Si estás pensando en comprar un coche electrificado, te contamos todo lo que necesitas saber sobre la recarga: tipos, duración, instalación en casa y cuánto puedes ahorrar comparado con la gasolina.
Comprar un coche electrificado, ya sea un eléctrico puro (BEV) o un híbrido enchufable (PHEV), puede ser una gran idea. No solo te subes al carro de la movilidad del futuro, sino que además conduces en silencio, gastas poco o nada en combustible y el mantenimiento puede ser más barato.
Pero no todo es tan sencillo: la recarga de las baterías es un mundo nuevo. Olvídate de elegir entre gasolina y diésel; ahora toca aprender a enchufar.
Lo primero: no todos los coches electrificados se enchufan. Los híbridos puros (HEV) y los mildhybrid (MHEV) cargan sus baterías con el motor de gasolina y con el freno regenerativo. Los que necesitan un cargador externo son los híbridos enchufables (PHEV) y los 100% eléctricos (BEV). Un PHEV combina un motor de combustión con uno eléctrico y una batería que puedes recargar. Si no lo enchufas, funciona como un híbrido normal, pero si lo haces, puedes circular unos 70-100 km sin gastar una gota de combustible. Un BEV, en cambio, depende exclusivamente de la electricidad: no tiene depósito de gasolina.
¿Y cómo se carga? Hay dos tipos: carga lenta y carga rápida. La carga lenta se hace con corriente alterna (CA) y baja potencia. Es la que usas en casa, en el trabajo, en el centro comercial... cualquier sitio donde dejes el coche aparcado un buen rato. En un BEV, tardas entre 4 y 6 horas en llenar la batería; en un PHEV, menos, entre 1 y 3 horas. ¿Por qué? Porque la batería de un PHEV es más pequeña (entre un cuarto y la mitad que la de un BEV). Piensa que la energía que metes es igual a la potencia por el tiempo. Por ejemplo: un coche eléctrico consume unos 14 kWh cada 100 km. Si haces 50 km al día, necesitas 7 kWh. Si lo tienes aparcado 10 horas por la noche, con una potencia de 0,7 kW basta. Así que no hace falta un cargador potentísimo.
La carga rápida es para cuando tienes prisa. Se usa en estaciones de servicio con corriente continua (CC) y mucha potencia. Un BEV puede cargarse en 15-40 minutos, dependiendo del tamaño de la batería y de la potencia del cargador. Algunos PHEV modernos también permiten carga rápida, pero tardan menos (10-20 minutos). No todos los PHEV la incluyen, porque suelen pensar: 'si se me acaba la batería, echo gasolina y listo'.
Ahora, la importancia de la instalación en casa. Como vas a cargar el 80% del tiempo en tu hogar, tu instalación eléctrica debe estar en condiciones. Llama a un electricista matriculado que sepa de electromovilidad. Que revise la toma de tierra, los cables, las protecciones. En España, la normativa de referencia es la AEA 90364-7-722. Y no te preocupes por la potencia: puedes configurar el cargador a menos de lo máximo sin problemas. Por ejemplo, a 3 kW, 4 kW o 5 kW, que son suficientes para recuperar la batería por la noche. El llamado 'cargador de emergencia' (el que enchufas a un enchufe normal) no es para uso diario: tarda más de 10 horas y puede sobrecargar la instalación.
Úsalo solo en caso de necesidad.
¿Y el ahorro? Brutal. Un coche eléctrico consume unos 14 kWh cada 100 km. Un gasolina, 8 litros; un diésel, 6,5; un GNC, 9 m3. Si comparas precios, la electricidad en casa te sale un 85% más barata que la gasolina, un 80% que el diésel y un 60% que el GNC. Eso sí, los precios varían, pero la tendencia es clara.
Un apunte histórico: los primeros coches eléctricos aparecieron en el siglo XIX, en 1834. A principios del XX, eran más populares que los de gasolina, pero el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo y el arranque eléctrico los apartaron.
Ahora, con las baterías de litio y la conciencia ecológica, vuelven con fuerza.
En resumen: pasarte a un coche electrificado implica aprender nuevos hábitos, pero los beneficios económicos y ambientales merecen la pena. Infórmate bien, revisa tu instalación y elige el tipo de carga que mejor se adapte a tu día a día.