Un informe global identifica 325 especies de peces de agua dulce que migran entre países y alerta sobre obstáculos como presas, degradación de hábitats y pesca excesiva. Pide acción coordinada y medidas de paso seguro para asegurar su supervivencia.
Un informe global reciente revisa la gigantesca travesía de los peces de #agua dulce que cruzan fronteras y advierte que 325 especies están en declive y requieren una acción coordinada para sobrevivir.
Este análisis, publicado a principios de marzo por un consorcio de organizaciones como WWF la Convención sobre la Conservación de Especies Migratorias de Animales Silvestres y la Universidad de Nevada, deja claro que cuando estas especies se mueven entre países la gestión debe hacerse a escala regional.
Un ejemplo impresionante es el dorado, un enorme pez gato de agua dulce que realiza una travesía que puede alcanzar los 11.000 kilómetros. Su ruta lo lleva desde el estuario amazónico en el norte de Brasil hacia las tierras altas de los Andes en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil.
Es una migración que acompaña toda la vida de estos peces, nacen, crecen, desovan y repiten el ciclo a lo largo de décadas.
Pero ese viaje está cada vez más dificultado. Las grandes #presas que impiden subir por los ríos son solo la punta del iceberg. También hay degradación de hábitats, llanuras de inundación convertidas en zonas de cultivo, riberas erosionadas y extracciones de grava y arena que destruyen los lugares de desove.
Y no menos importante, la pesca excesiva de estas especies reduce las poblaciones que ya están bajo presión. En conjunto estos obstáculos ponen en riesgo la supervivencia de muchos de estos peces migratorios.
La anguila americana es otro ejemplo citado en el informe. Aunque su estatus en muchos lugares no está claro, los científicos señalan que estos peces pueden recorrer grandes distancias desde el Atlántico hacia los grandes lagos de Norteamérica, enfrentándose a grandes #hidroeléctricas y a la mortalidad asociada a las turbinas.
Su historia ilustra bien lo que ocurre cuando esas rutas no tienen ventanas de salida seguras y cada obstáculo se paga con vida de peces.
Aun así estas migraciones no son solo un drama de números. Tienen un valor tremendo para las personas y los ecosistemas. Estos peces reciclan nutrientes entre océano y agua dulce, alimentan bosques al impulsar la productividad de las riberas y en algunos lugares casi actúan como una red de seguridad alimentaria para comunidades con pocos recursos.
Hoy en día algunas sociedades dependen de su llegada estacional para cubrir necesidades básicas lo que realza la importancia de conservar sus rutas migratorias.
¿Y qué se puede hacer? La solución se resume en dos palabras paso seguro. Avances técnicos como pasos de peces y otros conectores entre tramos de río pueden marcar la diferencia siempre que haya coordinación entre los países por donde pasa la ruta.
En Canadá existe cooperación entre Estados y provincias para la anguila y la experiencia se valora, pero no es universal en otros lugares falta voluntad política o recursos para construir infraestructuras y monitorear sus efectos.
Los científicos insisten en que para que funcionen debe haber un marco de #cooperación internacional real acuerdos que obliguen a mantener libres las rutas de desove compartir datos y financiar prácticas de pesca responsables
La buena noticia es que existen vías para incrementar esas migraciones de forma sostenible. Los científicos insisten en que para que funcionen debe haber un marco de cooperación internacional real acuerdos que obliguen a mantener libres las rutas de desove compartir datos y financiar prácticas de pesca responsables.
Y sobre todo hay que hacer que la gente conozca estas historias. Los responsables de investigación sostienen que si más personas entienden por qué estos peces son tan importantes para los ecosistemas apoyarán las medidas necesarias.
El debate global dio un paso adelante a finales del año pasado cuando una conferencia de las Naciones Unidas centrada en especies migratorias reunió a países de la cuenca amazónica para acordar medidas concretas.
Los asistentes trazaron un mapa de ruta para proteger estas especies y si se cumplen los compromisos la situación podría mejorar en cinco o diez años.
El camino es largo, pero el mensaje es claro: sin cooperación y sin paso seguro los #peces migratorios que realizan viajes que a veces duran décadas pueden perder su ruta de vida y con ello un legado natural que también sostiene a las personas.
