es una realidad plenamente integrada en nuestra sociedad”, comentaron para explicar que, a veces, funciona de forma silenciosa, a través de algoritmos y de esa huella digital que dejamos cada día.

Por eso, señalan, es fundamental entender cómo funciona, qué beneficios puede aportar y, también, qué riesgos conviene vigilar. Esa doble cara es la que guía la reflexión de este curso de verano, que busca adaptar la teoría a situaciones prácticas que afectan a la gente cuando consume, compra o utiliza servicios digitales.

Otra gran idea que se subrayó durante las sesiones es que la transformación digital que ha vivido el #consumo en los últimos años ha entrado en una nueva etapa: la llamada transformación algorítmica.

En esta fase, la inteligencia artificial ya no se limita a observar comportamientos; puede influir en ellos. Esa posibilidad de influencia hace imprescindible reforzar la protección de los derechos de las personas consumidoras, para que no haya sorpresas, ni en la publicidad, ni en las recomendaciones de productos, ni en las decisiones que condicionan nuestro dinero y nuestro tiempo.

La IA puede convertirse en una herramienta útil para mejorar la atención al ciudadano

El consejero subrayó que la innovación tecnológica solo tiene sentido si mantiene a las personas y sus derechos en el centro. En ese marco, la IA puede convertirse en una herramienta útil para mejorar la atención al ciudadano, detectar abusos y fortalecer la defensa de los consumidores, siempre que su desarrollo y aplicación se hagan con criterios éticos y transparentes.

Además, destacó la importancia de no dejar que la innovación agrave la desigualdad entre quien vende y quien compra. En un mundo con herramientas cada vez más potentes para analizar datos y anticipar comportamientos, es clave que exista claridad sobre quién tiene acceso a qué información y con qué fines.

Entre las ideas discutidas, se subrayó que las personas consumidoras tienen derecho a saber cuándo interactúan con sistemas de IA, cómo se utilizan sus datos y de qué manera se toman las decisiones que pueden afectarles.

Este marco de derechos es esencial para que la confianza en la tecnología no se convierta en una fuente de desconfianza hacia el consumo. La clausura del curso, además, sirvió para poner en valor la necesidad de seguir impulsando espacios de reflexión y divulgación sobre el impacto de la IA en la sociedad, para que ciudadanos, empresas y administraciones estén informados y participen en el debate.

Un breve contexto histórico ayuda a entender la magnitud del tema. La inteligencia artificial no es una moda reciente: nació como campo de estudio en los años cincuenta, con hitos fundacionales en torno a la capacidad de las máquinas para aprender y razonar.

Con el tiempo, los avances han acelerado, y hoy la IA ya llega a muchas facetas de la vida cotidiana: desde recomendaciones de compra hasta asistentes virtuales, pasando por procesos de análisis de datos que pueden cambiar la forma en que se ofrece un servicio.

En la Unión Europea, esta década ha estado marcada por esfuerzos para equilibrar beneficios y derechos: normas de protección de datos, iniciativas de #transparencia algorítmica y esfuerzos para que las decisiones automatizadas sean comprensibles y justas para las personas.

Este marco inspira encuentros como el celebrado en Donostia, donde se busca que la innovación no diluya, sino que fortalezca, la protección de los consumidores y una relación más clara entre empresas y ciudadanía.