Las Jibbis de Jack in the Box emergen como la nueva tendencia de bolsos y llaveros, compitiendo con las populares Labubu y alimentando un debate sobre qué objeto de colección marca la pauta en 2026.
Estas diminutas piezas, que funcionan como charms para bolsos o llaveros, surgieron como parte de la celebración del 75º aniversario de la cadena y ya cuentan con un seguimiento creciente en redes sociales.
A diferencia de otros objetos de merchandising, las Jibbis se clasifican como miniaturas que pueden engancharse en distintos accesorios, desde mochilas escolares hasta chaquetas urbanas, lo que las convierte en piezas de exhibición móvil y de conversación en el día a día.
En varios videos de unboxing y publicaciones, los usuarios destacan la capacidad de personalizarlas y compartirlas con amigos, lo que amplifica el efecto boca a boca y la sensación de pertenencia a una comunidad emergente.
Las piezas disponibles incluyen cuatro variantes identificadas como Spicy, Saucey, Icy y la ultrarrara Boss, según mensajes promocionales de la cadena.
Quienes adquieren un Chicken Supreme Munchie Meal pueden obtener un Jibbi, y la marca ha destacado que estas piezas son parte de una edición limitada.
En las plataformas de redes sociales, los contenidos que muestran estas diminutas figuras han generado comentarios que oscilan entre la curiosidad y la obsesión por completar una colección, con muestras de usuarios afirmando que no basta con poseer una sola unidad.
La conversación también ha girado hacia la forma en que estas piezas encajan en la estrategia de fidelización de la marca y en la experiencia de compra como un evento social, más que solo un producto aislado.
La comparación entre Jibbis y Labubu, ambas piezas de colección que han dominado el radar mediático, ha sido uno de los temas recurrentes. Labubu, esas criaturas peludas de origen misterioso que se volvieron virales a principios de 2025, se venden en formatos diversos y, para algunos modelos grandes, alcanzaban precios cercanos a los 85 dólares estadounidenses.
Tomando como referencia un tipo de cambio reciente, ese valor se traduciría en aproximadamente 78,50 euros, lo que posiciona a #Labubu como una opción de mayor precio dentro del universo de los juguetes de colección.
Este dato ayuda a entender por qué ciertos compradores ven en las Jibbis una oportunidad de entrada para ampliar colecciones sin sacrificar tanto presupuesto, aunque la percepción de valor varía según el mercado y la disponibilidad.
Históricamente, la cultura de los coleccionables ha funcionado como motor de marketing y comunidad. Eventos y objetos virales han impulsado ventas cruzadas entre entretenimiento y consumo diario. En la década de los 90, Beanie Babies demostraron la capacidad de un simple peluche de generar mercados secundarios, listas de espera y una economía de reventa que perduró años.
Las #tendencias como Hatchimals o las figuras de edición limitada han mostrado que la emoción de “completar la colección” puede convertir un objeto cotidiano en un fenómeno social
Más recientemente, las tendencias como Hatchimals o las figuras de edición limitada han mostrado que la emoción de “completar la colección” puede convertir un objeto cotidiano en un fenómeno social.
Aunque las Jibbis están diseñadas para un público diverso, su éxito podría indicar una nueva etapa en la que las campañas de marca, el entretenimiento y la experiencia de compra se entrelazan de forma más estrecha.
Supuestamente, la diferencias de precio por unidad entre Jibbis y Labubu podrían ser significativas para distintos tipos de compradores. Se estima que cada Jibbi podría costar entre 2 y 6 USD, lo que equivale aproximadamente entre 1,90 y 5,50 euros, dependiendo de promociones y ubicaciones.
Este rango no solo sitúa a las Jibbis como una opción más accesible para jóvenes consumidores y fans casuales, sino que también impulsa la competencia entre fabricantes de merchandising para capturar atención y preferencia.
Presuntamente, algunas tiendas han empezado a limitar la cantidad de Jibbis por cliente durante periodos de alta demanda para fomentar la exploración de varias piezas y mantener el interés a largo plazo.
En conjunto, el fenómeno Jibbi frente a Labubu podría interpretarse como una señal de que, aun en un ecosistema de consumo dominado por experiencias digitales, las colecciones táctiles y la interacción social siguen siendo relevantes.
Si bien Labubu permanece como un símbolo nostálgico para muchos, las Jibbis llegan con una promesa de novedad y accesibilidad que podría consolidar una nueva generación de coleccionistas.
En última instancia, el éxito de estas piezas dependerá de la capacidad de las marcas para mantener la emoción, la disponibilidad y la experiencia de compra como un evento compartido entre tiendas, redes y comunidades en línea.
