Canadá se pregunta si liderará el cambio hacia las alternativas a la experimentación con animales, frente al impulso global

Análisis sobre por qué Canadá aún no tiene un plan para sustituir las pruebas con animales en biomedicina, a diferencia de EE. UU., Reino Unido y la UE, y cómo tecnologías como tejidos 3D y órganos en chip podrían redefinir la investigación.

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En el marco internacional, la apuesta por dejar atrás las pruebas con #animales ya no es solo una reivindicación ética sino una necesidad tecnológica y regulatoria.

Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea han avanzado con financiación y rutas claras para reemplazar esos ensayos en entornos de investigación.

En Canadá, se ha avanzado en una estrategia para sustituir a los animales usados en pruebas de toxicidad y químicos, pero aún no existe un plan específico para las pruebas biomédicas, las que evalúan enfermedades y fármacos en contextos clínicos.

Este vacío genera debate entre científicos y gestores de políticas públicas, sobre todo cuando las tasas de éxito en humanos no se traducen fácilmente a partir de modelos animales.

Desde hace décadas, el sector ha buscado tecnologías que reduzcan o eliminen el uso de animales. El punto de inflexión llegó cuando la evidencia mostró que un gran porcentaje de fármacos que parecían seguros en animales fracasan en ensayos en personas.

En #Canadá se ha enfatizado que la sustitución de pruebas químicas y de toxicidad no siempre coincide con la sustitución de pruebas biomédicas, donde la biología humana es más compleja y diversa.

Una de las ideas más prometedoras es el uso de tejidos vivos creados en laboratorio a partir de células humanas y la construcción de modelos de órgano en chip, que permiten estudiar respuestas biológicas en condiciones controladas sin recurrir a animales.

Estas tecnologías no buscan copiar un animal de forma directa, sino responder preguntas biológicas relevantes para la historia natural de una enfermedad o la acción de un fármaco.

En este marco, la historia de Canadá se ha visto marcada por avances puntuales y, al mismo tiempo, por obstáculos de financiación y continuidad institucional.

Milica Radisic, profesora de la Universidad de Toronto y titular de la Cátedra canadiense en Ingeniería de Órganos en Chip, ha mostrado cómo es posible cultivar tejido cardíaco vivo que late de forma similar a un corazón humano.

Sus investigaciones demuestran que, en un plato, con condiciones adecuadas de oxígeno, se puede observar la respuesta de células a daños y a tratamientos, sin pasar por un modelo animal.

No obstante, la realidad es que el laboratorio de Radisic fue cerrado temporalmente, en 2024, por falta de fondos para sostener la línea de investigación.

Este cierre no es un hecho aislado: muchos grupos que trabajan con métodos alternativos dependen de apoyos que no siempre llegan a tiempo para asegurar la continuidad de proyectos de alto riesgo y alto potencial.

El marco regulatorio canadiense también juega un papel clave. El Canadian Council on Animal Care (CCAC) supervisa los principios de las 3R: reemplazar los animales cuando sea posible, reducir su uso y refinar las técnicas para minimizar el sufrimiento.

Aunque la vía está trazada para fomentar la sustitución en ciertos ámbitos, el CCAC insiste en que, en algunos casos, aún es necesario utilizar animales para validar resultados y cumplir con requisitos de seguridad pública.

Canadá no ha adoptado

Así, Canadá no ha adoptado, a día de hoy, una postura de liderazgo claro para sustituir completamente la utilización de animales en la biomedicina.

A nivel legislativo, Canadá ha dado pasos significativos: en 2023 se aprobaron leyes que restringen pruebas cosméticas en animales (C-47) y se promovió una estrategia detallada para pruebas en toxicología (S-5).

Sin embargo, estas medidas no cubren de forma exhaustiva las necesidades de la #biomedicina clínica, que es donde el país enfrenta un reto mayor ante un panorama internacional ya avanzado.

En contraste, en Estados Unidos, la FDA ha anunciado nuevos esfuerzos con una inversión de 150 millones de dólares de los NIH para avanzar hacia alternativas; en el Reino Unido se ha presentado una hoja de ruta con financiación de 75 millones de libras para nuevas tecnologías.

El debate de fondo es claro: ¿canídanos a avanzar hacia un modelo regulatorio que premie y acelere las innovaciones sin depender de animales? Charu Chandrasekera, fundadora del Canadian Centre for Alternatives to Animal Methods, subraya que la conversación debe ir más allá de un único experimento o método.

La idea es aprovechar las mejores tecnologías disponibles para responder preguntas relevantes sobre biología humana y, para ello, es crucial demostrar a los reguladores que estos modelos son suficientemente fiables.

Radisic, por su parte, defiende que las herramientas como tejidos 3D y órganos en chip pueden, de hecho, ser más eficientes y económicas a largo plazo, además de más fáciles de adaptar a la variabilidad biológica entre personas.

Pero sin un compromiso claro de financiación pública, la realidad es que podrían perderse oportunidades estratégicas. En palabras de especialistas, Canadá podría quedarse fuera de un mercado que ya se perfila como una industria de decenas de miles de millones de dólares en la próxima década, y cuyo valor podría superar el billón de dólares en todo el mundo si se multiplican las aplicaciones clínicas y farmacológicas.

En resumen, la conversación pública y política en Canadá está en una fase de transición: hay consenso sobre que las #alternativas funcionan y que, a nivel científico, el camino hacia una medicina más precisa y menos dependiente de animales está trazado.

La pregunta es si el país tendrá la voluntad, el presupuesto y la coordinación necesaria para convertir ese marco en una realidad tangible para la biomedicina, o si terminará, como ha ocurrido en otros casos, viendo desde la barrera cómo otros países lideran la revolución de las pruebas sin animales.

No obstante, los responsables de la política científica y de salud miran hacia el futuro con un mensaje claro: la oportunidad de transformar la #investigación biomédica es real, y la dimensión económica y social de ese cambio podría ser tan relevante como su impacto en la ética y el bienestar animal.

El tiempo dirá si Canadá toma la iniciativa o se queda como observador en una carrera que ya ha comenzado a correr.