La gripe aviar llega a Alberta con la migración de aves: por qué las granjas se preparan
Análisis claro y detallado de cómo la llegada de las aves migratorias en Alberta dispara las precauciones en la industria avícola, con datos históricos, medidas de bioseguridad y el pulso de los granjeros ante una amenaza que ya dejó huellas.
Con la primavera llega la migración de gansos y otras aves acuáticas que regresan a las llanuras de Alberta, pero para la industria avícola de la provincia ese regreso no es motivo de celebración sino de alerta.
El año pasado la #gripe aviar dejó una marca profunda y, por eso, este año los granjeros están más pendientes que nunca de evitar que sus pollos se contagien.
La temporada de 2025, de hecho, es recordada como una de las más duras de los últimos años, y los productores vuelven a ajustar rutinas para no volver a sufrir pérdidas tan grandes.
En Alberta, los datos de la CFIA (Agencia Federal de Inspección de Alimentos) señalan 26 casos de gripe aviar en aves de granja durante 2025. Uno de esos casos se vinculó a la migración primaveral de aves silvestres en mayo, y el resto se registró entre septiembre y diciembre, coincidiendo con la migración de otoño.
Ese patrón estacional, asociado a la afluencia de aves migratorias, ha llevado a que las granjas pongan aún más énfasis en las medidas de #bioseguridad durante las distintas fases del año.
En 2024, por comparar, hubo 6 casos; en 2023 fueron 20 y en 2022 llegaron a 60. Además, los registros de fauna silvestre muestran una trayectoria similar: 2022 marcó un pico de infección en la vida silvestre (257 animales), seguido de 254 casos el año anterior; en 2024 esa cifra cayó a 48; señales que reflejan, entre otros factores, el comportamiento de las aves migratorias y la efectividad de las medidas de contención implementadas.
Hasta la fecha de este informe, el 22 de marzo de 2026, #Canadá ha confirmado nueve casos de gripe aviar en lo que va de este año, distribuidos entre la Columbia Británica, Nueva Escocia, Quebec y Ontario; Alberta, sin embargo, no había registrado ningún caso confirmado en 2026.
Aun así, los granjeros no bajan la guardia: la preocupación está en que un brote puede empezar en un galpón y saltar a otros en cuestión de días, tal como ocurrió en años anteriores cuando una nave quedó afectada y la CFIA decidió sacrificar a todas las aves de la instalación para frenar la transmisión.
Para quienes trabajan en la industria, las lecciones vienen de otras temporadas y experiencias. En Wetaskiwin, por ejemplo, el ganadero de pavos Scott Olson ha aprendido a moverse con mucha cautela. Sus palabras reflejan una pauta común: evitar zonas con presencia de aves migratorias y restringir el acceso a las granjas. Olson ha sufrido tres brotes desde 2022, y cada vez se ha aplicado la misma práctica: reducir el acceso de personas y vehículos, establecer zonas de bioseguridad, y endurecer la limpieza y la desinfección de cada nave.
Cuando la CFIA detecta un contagio, la respuesta puede ser drástica: sacrificar todas las aves de la instalación para cortar de raíz cualquier posibilidad de propagación.
El mecanismo de transmisión es claro: el virus de la gripe aviar está naturalmente asociado a aves silvestres
El mecanismo de transmisión es claro: el virus de la gripe aviar está naturalmente asociado a aves silvestres, y se transmite a través de saliva y excrementos.
Cuando las aves migratorias pasan sobre agua o lodo, el virus puede contaminar agua, suelos o superficies, y saltar a aves domésticas que conviven con humanos y con otras especies.
Por ello, la bioseguridad no es una etiqueta sino una rutina diaria en el sector. Los granjeros suelen organizar zonas de acceso controlado, limitar quién entra a cada galpón y planificar campañas de limpieza y desinfección exhaustivas.
En temporada alta, como la migración de primavera y otoño, se refuerzan estas medidas con cambios de ropa, botas y guantes para cada installación, y con restricciones de visitas para evitar contagios.
El impacto económico y productivo es notable. Desde 2021, cuando arrancaron las oleadas de gripe aviar, Canadá ha perdido más de 17 millones de aves en total, y #Alberta ha visto caer 2,5 millones de aves.
Estos números explican por qué las administraciones y las empresas del sector han priorizado la vigilancia, la detección temprana y la cooperación entre ganaderos, veterinarios y autoridades.
Los cambios en la gestión de bioseguridad, la formación de personal y las prácticas de monitoreo se han convertido en parte de la rutina para afrontar cada migración, con el objetivo de que la primavera no termine traducida en una nueva ola de sacrificios y pérdidas.
Expertos de Prairie Livestock Veterinarians señalan que las fluctuaciones en el número de casos entre 2022 y 2025 están correlacionadas con la actividad de las aves migratorias y con cambios de patrón climático.
Aun así, destacan que las mejoras en las medidas de mitigación desde 2022 han ayudado a contener la gravedad de los brotes. A medida que la ciencia aprende más sobre la gripe aviar, la industria ha ido asumiendo que todos tenemos un papel: desde el personal que atiende las aves hasta los responsables de la granja que implementan protocolos de bioseguridad y supervisan la detección precoz de cualquier signo de enfermedad.
En este sentido, la cooperación con la CFIA y las autoridades sanitarias es clave para mantener la salud de las aves y evitar impactos mayores en el suministro de carne y huevos a los consumidores.
Recientemente, se han reportado nuevos focos en instalaciones avícolas fuera de Alberta —un caso en Strathcona County y otra instalación en Leduc quedando bajo investigación— y un brote en un zoológico de Calgary relacionado con una exposición educativa.
Las autoridades enfatizan la necesidad de vigilancia continua y respuestas rápidas ante cualquier indicio de gripe aviar. Mientras tanto, el temor de los productores es claro: una nueva primavera puede traer consigo nuevos desafíos, pero con disciplina, información y trabajo conjunto, la industria aspira a atravesar la migración con la menor cantidad posible de pérdidas y con la mayor resiliencia frente a una amenaza que, hoy por hoy, forma parte del paisaje de la avicultura en Canadá.