El humo tóxico de los incendios forestales en Manitoba plantea un reto de protección para los equipos de combate: entre mascarillas desechables, respiradores y la necesidad de soluciones más eficaces.
Cuando los bomberos de Manitoba apagan un incendio forestal, la mayor preocupación no siempre es la llama visible, sino lo que queda tras ella: una nube de humo cargada de gases nocivos y partículas finas que puede durar horas.
En esa fase de eliminación del incendio, la calidad del aire se deteriora y los trabajadores quedan expuestos a sustancias que pueden afectar su salud a corto y largo plazo.
En Manitoba, para intentar mitigar ese riesgo, el gobierno ha puesto a disposición mascarillas desechables #N95 y ha ofrecido entrenamiento específico, pero la protección frente a gases tóxicos no es tan sencilla como parece.
Una de las ideas más difundidas es que las mascarillas N95 pueden filtrar hasta el 95% de las partículas peligrosas en el aire
Una de las ideas más difundidas es que las mascarillas N95 pueden filtrar hasta el 95% de las partículas peligrosas en el aire. Sin embargo, no bloquean gases y vapores, y su eficacia depende de que se ajusten bien al rostro. Si el equipo no queda sellado correctamente, la protección se reduce y el humo sigue entrando. Los químicos presentes en el humo pueden irritar las vías respiratorias, causar tos y, con exposiciones reiteradas, aumentar el riesgo de problemas cardíacos y pulmonares.
