La ciudad de peces de Lake Huron: miles de especies buscan refugio en las aguas cálidas de la central Bruce

Un dron submarino captura una gran concentración de peces junto a la central Bruce en Lake Huron, un fenómeno provocado por el calor de las aguas de refrigeración y los cambios en el ecosistema de los Grandes Lagos.

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En las aguas tibias que salen de la mayor central nuclear de Ontario, cerca de Tiverton, #Lake Huron está dando una imagen que no se ve todos los días: miles de peces agrupados alrededor de la salida de refrigeración de la planta Bruce Nuclear Generating Station.

Esta escena, capturada con un dron submarino que cuesta unos 250.000 dólares y que es uno de los pocos a nivel mundial y el único que opera en agua dulce, mostró en 4K algo que a muchos les hace pensar en una ciudad submarina.

El material fue grabado por los cineastas Yvonne Drebert y Zack Melnick, como anticipo de un #documental que explorará el mundo oculto bajo los #Grandes Lagos y su fauna, un ecosistema de gran tamaño que es clave para millones de personas.

El plan era simple en la idea y complejo en la ejecución: se grabó el flujo de #agua caliente que sale de Bruce Nuclear Generating Station, situado junto al lago, y se siguió la escena para entender por qué tantos peces eligen este entorno.

La grabación se hizo antes de una retransmisión en directo organizada para el Día de la Tierra, con la promesa de mostrar una cara menos conocida de los lagos más grandes de agua dulce del planeta.

Lo que se ve, dicen los científicos, es un paisaje que parece ir a la deriva entre el refugio y la abundancia, una mezcla que parece atractiva para los peces, pero que plantea preguntas sobre la salud del ecosistema.

Entre las especies que aparecieron en estas imágenes hay al menos una docena: desde las plateadas y rápidas gizzard shad hasta el bigmouth buffalo, pasando por el walleye o lucioperca, bowfin, salmones, truchas, bagres y carpas.

En las tomas se observan grupos masivos que, al sol, brillan como una especie de ciudad submarina. Aunque para muchos espectadores esa concentración puede parecer una buena noticia, los científicos advierten de que puede no ser un signo de abundancia general, sino más bien una señal de que el hábitat principal del lago podría estar padeciendo cambios.

La teoría que maneja el equipo de investigación, liderado por académicos como Nicholas Mandrak, biólogo de la Universidad de Toronto, es que las plumas térmicas que genera la salida de agua caliente crean un oasis de alimento: el calor acelera el ciclo de nutrientes y favorece el crecimiento de algas.

Eso, a su vez, atrae a peces que se alimentan de esas algas y de pequeños invertebrados, y provoca que depredadores sigan la pista. Pero a la vez, esa abundancia aparente podría esconder una debilidad: si la fuente principal de alimento en el lago llega a ser escasa, los peces se desplazan a estas zonas de pluma térmica en busca de comida, lo que indica que el lago podría haber cambiado de forma estructural por la combinación de factores como la presencia de especies invasoras.

Entre esas especies invasoras destacan las almejas zebrales y quaggas, introducidas en los Grandes Lagos hace décadas. Llegaron principalmente a finales de los años 80 en el agua de lastre de barcos procedentes de Europa y se afianzaron rápidamente. Su modo de vida, al filtrarse el agua para alimentarse, ha reducido el plancton disponible para otras especies y ha alterado la cadena alimentaria. Los responsables de la investigación señalan que, si antes había suficiente comida en el lago para sostener grandes poblaciones de peces, hoy esa dinámica está cambiando y los peces pueden verse forzados a buscar alimento en las plumas térmicas.

En estas circunstancias, la “ciudad de peces” podría ser más un síntoma que una señal de prosperidad.

El calentamiento de las aguas y la llegada de especies invasoras pueden afectar no solo a la fauna

Los científicos también advierten sobre el impacto sobre las comunidades humanas que viven junto al lago. La Nación Saugeen Ojibway, que depende de pesquerías como la del pez blanco del lago, ha observado cambios en la disponibilidad de especies clave. El calentamiento de las aguas y la llegada de especies invasoras pueden afectar no solo a la fauna, sino a la pesca local y a la seguridad alimentaria de comunidades que han dependido del lago durante generaciones.

Las autoridades y los expertos subrayan la necesidad de vigilar de cerca estos cambios y de entender cómo el calor de las fuentes industriales podría estar modificando la #ecología de Lake Huron a largo plazo.

El propio lago es una pieza fundamental para la economía y la vida diaria de más de 40 millones de personas en la región de los Grandes Lagos y más allá: aporta agua para beber, facilita el transporte y sostiene la pesca y la agricultura.

Por ello, cada hallazgo como el de la ciudad de peces llama la atención de científicos, autoridades ambientales y responsables de la gestión del agua.

¿Qué nuevas dinámicas traerá el #cambio climático y qué papel jugarán las instalaciones industriales en los ecosistemas locales? Estas preguntas quedan en el aire mientras el equipo de la película y de la retransmisión en directo invitan a reflexionar sobre el papel de los grandes cuerpos de agua en un mundo que cambia.

Más allá de Lake Huron, el fenómeno de las plumas térmicas está presente en otros lagos de la cuenca y, según Mandrak, es un recordatorio de que el cambio climático, las especies invasoras y la actividad humana están transformando los lagos en maneras que a veces son difíciles de interpretar para el gran público.

En esa línea, el proyecto documental Hidden Below: the Great Lakes pretende ayudar a la gente a entender lo que pasa por debajo de la superficie, mostrando lugares y procesos que no suelen verse en las noticias.

En resumen, la aparición de una especie de ciudad de peces junto a la salida de agua caliente de Bruce no es solo una curiosidad: es un indicador de que el ecosistema de Lake Huron está cambiando.

Si bien la imagen de millones de peces puede resultar atractiva, los científicos piden cautela y más investigación para entender qué significa realmente ese cambio para el futuro de los grandes lagos y para las comunidades que dependen de ellos.

Y, sobre todo, para saber si estamos ante una señal de adaptación o ante un aviso de que el equilibrio está perdiéndose y hay que actuar para proteger este tesoro de agua dulce que alimenta a millones de personas.