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¡Acuerdo histórico! Anthropic pagará 1.500 millones a autores por usar sus libros sin permiso en la inteligencia artificial

¡Acuerdo histórico! Anthropic pagará 1.500 millones a autores por usar sus libros sin permiso en la inteligencia artificial

Un juez de EE.UU. ha aprobado el mayor acuerdo por derechos de autor de la historia: la empresa de inteligencia artificial Anthropic pagará 1.500 millones de dólares a un grupo de autores por almacenar y usar sus libros sin autorización para entrenar a su chatbot Claude. Te explicamos qué pasó y por qué es importante.

Pues resulta que la #inteligencia artificial (IA) no solo ha revolucionado la tecnología, sino que también ha metido a sus creadores en un buen lío judicial.

La empresa Anthropic, la misma que desarrolló el famoso chatbot Claude, ha tenido que rascarse el bolsillo para pagar una millonada a un montón de escritores enfadados.

Y no es para menos: un juez de #Estados Unidos acaba de dar el visto bueno a un acuerdo de nada menos que 1.500 millones de dólares (unos 1.370 millones de euros al cambio) para cerrar una demanda colectiva por violación de derechos de autor. Vamos, que #Anthropic ha tenido que aflojar la mosca por usar sin permiso libros enteros para entrenar a su inteligencia artificial.

Todo empezó en 2024, cuando un grupo de #autores denunció a Anthropic por usar copias no autorizadas de sus obras literarias para alimentar a Claude.

La empresa, para que su chatbot aprendiera a hablar como una persona, necesitaba ingentes cantidades de texto. ¿Y qué mejor que los libros? Pues resulta que no, que los autores no estaban por la labor de que su trabajo se usara sin pedirles permiso ni pagarles un duro.

Así que pusieron una demanda colectiva, que es como una denuncia en grupo, y han conseguido que la compañía pague una pasta gansa.

Ahora bien, el juez no ha dicho que todo el uso de libros para entrenar IA sea ilegal. De hecho, durante el juicio se estableció que entrenar modelos de IA con libros puede considerarse "uso justo" (fair use), una figura legal que permite ciertos usos sin permiso del autor, como para investigación o educación.

Pero el problema no era ese: lo que realmente se juzgó fue que Anthropic almacenó millones de libros digitales en un repositorio central sin autorización.

O sea, que no solo los usó, sino que los guardó sin permiso, y eso ya no coló.

Ha dicho que las críticas al tamaño del acuerdo eran infundadas y que no tenían en cuenta los riesgos de un juicio

La jueza Araceli Martínez-Olguín, que ha llevado el caso en San Francisco, ha dicho que las críticas al tamaño del acuerdo eran infundadas y que no tenían en cuenta los riesgos de un juicio.

Al final, más del 91% de los autores y editores que tenían derecho a reclamar ya han pedido su parte del pastel. Según la abogada de Anthropic, Aparna Sridhar, la respuesta ha sido masiva. Los abogados de los demandantes han calificado el acuerdo como "la mayor recuperación por #derechos de autor en la historia de Estados Unidos".

Pero ojo, que esto no acaba aquí. Algunos autores que no estaban de acuerdo con el acuerdo colectivo han decidido seguir por su cuenta con demandas individuales contra Anthropic. Así que el lío judicial no ha terminado del todo.

Este caso es un aviso para todas las empresas de inteligencia artificial: no se pueden tomar licencias con los derechos de autor. En España y Europa, la regulación también está cambiando. La Unión Europea ya ha aprobado la Ley de Inteligencia Artificial, que exige transparencia en los datos usados para entrenar modelos. Así que, aunque esto haya pasado en Estados Unidos, las consecuencias se notarán aquí también.

Para el lector español de derechas, este es un claro ejemplo de que la propiedad intelectual hay que respetarla, y que el mercado tiene sus reglas. Las empresas pueden innovar, pero no a costa de los derechos de los creadores. La justicia, al final, ha dado la razón a los autores, aunque con matices. Y eso, en un mundo donde la IA avanza a pasos agigantados, es un respiro para los que viven de su pluma.

En resumen, Anthropic ha tenido que pagar una fortuna por no pedir permiso. Ahora, otros gigantes tecnológicos como OpenAI o Google estarán mirando de reojo este precedente. Porque si algo está claro es que, en la era digital, los derechos de autor no son un juego.

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