El olor de las ginkgo en Toronto desata debate: ¿valen más los beneficios urbanos que el mal olor estacional?

Vecinos de un barrio de Toronto reclaman permiso para cortar un ginkgo hembra que huele cada otoño, mientras la ciudad evalúa normas y posibles soluciones para el arbolado urbano y su convivencia con las viviendas.

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En un barrio de Toronto, un #ginkgo hembra plantado en el jardín trasero de una vivienda se ha convertido en un problema estacional cada otoño.

Los frutos de ese árbol desprenden un olor muy intenso, descrito por vecinos y especialistas como una mezcla entre la caca de perro y el vómito, y se adhieren a las botas y a la ropa que entra a la casa.

Por eso el propietario, Alan Page, y su esposa pidieron al ayuntamiento permiso para talar el árbol, a pesar de que el resto del árbol esté sano. El trámite fue rechazado por los servicios municipales de forestación, y ahora su recurso deberá ser revisado por el Consejo Comunitario de #Toronto y Este York.

En el informe técnico, la directora de Urban Forestry, Kim Statham, sostiene que ese ejemplar de Myrtle Avenue es parte del bosque urbano y aporta beneficios estéticos, sociales y económicos; por ello no debería retirarse sin más.

La polémica subió de tono cuando el concejal Josh Matlow logró que el consejo pida a los técnicos buscar soluciones creativas para ayudar a familias que se sienten obligadas a lidiar con las molestias que provocan estas frutas cada año.

A los expertos les preocupa el impacto en la calidad de vida de los residentes, pero advierten que el árbol también ofrece sombra y refugio para la fauna, y que no es razonable eliminar todas las hembras por un mal olor puntual.

Hoy la ciudad alberga unos 11,5 millones de árboles, y se estima que entre ellos hay miles de ginkgos. Su presencia en Toronto se debe a plantaciones traídas desde China hace varias décadas, y ahora las hembras han alcanzado la madurez, lo que explica el aumento de la fructificación.

Para talar un árbol con diámetro de 30 cm o más se necesita permiso municipal; incumplir la normativa puede acarrear multas de hasta 100.000 dólares. Estas reglas forman parte de una estrategia para aumentar la cobertura forestal de la ciudad al 40% para 2050, frente a aproximadamente el 30% actual.

Matlow ha insistido en que, si se encuentran soluciones inmediatas, podría mejorar la vida de las familias afectadas, aunque aún no hay una fecha para cambios regulatorios.

Entre los vecinos, James Chiu también apoyó la causa de Page. Vive junto a la casa de Page y tiene dos hijos; cuenta que en otoño la fruta cubre su patio y que los niños la llevan al interior, y que cuando se pudre atrae a animales como ardillas y mapaches, lo que complica la convivencia.

Page ha dicho que plantará cinco #árboles en su lugar y que está dispuesto a hacer esa contribución a la calle

Si la autoridad finalmente permite la retirada, Page ha dicho que plantará cinco árboles en su lugar y que está dispuesto a hacer esa contribución a la calle.

El arborista Marc Ambeau señala que los ginkgos aportan valor paisajístico y resiliencia al paisaje urbano; también advierte que hay que gestionar mejor el contrapeso de su olor estacional, pero no aboga por eliminar de forma indiscriminada a todas las hembras.

En resumen, este caso de Myrtle Avenue refleja el choque entre la vida cotidiana de los vecinos y la necesidad de mantener un arbolado urbano diverso.

La próxima sesión del consejo decidirá si este ejemplar se salva o si se permite su retirada a cambio de nuevos árboles para la calle.