Una segunda ronda de negociaciones indirectas en Ginebra deja a Irán y Estados Unidos con un marco de principios para un posible acuerdo nuclear, aunque advierten que aún falta trabajo y no hay fecha para la próxima reunión.
En Ginebra Irán afirmó haber alcanzado un consenso general sobre una serie de principios directores sobre los que se basará la redacción de un posible texto de acuerdo, tras la conclusión de la segunda ronda de negociaciones indirectas con Estados Unidos.
El ministro de Exteriores Abás Araqchí explicó a los periodistas que se ha logrado un marco común de principios y que esa base permitirá avanzar en un texto concreto en las próximas semanas.
Sin embargo añadió que esto no significa que se vaya a cerrar un acuerdo de inmediato, ya que la redacción del texto complica el proceso.
Araqchí calificó la sesión como más seria que la anterior, celebrada el 6 de febrero en Mascate, donde, según él, se habían logrado avances positivos.
Las dos partes no han fijado fecha para la próxima ronda de negociaciones indirectas, un tramo de contactos que se mantiene con la intermediación omaní y con una participación ocasional de los enviados estadounidenses.
Este encuentro en Ginebra representa el segundo cara a cara indirecto desde la reanudación de las negociaciones el 6 de febrero, con su primer encuentro descrito por terceros como el episodio que siguió a la supuesta denominada guerra de los 12 días de junio.
Irán ha repetido su rechazo a aceptar un enriquecimiento cero y a limitar un programa de misiles balísticos, argumentando que un techo así le quitaría sus capacidades defensivas.
El líder supremo Ali Jameneí insistió en que disponer de armamento disuasorio es necesario y obligatorio para la seguridad del país.
Jameneí también criticó la actitud de Estados Unidos en estas negociaciones y aseguró, presuntamente, que Trump no logrará destruir a la República Islámica.
Mientras las conversaciones discurren en Ginebra, Irán habría anunciado el cierre parcial del estrecho de Ormuz durante maniobras navales, un gesto interpretado por analistas como una señal de presión.
Los aliados de Irán señalan que estas maniobras se realizan bajo la tutela de la estrategia regional y no deben verse como una ruptura de las negociaciones, aunque el entorno sea tenso.
Las negociaciones se producen en medio de amenazas recíprocas de intervención militar por parte de Estados Unidos si no se alcanza un acuerdo.
El propio Trump ordenó desplegar el portaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate a las aguas del Oriente Medio; poco después se anunció el envío de un segundo puertoaviones, el USS Gerald R.
Ford, para reforzar la presión, en un movimiento que sería controvertido y que, según analistas, podría incidir en los costos regionales. Supuestamente, Estados Unidos ya llevó a cabo bombardeos selectivos en instalaciones nucleares durante conflictos anteriores, lo que añade otra capa de tensión al escenario.
En paralelo, en Irán se han reportado protestas y choques en varias ciudades, con relatos no verificados de muertos y detenciones en un marco de descontento popular hacia el régimen.
A modo de contexto histórico, el acuerdo firmado en 2015 para limitar el programa nuclear iraní, conocido como JCPOA, buscó un intercambio de alivio sancionatorio por controles técnicos.
Estados Unidos se retiró de ese pacto en 2018, reimponiendo sanciones y tensando la negociación. En este escenario, algunos analistas sostienen que cualquier avance podría tener implicaciones económicas y energéticas para Europa, sobre todo por dependencias del mercado petrolero y gasífero.
Supuestamente, algunos analistas estiman que un repunte de la tensión podría encarecer el petróleo en euros, con proyecciones que sitúan el Brent entre 70 y 85 euros por barril, según tasas de cambio históricas.