Un estudiante de doctorado holandés examina un nido de ave en Ámsterdam, revelando preocupantes materiales plásticos y desechos humanos.

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En el corazón de Ámsterdam, un nido de aves ha sorprendido a los científicos por estar construido a partir de materiales inusuales, incluyendo envoltorios de golosinas, máscaras de protección e incluso piezas de automóviles.

Auke-Florian Hiemstra, un estudiante de doctorado de los Países Bajos, realizó un estudio en el que excavó un nido de ave acuática conocido como focha común, revelando una asombrosa colección de 635 objetos de desecho humano.

La excavación de este nido, que se localiza frente al Allard Pierson Museum, el museo arqueológico más grande de Amsterdam, comenzó a revelar capas de restos que datan de hace más de tres décadas.

Hiemstra resalta que cada capa constituye una página de un libro de historia donde se puede retroceder en el tiempo, comenzando desde 1994, durante la celebración de la Copa Mundial de Fútbol en Estados Unidos.

Entre los hallazgos del nido, se incluye un envoltorio de una barra de Mars con el logo de la Copa Mundial, así como envoltorios de cigarrillos, un ticket del Museo Marítimo Nacional de Ámsterdam y diversos residuos alimenticios de McDonald's.

Hiemstra, humorísticamente, se ha referenciado a sí mismo como un 'arqueólogo de McDonald's' durante el curso de su investigación.

No obstante, los hallazgos más preocupantes fueron aproximadamente 15 máscaras de protección derivadas de la pandemia de COVID-19, lo que hace aún más evidente el impacto de los humanos sobre el entorno natural.

A medida que Hiemstra desenterraba más objetos, se hacía evidente que la fosa común de desechos reflejaba la creciente contaminación plástica que ha afectado a los hábitats urbanos.

Durante los últimos 30 años, han cambiado las prácticas de anidación de las aves, que, tradicionalmente, solían usar materiales biodegradables. La disponibilidad de plástico ha llevado a las focha comunes a adaptar su comportamiento y reutilizar estos desechos en lugar de los materiales vegetales que solían emplear.

"Los desechos plásticos son ideales para la construcción del nido, ya que son duraderos y se pueden reutilizar cada temporada", explica Hiemstra. Aunque representa una solución práctica, Hiemstra también alerta sobre las implicaciones negativas que pueden tener estos materiales en la vida de las aves.

Por ejemplo, las bandas elásticas de las máscaras podrían enredarse en las patas de las focha, convirtiendo lo que debería ser un refugio seguro en un lugar potencialmente peligroso para sus crías.

Este nido, que simboliza la época del Antropoceno, revela cómo las acciones humanas han impactado la naturaleza. La investigación de Hiemstra plantea una pregunta crucial: "¿Es esta adaptación al entorno urbano algo positivo o es una trampa ecológica?" Es un dilema que aún está en la búsqueda de respuestas, y a medida que continúa su investigación, Hiemstra espera arrojar más luz sobre los efectos a largo plazo de este fenómeno.

La historia del nido no solo es un testimonio del ingenio de las aves, sino también una advertencia sobre el legado de nuestros propios desechos.