La ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, habló sobre la posibilidad de que alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad bloquee su candidatura a la Secretaría General de la ONU. Te explicamos qué significa ese veto y cómo se decide el líder del organismo.
La batalla por encabezar las Naciones Unidas sigue su curso y, en medio de un debate entre varias candidaturas, la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, dejó claro que uno de los mayores obstáculos no es el respaldo de países, sino un poder de veto que existe en el corazón del organismo: el Consejo de Seguridad tiene cinco miembros permanentes que pueden bloquear cualquier nombramiento.
Todo surgió a raíz de un video grabado en Ginebra, durante una actividad con otras candidaturas, y difundido por redes de la ONU. El tema del veto es la clave de la historia, porque sin el visto bueno de esos cinco países, ninguna candidatura llega a la Meta final.
En la grabación publicada por Naciones Unidas, Bachelet habló de sus convicciones: defiende la democracia, el multilateralismo y los derechos de las mujeres y de las personas, y dejó claro que, si alguien la vetara por esas ideas, entendería la posición y se sentiría honrada ante el desafío.
En palabras simples, su argumento va por el lado de que, en una institución tan grande y compleja como la ONU, las convicciones y principios no pueden ser un obstáculo para intentar liderarla, aunque el resultado dependa, en última instancia, de poderes que a veces pesan más que el propio programa de una candidata.
La campaña por la Secretaría General reúne a cinco candidaturas, y Bachelet cuenta con apoyos en distintos países. Entre los que respaldan su candidatura están Brasil y México, aunque, a nivel oficial, no hay un respaldo explícito del Gobierno de Chile tras la retirada del apoyo promovido durante la administración de Gabriel Boric.
A nivel diplomático, la exmandataria también encuentra el sostén de Colombia y España, y hay indicios de reacciones positivas desde China, que suele hablar con prudencia en estas etapas del proceso.
Todo ello ilustra que, a la hora de competir por el puesto, las alianzas internacionales pesan tanto como el propio currículo de la candidata.
El mecanismo de elección es, en la práctica, un juego de dos piezas: el Consejo de Seguridad propone a un candidato y la Asamblea General debe ratificarlo.
En el Consejo, los cinco países con veto tienen la última palabra: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido. Esa combinación de poder directo y negociación entre estados hace que el proceso no sea una mera cuestión de méritos, sino de equilibrios internacionales y de alianzas que suelen moverse en función de intereses estratégicos y de crisis globales.
En este marco, la candidatura de Bachelet no es una excepción: su trayectoria, tanto en Chile como en la escena internacional, la coloca en el centro de una partida en la que el respaldo de potencias es tan determinante como su propio historial de defensa de derechos y democracia.
Para entender la noticia hay que recordar, además, que Bachelet aporta una trayectoria amplia: fue presidenta de Chile en dos mandatos (2006-2010 y 2014-2018) y lideró ONU Mujeres entre 2010 y 2013, lo que le dio experiencia en foros multilaterales y gestión de grandes desafíos en derechos humanos y género.
Su candidatura, por tanto, llega con una hoja de vida que combina liderazgo político con experiencia internacional. Pero, a la hora de decidir, el peso de los votos de los cinco permanentes podría marcar la diferencia entre avanzar en una votación o ver complicarse la ruta hacia la Secretaría General.
En resumen, la noticia no es solo sobre una candidata, sino sobre la realidad de un organismo donde el poder de unos pocos condiciona el rumbo de toda la organización y de la política global en los próximos años.