La Ley del Sistema Cultural de Euskadi busca ordenar, impulsar el euskera y abrir la cultura a la gente
El Gobierno Vasco presenta el anteproyecto de una Ley del Sistema Cultural que pretende reforzar derechos, coordinar instituciones y favorecer la economía y la digitalización cultural, con el euskera como eje central y un proceso de alegaciones a partir del 20 de marzo.
En #Euskadi se anuncia una reforma importante para la cultura. La vicelehendakari Ibone Bengoetxea presentó hoy en el Museo San Telmo el anteproyecto de la #Ley del Sistema Cultural de Euskadi, una norma que pretende ordenar y fortalecer el ecosistema cultural del territorio sin crear estructuras nuevas ni alterar el reparto de competencias.
También informó que el periodo de alegaciones al texto se abrirá el 20 de marzo, dentro de un proceso participativo que busca recoger aportaciones del sector, de las instituciones y de la ciudadanía.
Esta ley se vende como una herramienta para que la #cultura funcione mejor como sistema, reforzando derechos, situando el #euskera en el centro y dotando de herramientas reales a la política cultural, pero respetando el modelo institucional existente.
No se propone abrir nuevas jerarquías ni duplicar competencias, sino dar coherencia al sistema vigente.
El anteproyecto se articula en torno a cinco grandes claves. Primero, una ley de sistema que ordena un ecosistema diverso y fomenta la cooperación entre las instituciones públicas y las privadas. Segundo, un respeto total al modelo institucional vasco sin introducir modificaciones en las competencias; se busca cooperación, no jerarquías nuevas.
Tercero, la centralidad del euskera como lengua propia, parte del patrimonio cultural esencial y eje estructurante de la comunidad. Cuarto, la cultura entendida como derecho, para garantizar acceso, participación, creación y producción cultural en igualdad y sin discriminación.
Quinto, una mirada de futuro basada en planificación, evaluación, sostenibilidad y una transformación digital con salvaguardas.
Pero ¿qué cambia de verdad en la práctica? Se anuncian compromisos claros para todas las personas y entidades del sistema cultural. En gestión y planificación, habrá seguimiento periódico y un Plan de Cultura, que debe elaborarse al menos cada cinco años. Si no se aprueba un nuevo plan a tiempo, el vigente se prorroga automáticamente. También habrá planes básicos operativos cada dos años para mejorar el funcionamiento del sistema. En materia de transparencia, se pide informar sobre actividades y servicios culturales mediante Cartas de Servicios, y se plantea una carta vasca de derechos culturales para el sector público; las entidades privadas que participen o se beneficien pueden utilizar documentos análogos cuando sea posible y con capacidad suficiente.
En datos, se busca más análisis y seguimiento para tomar decisiones informadas, con el Observatorio Vasco de la Cultura coordinando estudios e indicadores, y las entidades culturales aportando la información de la que dispongan.
En equipamientos, se subraya la accesibilidad, la buena praxis y la sostenibilidad: los espacios culturales deben garantizar contratación responsable, cumplimiento de normativa laboral, seguridad social, prevención de riesgos, igualdad de género, propiedad intelectual y derechos lingüísticos, entre otros.
Se insiste en la necesidad de accesibilidad universal y de alinear la actividad con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además, se facilitará la elaboración de mapas y redes de equipamientos para una distribución más equilibrada y un mejor uso de los recursos. En la esfera digital, se promueve el uso de tecnologías en toda la cadena cultural, desde la creación hasta la difusión y preservación, con salvaguardas claras: prioridad de la persona, derechos fundamentales, protección de menores, propiedad intelectual y datos personales, no discriminación, y alfabetización digital que alcance a grupos vulnerables y use herramientas como la inteligencia artificial de forma crítica.
Junto a ello, se refuerza el euskera en todos los ámbitos culturales: creación, difusión y proyección internacional, con programas para producir y distribuir contenido en euskera y medidas positivas cuando proceda (ayudas, incentivos, reserva de espacios en programación).
También se garantiza presencia en entornos digitales y medios, destacando a EITB como medio esencial, y se reafirma la internacionalización de la cultura vasca, con el Instituto Vasco Etxepare como organismo clave.
La ley pretende acotar más claramente los derechos culturales y reforzar la igualdad en su ejercicio
Para la ciudadanía, la ley pretende acotar más claramente los derechos culturales y reforzar la igualdad en su ejercicio. Para el sector cultural, busca estabilidad, planificación y evaluación, con una gobernanza más clara. Para Euskadi como país, mejor coordinación institucional, optimización de recursos y una cultura alineada con la sostenibilidad y la cohesión social.
Todo ello coloca al euskera y a la cultura vasca como eje estratégico de creación, transmisión y proyección internacional.
Las novedades clave que se señalan son diez, en su mayoría de enfoque marco: una ley marco de sistema con visión integrada; cero creación de nueva estructura administrativa ni cambio de competencias; un Plan de Cultura quinquenal con prórroga automática; planes operativos bianuales; un sistema de indicadores homologables y una guía; fortalecimiento del Observatorio Vasco de la Cultura y uso de datos; incorporación de la dimensión digital, con espacios culturales digitales, alfabetización y enfoque de derechos, incluida la inteligencia artificial; integracion de sostenibilidad y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en políticas, equipamientos y servicios; reconocimiento del valor del espacio público como ámbito cultural; y tres compromisos vinculados al Ararteko, la financiación, la Carta de Servicios Culturales y la Guía de Buenas Prácticas.
En cuanto a la estructura de la ley, se organiza en diez títulos que regulan desde principios generales y el papel del euskera hasta la planificación, los equipamientos, la financiación, la transformación digital y la protección de los derechos culturales.
El proceso es abierto al sector y a la ciudadanía: a partir del 20 de marzo quedará abierto el periodo de alegaciones para recoger aportaciones de todos los agentes.
Las cifras que rodean al sistema cultural vasco ya muestran una realidad de peso y crecimiento. Según la Encuesta de Participación Cultural en Euskadi, el 91,8% de la ciudadanía cree que la cultura contribuye a construir una sociedad mejor. En la vida cotidiana también hay presencia cultural relevante: 75,9% de la población lee libros, 64,8% asiste a conciertos, 63,4% va al cine y 57,9% disfruta del teatro.
Más de la mitad de la población, más de un 40%, realiza prácticas artísticas amateur como pintura, danza o artesanía. Todo ello demuestra que la cultura en Euskadi no es solo oferta institucional, sino una práctica social muy extendida.
En el plano económico, el sector cultural vasco ya tiene un peso notable. Según un informe del Departamento de Cultura y Política Lingüística y Orkestra, en Euskadi hay 16.886 empresas culturales y creativas y 33.983 empleos ligados al sector, representando el 3,8% del empleo total. El informe subraya ciertas especializaciones: el diseño tiene un peso casi cinco veces superior a la media estatal y la música supera tres veces esa media.
Además, algunos ámbitos han crecido significativamente en los últimos años: el sector audiovisual ha aumentado un 23,8% en el número de empresas desde 2015 y las industrias de la lengua han crecido un 24,3% en el mismo periodo, mientras que el sector de videojuegos ha pasado de 1 a 14 empresas en una década.
"La cultura es ya una pieza clave de la economía vasca" sería una síntesis de ese panorama.