De Mercedes a Amán: la historia de un argentino que enseña fútbol en Jordania y vive la pasión de su selección
José Comalini, alias 'Pera', dejó Argentina para vivir en Amán y enseñar fútbol en la Barça Academy de Jordania. Un retrato de adaptación, cultura y fútbol en un país con historia y ambición deportiva.
Este país le parece un paraíso. Esa es la primera definición que da José Comalini, un argentino de Mercedes, 35 años, conocido en su entorno como “Pera”. Hace nueve meses que vive en Amán, la capital de Jordania, y no oculta que se siente cómodo desde el primer día: se adaptó rápido a las costumbres, a la comida, a los horarios y a las prácticas religiosas.
Dice que, sin vueltas, #Jordania le está regalando una de las experiencias más bonitas de su vida.
La historia de Pera empieza con un apodo que explica a la perfección: le pusieron “Pera” por un gol que celebró con el mentón cuando tenía siete años.
El festejo quedó marcado en su memoria y, desde entonces, la gente que lo conoce lo llama así. Esta anécdota parece pequeña, pero marca una personalidad que hoy le facilita convivir con una cultura tan distinta.
Cuando llegó a Jordania, una de las cosas que más le sorprendió fue la idiosincrasia triunfalista de la gente. Los jordanos siguen con intensidad el Mundial, aunque ya estén eliminados. A veces, incluso, sueñan con pegar un batacazo parecido al que dio Arabia Saudita el Mundial anterior. Pero a la hora de la verdad, no se atreven a creerse que pueden ganarles a una selección como Argentina. “Se ven argentinos por mis tatuajes de Messi y Maradona, y lo primero que me piden es que les tengamos piedad. Están preocupados, temen la derrota y no la toleran, aunque saben que no tienen cómo pelearla”, comenta.
Pera trabaja para la Barça Academy de Jordania, un semillero que forma parte de la estructura del Barcelona y que ya prepara a chicos sub-10, sub-12 y sub-16.
Su contrato y su tarea están pensados para subir el nivel del #fútbol juvenil en Amán, buscando acercar miradas europeas y sudamericanas para situar a la juventud jordaní en otro nivel.
“Hay mucho talento, hay potencial, y aunque la mayoría de los alumnos son jordanos, también vienen chicos palestinos, turcos e iraquíes”, explica.
Una de las primeras recetas del entrenador-educador es la honestidad: “Para jugar al fútbol, a los jordanos les falta viveza criolla, esa picardía que se aprende en la calle.
Con el tiempo se puede enseñar, pero hay que reconocer que la liga local es floja, los partidos son aburridos y las canchas varían mucho en calidad. Los grandes equipos ni siquiera llegan al Estadio Olímpico”.
El interés de Pera va más allá del terreno de juego. Le fascina el clásico jordano, #Al Faisaly contra Al Wehdat, una rivalidad que está cargada de historia. Al Faisaly se identifica como el club más antiguo y ganador, con una base de aficionados en su mayor parte jordana nativa, mientras que #Al Wehdat nació en un campamento de refugiados palestinos.
En Jordania, se estima que el 60% de la población tiene origen palestino, y estas cuestiones históricas colorean un conflicto que va más allá de lo deportivo.
También aparece Samar Nassar
En su relato, también aparece Samar Nassar, la “Chiqui Tapia” de la liga jordana. Es la Secretaria General de la Federación de Fútbol y se la identifica como la mente maestra detrás de la clasificación histórica de Jordania para el Mundial y, más recientemente, de la gestión de las selecciones y ligas.
Nassar, licenciada en biología molecular y genética, nació en Beirut y se crió en #Amán desde los cinco años. Bajo su dirección, la federación ha mostrado avances notables, como subcampeonatos en competiciones regionales que evidencian un crecimiento sostenido.
En el desierto, concretamente en Wadi Rum, Comalini se detiene a recordar que, aunque la ciudad de Amán es cosmopolita y segura, no está exenta de tensiones.
Jordania convive con un entorno geopolítico complejo: a veces, las detonaciones en la frontera con Israel o los ecos de conflictos regionales llegan a tocar la vida cotidiana.
“Una noche de guerra iraní-israelí me dejó un recuerdo que no se borra: el sonido de misiles cerca de donde trabajaba la academia. Temblé, pero vi a los chavales seguir jugando y aprendí que el deporte también da resistencia”, cuenta.
El barrio donde vive, Abdoun, le recuerda al Palermo de Buenos Aires por su ambiente internacional y su vibrante vida nocturna. Allí, la gente suele vestir con libertad, y, según él, “no hay restricciones para extranjeros” siempre que exista respeto. Eso le da una sensación de libertad que en otros lugares podría estar condicionada por normas propias de la región. En su día a día, reconoce que la relación con los argentinos es especial: tatuajes de Messi y Maradona, un mate en la mano y muestras de afecto que abren puertas.
Los jordanos le han mostrado una hospitalidad que se nota en los pequeños gestos: invitaciones a comer, regalos, incluso descuentos. A veces le da un poco de apuro aceptar todo, pero la gente valora la cercanía y no suele aceptar un rechazo. “Quien ve un tatuaje de Messi ya se siente cercano; nos quieren y nos respetan”, resume.
Y, mientras tanto, el deporte late con fuerza: el próximo partido de la selección jordana es a las cinco de la mañana hora local. Todos los bares, restaurantes y hoteles se preparan para ese momento; la camiseta de la selección está agotada y la ciudad se presenta como una gran pantalla de un país que vive el fútbol con una pasión que parece no tener límites.
Pera verá el choque solo o acompañado de algún grupo de argentinos; él quiere estar tranquilo, pero sabe que la afición jordana lo vivirá a su manera: con un orgullo que se traduce en un deseo compartido de ver a Messi brillar contra su selección.
Y así, entre desiertos y canchas improvisadas, este argentino en Amán sigue sembrando su historia, dejando claro que, a veces, el fútbol es la mejor forma de entender una cultura.