Canadá enfrenta una temporada de incendios 2026 incierta: podría arrancar tranquila pero la sequía y el calor podrían desbordar nuevamente los bosques

Expertos avisan que, pese a un inicio potencialmente más suave, la combinación de sequía prolongada y un verano más cálido podría volver a convertir a Canadá en escenario de incendios forestales, tras tres años seguidos de episodios severos.

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Canadá encara la temporada de incendios 2026 tras completar tres años consecutivos de fuegos de alta intensidad. Aunque las primeras semanas podrían presentar un comienzo relativamente sosegado, el que podría ser un verano más cálido y la sequía persistente en varias regiones han encendido las alarmas entre científicos y gestores de emergencias.

Los incendios no suelen obedecer a un calendario fijo, y los expertos recuerdan que fenómenos como #El Niño pueden inclinar la balanza hacia periodos más secos y cálidos, lo que alimenta las llamas y dificulta la tarea de controlarlas.

En resumen: la temporada podría arrastrar la incertidumbre de años anteriores, con el riesgo de repetir o incluso superar los peores récords.

El investigador Mike Flannigan, experto en #incendios forestales de la Universidad Thompson Rivers, describe esta etapa como una especie de «prueba de realidad» para entender si #Canadá ha entrado en una nueva normalidad en cuanto a incendios se refiere.

Su visión es que, a nivel nacional, la mayor parte de los años podrían venir cargados de incendios, una conclusión que surge al estudiar tendencias a largo plazo y las condiciones meteorológicas que favorecen el fuego.

Esto no significa que cada año será igual, pero sí que la probabilidad de episodios intensos podría ser mayor de lo que se venía aceptando.

No es posible predecir con precisión cuántos eventos ocurrirán en abril o mayo: la ignición de un incendio puede dispararse por un relámpago, y las condiciones extremas de viento y sequedad que favorecen la propagación pueden llegar en días imprevistos.

Sin embargo, hay indicadores que permiten mapear el riesgo general. En el sur de la Columbia Británica y el sur de Alberta, así como en zonas de Saskatchewan suroeste, ya se han observado condiciones que favorecen la ignición y la propagación de incendios.

En contraste, en gran parte del norte hay una cantidad significativa de nieve persistente, lo que frena, al menos por el momento, la acumulación de combustible.

Las previsiones a medio plazo advierten de un verano más cálido para gran parte del país y, si se confirma El Niño, la región podría enfrentarse a una temporada prolongada de calor y sequía.

Aunque el fenómeno no garantiza incendios, eleva la probabilidad de condiciones que favorecen su inicio y su avance, aumentando la demanda de recursos y capacidad de respuesta.

Los expertos señalan que Canadá llega a esta campaña desde un contexto ya extremo

Los expertos señalan que Canadá llega a esta campaña desde un contexto ya extremo. El periodo anterior fue uno de los más duros en la historia reciente: la temporada de 2023 lideró el ránking de intensidad, y la de 2025 ocupó el segundo puesto en términos de superficie afectada, con más de 150.000 kilómetros cuadrados incendiados. Estos números reflejan, según científicos, una caída de la capacidad de los bosques para absorber carbono y un ciclo de feedback climático: incendios que liberan grandes cantidades de humo y contaminantes, que, a su vez, pueden alterar el clima y generar más incendios.

Un aspecto clave es el impacto en la salud y la economía. El humo de los incendios puede viajar kilómetros y afectar a millones de personas incluso lejos de las llamas. Health Canada ha estimado que la exposición al humo durante las peores temporadas puede provocar miles de muertes prematuras, además de costos sanitarios y pérdidas de productividad.

Este tipo de efectos ayuda a explicar por qué las autoridades subrayan la importancia de la prevención y de medidas simples pero efectivas en la vida diaria, como evitar estancias prolongadas al aire libre durante episodios de humo denso, revisar fuentes de emisión en hogares y ambientes laborales, y estar preparados ante posibles evacuaciones.

En Manitoba, por ejemplo, los equipos que luchan contra los incendios trabajan para reducir la exposición de los bomberos a gases tóxicos generados por el humo.

Se enfatiza el uso de mascarillas adecuadas y protocolos para prevenir agotamiento por calor. A nivel comunitario, el consejo es claro: cuando haya señales de que el fuego avanza o hay indicios de humo en el ambiente, es importante informar a las autoridades, seguir las indicaciones de evacuación y mantener la seguridad de familias y animales.

La temporada 2026 llega, pues, con un telón de fondo complejo: condiciones que podrían variar mucho entre una región y otra, un escenario climático que favorece periodos más secos y un patrón de incendios que, según los expertos, podría convertir la norma en algo más frecuente en Canadá.

A corto plazo, las predicciones no son concluyentes; a medio y largo plazo, el consenso apunta a que será crucial adaptar políticas de manejo forestal, inversión en prevención y resiliencia, y una vigilancia climática que permita prever picos de riesgo con la mayor antelación posible.

En este marco, la población también tiene un papel: informar, evitar prácticas de alto riesgo en el exterior, estar atentos a las alertas y colaborar con las autoridades para reducir el impacto de una temporada que, de confirmarse el incremento de calor y sequía, podría acumular costos humanos y ambientales importantes.