Las boyas de pesca de atún abandonadas están destrozando corales incluso en reservas marinas: así cambia la conversación sobre la pesca sostenible
Un nuevo estudio canadiense alerta de los daños de las FAD abandonadas en arrecifes y fauna, incluso dentro de zonas protegidas, y propone medidas para hacer la pesca de atún más sostenible.
Si compras atún en lata, quizá ese alimento provenga de una pesca que usa dispositivos flotantes llamados FAD, o sistemas de agrupación de peces.
Un estudio reciente en Canadá muestra que cuando estas boyas se quedan abandonadas, acaban golpeando arrecifes de coral y poniendo en riesgo a tiburones, tortugas y otras especies, incluso cuando se encuentran dentro de áreas marinas protegidas.
Esto complica los esfuerzos de protección de hábitats vulnerables y añade residuos plásticos al océano.
Qué son exactamente estos #FAD y por qué se usan en la pesca de atún? Son plataformas flotantes, hechas de madera o bambú con elementos plásticos, del tamaño de una mesa de conferencia.
Su función es atraer peces pequeños para que aparezcan grandes depredadores como el atún, lo que facilita la pesca con redes o aparejos que se sitúan debajo a cierta profundidad.
En 2025 se prohibieron las redes en estos dispositivos y ahora se utilizan principalmente cuerdas para evitar enredos con la fauna. Aun así, la idea es que actúen como señuelos que concentran bancos de peces y facilitan la pesca en barcos cerqueros o de cerco.
El problema no es menor: cada año se sueltan cerca de 100.000 FADs en el océano y, según los investigadores, unos 90% acaban perdiéndose. Pueden funcionar durante alrededor de un año, pero pueden seguir flotando y viajando durante años si no se recuperan. Este abandono se ha traducido en una acumulación preocupante en ciertos puntos del planeta, como en zonas tropicales y en áreas protegidas donde la biodiversidad es especial y frágil.
Qué ocurre cuando estas boyas llegan a zonas protegidas? En muchas de ellas quedan varadas en playas o se posan sobre arrecifes de coral, causando daños físicos y liberando plástico.
Los autores del estudio documentaron miles de incidentes de varamiento en 174 áreas protegidas, y relatan casos en los que las estructuras golpeaban corales, arrancaban fragmentos de arrecife y alteraban hábitats de especies raras o amenazadas.
También se han reportado atrapamientos de tiburones y tortugas marinas, lo que agrava la preocupación por el impacto directo en fauna de gran tamaño y en procesos ecológicos clave.
Una de las complicaciones es que retirar estas FADs a veces entra en conflicto con normas de pesca y derechos sobre las zonas protegidas
Una de las complicaciones es que retirar estas FADs a veces entra en conflicto con normas de pesca y derechos sobre las zonas protegidas. Las empresas temen ser acusadas de pesca ilegal si entran para recuperar una boya abandonada, lo que dificulta las labores de limpieza y recuperación.
Este es un tema de gobernanza que requiere acuerdos claros entre comunidades locales, industria y administraciones para evitar que la presencia de FADs se convierta en un problema permanente de residuos.
Pero no todo son malas noticias. La investigación también señala salidas y avances que podrían mitigar el daño. Las certificaciones de sostenibilidad de la pesca, como la Marine Stewardship Council, han empujado a las flotas a mejorar prácticas incluso antes de que existan normativas; ya se está promoviendo el uso de materiales más biodegradables.
El International Seafood Sustainability Foundation ha desarrollado diseños de FAD completamente biodegradables, o casi, como los de bambú y algodón, y ha trabajado para que sean más pequeños y menos propensos a enredarse con la fauna.
Estos avances podrían disminuir el peso ecológico de estas herramientas si se adoptan de forma amplia.
Entre las medidas prácticas recomendadas figuran limitar el número total de FADs desplegados, evitar su liberación en zonas con alta probabilidad de varamiento y establecer programas de recuperación de antiguos dispositivos a cargo de las empresas pesqueras.
Algunas flotas, como una cercana a las Seychelles, ya están discutiendo zonas de amortiguamiento y sistemas de alerta para retirar FADs o avisar a grupos ambientales cuando entran en áreas sensibles.
A nivel institucional, se insiste en adaptar las reglas de certificación para exigir que las flotas demuestren mejoras continuas en la gestión de FADs y en la reducción de impactos sobre corales y fauna.
El estudio subraya que la concienciación pública puede acelerar el cambio: cuando los consumidores, investigadores y reguladores saben de estos impactos, la presión para ajustar prácticas pesqueras crece.
Al final, la idea es que podamos seguir disfrutando de atún en lata sin que una tecnología de pesca, pensada hace décadas, termine siendo víctima de su propia basura.
La clave está en avances tecnológicos, mejoras en la gobernanza y una responsabilidad compartida entre la industria, la ciencia y la sociedad para hacer que la pesca de atún sea sostenible a largo plazo.