Artemis II: cuatro astronautas se enfilan hacia la luna en una misión de 10 días, con Jeremy Hansen al frente

Paráfrasis en español, con lenguaje claro y cercano, sobre la misión Artemis II: un viaje de diez días alrededor de la luna para probar sistemas, entrenar a la humanidad y allanar el camino hacia futuras misiones en la superficie lunar.

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Es un momento emocionante: cuatro #astronautas —el canadiense Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, y los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch— se embarcan en una misión de diez días alrededor de la luna.

Artemis II llega con la promesa de hacer pruebas extenuantes en la nave #Orion y en sus ocupantes, y de sentar las bases para futuras misiones que podrían tocar la superficie lunar.

El lanzamiento desde la NASA, desde el Kennedy Space Center, marcó un hito: tras décadas sin tripulación en el #espacio profundo, las agencias espaciales vuelven a enviar a personas más allá de la órbita terrestre baja con un fin claro: entender mejor cómo vivir y trabajar en aquel entorno y demostrar que la #tecnología funciona de forma integrada.

El despegue se dio en un cielo despejado, y las gradas se llenaron de gente que vitoreaba el inicio de una nueva era. Según la NASA, tras un breve parón, los dos propulsores sólidos blancos se separaron y cayeron al océano, seguidos por la etapa central. Los astronautas, lejos de partir de inmediato hacia la luna, emprenderán primero una fase de aproximadamente 25 horas en órbita terrestre para poner a prueba la maniobrabilidad de Orion y la capacidad de control del sistema de propulsión.

Durante este tramo inicial, el Propulsor de Etapa de Propulsión Criogénica Intermedia (ICPS) elevará Orion a una órbita alta y, a la vez, se separará para que la cápsula pueda ensayar maniobras cercanas a su compañero, el ICPS, sin perder de vista la seguridad.

Al final de estas pruebas iniciales, el ICPS volverá a entrar en la atmósfera y terminará su misión en el Pacífico.

Una vez cumplidos estos chequeos en la Tierra, la tripulación desplegará varios experimentos en CubeSats: satélites pequeños y económicos que servirán para estudiar técnicas de comunicación, ciencia básica y otras tecnologías, todo en un entorno real de vuelo.

En la segunda jornada, los astronautas realizarán una maniobra llamada translunar injection burn (TLI), que les colocará en una trayectoria directa hacia la luna.

Este no es un viaje turístico: la tripulación está dedicada a poner a prueba sistemas y a conducir experimentos que ya habían empezado en tierra, con especial atención a cómo reacciona el cuerpo humano en el vacío y la microgravedad.

En el tercer día realizarán una demostración de resucitamiento cardiopulmonar en ingravidez, una tarea que, a pesar de sonar simple, exige una precisión milimétrica cuando se ejecuta en un entorno sin peso.

También se pondrán a prueba las comunicaciones a través de la Red de Espacio Profundo (DSN), un sistema global de antenas en lugares como Goldstone (California), Madrid y Canberra.

Esta red ha sido crucial para misiones históricas, desde las sondas Voyager, que aún envían señales desde el borde del sistema solar, hasta misiones modernas de exploración.

El cuarto día será relativamente tranquilo, con una inyección orbital y una revisión de los planes de imágenes de la pasada lunar. El quinto día se practicarán maniobras rápidas para vestirse y presurizarse con los trajes espaciales, un ejercicio crucial para cualquier actividad extravehicular futura.

El día de mayor expectación llega en el sexto: los astronautas se acercarán a la luna

El día de mayor expectación llega en el sexto: los astronautas se acercarán a la luna, la rodearán y tomarán imágenes de la cara oculta, un lado que rara vez se ve desde la Tierra.

Estas imágenes no serán simples recuerdos, sino fotografías enfocadas en regiones científicas de gran interés que no se han observado de cerca desde los orbitadores actuales.

Aunque ya hay historia de décadas de vuelos hacia la luna, lo que se observa durante #Artemis II podría ofrecer perspectivas diferentes gracias a tecnologías modernas y a la experiencia acumulada de plataformas como Orion.

En la parte de la comunicación, por ejemplo, los astronautas podrán experimentar un rendimiento de enlace sofisticado cuando estén alejados de la vista directa de la Tierra.

Además, se contemplan posibles momentos de pérdida de señal (LOS) cuando la nave esté en la cara lejana de la luna, durante los cuales Earth no podrá recibir datos durante unos minutos, algo que todas las misiones deben gestionar con autonomía y planificación.

El séptimo día suele ser de descanso para la tripulación, pero no deja de haber interacción con científicos en Tierra que observan y analizan las imágenes y los datos.

En los días 8 y 9 se ponen a prueba soluciones de protección frente a la radiación y la pilotación manual de Orion, junto con un traje diseñado para ayudar a regular el flujo sanguíneo —un detalle práctico para la salud de los astronautas en un entorno tan exigente.

El décimo día marca el regreso a casa y se evalúa la efectividad de la escudilla térmica de Orion, un módulo clave que ya mostró debilidades durante Artemis I cuando no tripulada, y que #NASA asegura haber corregido.

A nivel histórico, Artemis II encaja en una tradición de esfuerzos para ir más allá de lo que hizo el programa Apolo. Apollo permitió que hombres y mujeres de la NASA, junto a una serie de agencias y contratistas, llegaran a la superficie lunar entre 1969 y 1972, y más allá de las misiones que siguieron, cada programa ha aportado conocimientos sobre cómo vivir, trabajar y mantener la seguridad en un entorno tan hostil.

Artemis plantea un avance en la durabilidad de las naves, en las técnicas de muestreo científico y en la colaboración internacional, que ya cuenta con la participación de astronautas de la CSA.

En la visión a corto plazo, Artemis III se plantea como la misión que podría aterrizar de nuevo a humanos en la superficie lunar; Artemis IV está previsto para un retorno más ambicioso, con planes de operar en órbita baja terrestre y acercarse con un módulo lunar desarrollado por Blue Origin o SpaceX, mientras que el conjunto de misiones apunta a que, a finales de la década, la humanidad vuelva a explorar otra vez la región más cercana a la Tierra con una presencia más estable.

En definitiva, Artemis II no es solo un viaje de prueba: es un ensayo general de cómo vivir y trabajar en el entorno lunar, con tecnología, entrenamiento y cooperación internacional para un objetivo que ya no es un sueño, sino un plan en marcha para una nueva era de exploración espacial que podría abrir las puertas a misiones aún más ambiciosas en el futuro cercano.