Una firma japonesa retira del mercado unas 40.000 botellas de vino chileno por contener un aditivo no autorizado en Japón, afectando a tres etiquetas de la línea Frontera elaboradas por Concha y Toro. La compañía cita razones regulatorias y la seguridad del consumidor.
Una firma japonesa, Mercian, perteneciente al grupo Kirin Holdings, anunció la retirada del mercado de unas 40.000 botellas de vino chileno por contener un aditivo alimentario no autorizado en Japón. Los lotes afectados corresponden a tres variedades de vino nacional elaboradas por los viñedos Concha y Toro: Frontera Sparkling Rosé, Frontera Ice Rosé y Frontera Rosé.
Este movimiento de la empresa se comunicó como una medida de seguridad y de cumplimiento normativo, con foco en la protección del consumidor y en la claridad de la oferta para los mercados internacionales.
Según el grupo Kirin Holdings, los productos citados contienen citrato de cobre, un aditivo no autorizado para bebidas en Japón. Este aditivo, supuestamente, se utiliza para eliminar sabores indeseables relacionados con la fermentación y el almacenamiento, de acuerdo con la explicación de la empresa y con lo señalado por la Oficina Internacional de la Viña y el Vino (OIV).
En su nota, la compañía indicó que el uso del citrato de cobre ha sido reportado como permitido en otros países, entre ellos Chile, lo que ha motivado la retirada para ajustarse a las normativas locales.
La OIV, por su parte, señala que existen marcos regulatorios diferentes a nivel global y que, en ciertos contextos, este tipo de aditivo podría contar con autorización en otros mercados.
Sin embargo, Japón mantiene una postura estricta sobre los aditivos no autorizados en bebidas alcohólicas, lo que explica la decisión de Mercian de retirar las botellas afectadas pese a la supuesta permisibilidad observada en otros países.
Mercian afirmó que la retirada busca cumplir la normativa japonesa y evitar riesgos para la seguridad alimentaria. La medida también podría tener efectos en la imagen de la marca y generar un debate mayor sobre la trazabilidad de insumos en vinos exportados a múltiples mercados.
En este caso, la empresa sostiene que las etiquetas implicadas pertenecen a una línea de vinos que, pese a su origen chileno, fue comercializada a nivel internacional y ahora se ajusta para evitar cualquier incumplimiento regulatorio.
Históricamente, Japón ha sido un mercado relevante para el vino chileno, con una relación comercial que se ha fortalecid durante varias décadas. Este episodio subraya la necesidad de una adecuada supervisión de aditivos y de una comunicación clara entre productores, embotelladores y distribuidores cuando se operan cadenas de valor que conectan varios países.
En el plano práctico, no se han difundido, al menos por las partes involucradas, precios de venta ni detalles sobre reembolsos a consumidores. Las autoridades japonesas, por su parte, continúan evaluando el caso para definir eventuales medidas adicionales.
Este suceso, en un contexto de globalización de la distribución de bebidas, ilustra cómo una cuestión regulatoria puede desencadenar retiros masivos, afectar a marcas y alterar dinámicas comerciales entre Chile y Japón, dos actores que llevan años entablando una relación comercial relevante en el sector vitivinícola.