EEUU pone la mira en el crudo venezolano para domar la volatilidad y asegurar el suministro

Análisis sobre por qué Estados Unidos, el mayor productor de petróleo, podría buscar asegurar crudo venezolano y qué implicaciones tendría para precios, refinerías y geopolítica energética.

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La posibilidad, que no es nueva pero sí más visible en los últimos años, responde a la necesidad de reforzar la seguridad energética y de atenuar la volatilidad de los precios en un entorno geopolítico tenso.

Aunque la mayor parte de la producción estadounidense se consume en el mercado interno, la diversificación de fuentes sigue siendo un eje clave para las refinerías de la costa del Golfo, muchas de las cuales están optimizadas para procesar crudo pesado con alto contenido de azufre.

Venezuela dispone de crudo en el cinturón de Orinoco, considerado crudo extrapesado. Es un recurso considerable que, desde la perspectiva de las refinerías estadounidenses, podría encajar en un perfil de suministro complementario a las calidades que ya llegan desde otros socios.

En particular, casi la totalidad de la capacidad de refinación de Estados Unidos opera con crudo pesado; por ello los analistas señalan que un flujo estable de venezolano podría ayudar a equilibrar la oferta en el corto y mediano plazo.

Si se garantiza una cuota de suministro venezolana, la dependencia de proveedores externos de crudo pesado podría reducirse, con posibles efectos estabilizadores en precios al consumidor, aunque existen barreras estructurales importantes.

Entre ellas, costos de inversión, adecuaciones de infraestructura y, sobre todo, marcos regulatorios que permitan inversiones extranjeras con claridad y predictibilidad.

Este tema se enmarca en una historia larga de relaciones energéticas entre Estados Unidos y Venezuela, que ha vivido altibajos a lo largo de décadas.

En el pasado, acuerdos y tensiones han condicion ado el flujo de crudo; en la actualidad, las conversaciones se cruzan con debates sobre sanciones, normas ambientales y estándares laborales internacionales.

Si bien la idea de un vínculo más estrecho tiene respaldo entre ciertos sectores industriales, su viabilidad dependerá de un conjunto de condiciones políticas y legales que podrían tardar años en resolverse, presuntamente.

Desde la óptica de los mercados, algunas estimaciones no oficiales señalan que el crudo venezolano podría negociarse a niveles alrededor de 70 USD por barril, lo que equivale a cerca de 65 EUR por unidad, tomando como referencia un tipo de cambio cercano a 0.93 EUR por USD. Estos valores son supuestamente indicativos y pueden variar según las condiciones de refinación, costos logísticos y cláusulas contractuales. En otros escenarios, se barajan cotizaciones de 60 USD o 50 USD por barril, con conversiones que rondarían 56 EUR y 46 EUR, respectivamente, lo cual podría variar dependiendo de la evolución de la demanda mundial y de la política climática, supuestamente.

El comercio de #petróleo entre ambos países ha sido un barómetro de la relación bilateral

Históricamente, el comercio de petróleo entre ambos países ha sido un barómetro de la relación bilateral. A mediados del siglo XX, Estados Unidos dependía aún en gran medida de los recursos venezolanos para la gasolina y el transporte, y las inversiones en el cinturón de Orinoco marcaron hitos que se citan con frecuencia en exhaustos balances energéticos.

En los años recientes, las sanciones y las dinámicas de la transición energética han agregado capas de complejidad, pero también de incentivos para buscar nuevas cadenas de suministro que reduzcan vulnerabilidades ante shocks externos.

En este marco, la eventualidad de un acuerdo sostenido con #Venezuela podría reconfigurar el mapa del suministro para Estados Unidos y, a la vez, generar efectos de segunda ronda en precios, inversiones y geopolítica energética mundial.