Glaciares de British Columbia viven 2025 como segundo año más crítico para la pérdida de hielo

Glaciares de British Columbia viven 2025 como segundo año más crítico para la pérdida de hielo

Un nuevo análisis señala que 2025 fue uno de los años con mayor pérdida de masa glaciar en Western Canadá, impulsada por temperaturas más altas y reducir la nieve de verano, con impactos para ríos, energía hidroeléctrica y ecosistemas.

Un balance reciente sobre el estado de los #glaciares en la #Columbia Británica y el oeste de Canadá indica que 2025 fue, de nuevo, uno de los años más críticos para la pérdida de masa helada.

Investigadores estiman que alrededor de 30 gigatoneladas de #hielo se deritieron en la región durante el año pasado, una cifra que refuerza la tendencia de retirada acelerada que se ha observado a lo largo de las últimas décadas.

El estudio es liderado por el profesor Brian Menounos, experto en ciencias de la Tierra de la Universidad de Northern British Columbia y científico principal del Airborne Coastal Observatory del Hakai Institute.

Menounos advierte que no se trata de si los glaciares desaparecerán, sino de la rapidez con la que ocurrirá su desaparición; los hallazgos señalan una retirada mucho más veloz de lo previsto.

En la región occidental de Canadá, la pérdida de hielo se ha dado a un ritmo aproximadamente el doble del observado hace una década, lo que tiene efectos directos sobre caudales de ríos, hábitats de peces y la generación hidroeléctrica de la zona.

Para poner las cifras en contexto, se recuerda que un gigatonelada equivale aproximadamente a un kilómetro cúbico de agua, comparable al tamaño del lago Okanagan en la Columbia Británica.

Esta equivalencia ayuda a entender la magnitud de la pérdida y su posible impacto en recursos hídricos y consumo humano.

En un marco más amplio, la ONU designó 2025 como el Año Internacional para la Conservación de los Glaciares. Sin embargo, la evidencia de Menounos y su equipo sugiere que las temperaturas más cálidas y la escasez de nieve en las temporadas finales del verano están acelerando la pérdida de masa glaciar, un fenómeno que ya se ha observado en otras cadenas montañosas del mundo.

Un estudio publicado en la revista Nature el año anterior ya había advertido que la pérdida de glaciares no es un fenómeno aislado: se presenta de forma global y con un ritmo acelerado, resultado de la combinación entre calor extremo y menor acumulación de nieve durante la estación fría.

El balance de energía que mantiene estables los glaciares

Este escenario, dicen los científicos, está alterando la reflectividad de las superficies heladas y, por tanto, el balance de energía que mantiene estables los glaciares.

En la práctica, la retirada de hielo en BC y en el oeste canadiense podría provocar cambios en el caudal de ríos, afectar los ecosistemas acuáticos y alterar la capacidad de generación de energía hidroeléctrica, un pilar económico de la región.

Los investigadores destacan que, si bien existen esfuerzos de monitoreo y acciones de mitigación, las proyecciones actuales apuntan a que la mayor parte de estos glaciares podría verse comprometida en un horizonte de varias décadas.

La investigación señala además que Canadá, con aproximadamente 17.000 glaciares, no es ajeno a estos procesos; la retirada de hielo puede modificar patrones de pesca, flujos de ríos y servicios ecosistémicos críticos.

En paralelo, los gobiernos federal y provincial sostienen compromisos para enfrentar el #cambio climático y financiar vigilancia científica de los glaciares, un esfuerzo conjunto que, si bien relevante, debe intensificarse frente a evidencias cada vez más contundentes de deshielo.

A nivel histórico, la retirada glaciar en la Columbia Británica se ha acelerado desde las últimas décadas del siglo XX, con impactos notables en la hidrología de cuencas y en comunidades que dependen de la nieve para agricultura, agua potable y energía.

El fenómeno no es exclusivo de Canadá: numerosos observatorios y modelos climáticos señalan que el calentamiento global está remodelando los glaciares en Europa, los Andes, África y Oceanía, con consecuencias para la biodiversidad, la economía local y la resiliencia de infraestructuras.

En definitiva, el estudio de Menounos y sus colegas aporta un recordatorio claro de que la crisis climática ya está aquí, con efectos tangibles en el territorio occidental de Canadá.

Mientras la ciencia continúa documentando estas tendencias, la respuesta política y social deberá traducirse en medidas más efectivas para reducir las emisiones, proteger las cuencas y adaptar comunidades a un entorno en el que la memoria de los glaciares —un recurso precioso que ha sostenido ecosistemas enteros durante milenios— está desapareciendo ante nuestros ojos.

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