Calgary apuesta por reinas locales y un 'Bee Cube' para salvar la miel canadiense
Un grupo de apicultores de Calgary quiere reducir la dependencia de reinas importadas criando las suyas propias, usando un apiario climatizado llamado Bee Cube. La iniciativa busca fortalecer la supervivencia de las abejas canadienses frente a inviernos duros y a la amenaza de parásitos.
En las tierras cercanas a Calgary, un grupo de apicultores está dando la vuelta a la historia de la #miel en Canadá.
Su idea no es nueva en el papel, pero sí audaz en la implementación: dejar de depender de reinas importadas y empezar a criar reinas aquí mismo, con la ayuda de un apiario especialmente diseñado para sobrevivir los inviernos canadienses.
El proyecto se destina a cambiar la economía de la apicultura local y, de paso, reducir los riesgos de traer plagas al país.
Este innovador enfoque tiene un nombre propio: Bee Cube. Es un apiario con un entorno totalmente controlado, concebido para albergar varias colonias de #abejas en condiciones estables, y está siendo desarrollado en Okotoks por Beekeeping Innovations Ltd.
El objetivo es claro: que las abejas pasen el invierno en un ambiente cómodo y predecible, para evitar pérdidas severas que, según un informe de 2025, afectaron a una parte significativa de las colonias en Alberta.
El fundador y CEO de la empresa, Herman Van Reekum, explica que el uso principal del Bee Cube no es solo conservar a las abejas, sino crear una plataforma para producir reinas en grandes cantidades.
“La meta real que hemos descubierto es cómo hacer reinas, cómo reproducir reinas de forma muy segura y de manera económica; este sistema es ideal para eso”, afirma.
La idea es clara y ambiciosa: forjar un stock resiliente, capaz de soportar climas extremos sin depender de tierra ajena para reinas.
La dependencia de reinas importadas es un punto débil en la industria canadiense. Actualmente, cada año se importan unas centenas de miles de reinas desde lugares más cálidos, como Australia, Nueva Zelanda y ciertas zonas de Estados Unidos, principalmente California y Hawái.
Importar reinas trae consigo dos riesgos: una abeja que llega sin haber pasado por el clima local puede tener un rendimiento inferior, y, lo que es más preocupante, la posibilidad de introducir parásitos peligrosos como los ácaros Varroa.
Van Reekum avisa del peligro: “Si traemos una hibridación de un mite que no está aquí, podría ser devastadora para las colonias”.
Además de los problemas derivados de la acclimatación, existe la amenaza de otros parásitos como el Tropilaelaps, un ácaro que no está establecido en Norteamérica pero que ha mostrado presencia en colmenas de Asia, Europa y África.
En ese contexto, la producción de reinas locales podría reducir no solo el estrés ambiental, sino también el riesgo sanitario que se asocia a la importación.
Pero, ¿cómo se llega a producir reinas en Canadá? El proceso es cuidadoso y se sigue un protocolo tradicional de cría de reinas, adaptado a un entorno controlado.
Se colocan marcos con larvas injertadas para que las abejas las críen como futuras reinas
En una colmena sin reina, se colocan marcos con larvas injertadas para que las abejas las críen como futuras reinas. Las nuevas reinas emergen aproximadamente a las dos semanas; como sucede con frecuencia, la primera reina que aparece elimina a las otras. Por ello, los apicultores monitorizan de cerca los días de eclosión y mantienen a cada reina naciente en jaulas individuales para evitar enfrentamientos.
Después de salir al mundo, la reina se traslada a su propio enjambre y, a la semana, se aparea con enjambres de zánganos. Tras esa etapa, la reina empieza a poner, y su presencia puede marcar la vitalidad de toda la colonia.
Van Reekum señala que una reina que haya sobrevivido con éxito a un invierno canadiense podría transmitir genes fuertes a sus crías, incluidos futuros individuos reyes, para sostener la colonia durante la temporada fría.
En su taller, la experiencia del año anterior dio resultados: “El año pasado produjimos alrededor de 800 reinas; este año nos gustaría llegar a 5.000”, afirma con optimismo.
A nivel nacional, #Alberta ya es la potencia de la miel en Canadá. Hay más de 16.000 apicultores y unas 850.000 colonias en todo el país, y la provincia concentra casi el 40% de esas colonias. Además de la producción de miel, las abejas cumplen un papel crucial en la polinización de cultivos como el canón, los frutales y los arándanos, impulsando una parte significativa de la economía agroalimentaria.
Según el gobierno federal, la cosecha de miel de 2025 alcanzó valores cercanos a los 241 millones de dólares, y se reconoce que “un tercio de lo que comemos” depende de las abejas para la polinización.
Lo que está en juego no es solo una cifra de producción: es la seguridad alimentaria de una cadena de suministro que depende de las abejas para que los cultivos florezcan.
Si la iniciativa de #Calgary logra escalar y mantener a raya a los parásitos sin necesidad de reinas importadas, podría acelerar un cambio estructural en la apicultura canadiense, con beneficios para los agricultores, para el sector de la miel y para los consumidores que ven cómo el sabor y la disponibilidad de productos polinizados pueden estabilizarse frente a inviernos cada vez más desafiantes.
El Bee Cube representa, por ahora, una promesa: demostrar que es posible criar reinas en casa y reducir la exposición a riesgos externos. Si consiguen esa escalabilidad, Canadá podría ver una transformación profunda de su industria apícola, con un giro hacia la autosuficiencia y la resiliencia ante un ecosistema cambiante.
La historia de estas colmenas en Alberta podría convertirse en un modelo para otros países que buscan defender a las abejas y su papel fundamental en la seguridad alimentaria mundial.