La historia de Doreen Buhler, que a los 96 años dejó su cuerpo a la Universidad de Alberta para que la anatomía y la medicina avanceren. Una crónica de vida, memoria y enseñanza para las futuras generaciones de médicos.
En Edmonton, Canadá, la #Universidad de Alberta rindió homenaje a una donante que convirtió su último deseo en una lección para los futuros médicos.
Doreen Edna Buhler, que falleció a los 96 años, dejó claro que quería donar su cuerpo a la #Anatomical Gifts Program de la facultad de medicina, para que las próximas generaciones aprendieran con el cuerpo que la acompañó a lo largo de su vida.
“El cuerpo humano es un maestro profundo”, resume una de las ideas que se repiten en cada servicio conmemorativo dedicado a quienes donan su cuerpo para la enseñanza.\n\nLa historia de Buhler es, en buena medida, la historia de una vida trabajadora y resiliente. Nacida en 1928 en una granja cerca de Edmonton, dejó el hogar rural tras el fallecimiento de su padre y se trasladó a la ciudad para empezar de cero junto a su marido, con quien trabajó en un negocio familiar de comida en Edmonton.
Quedó viuda a los 39 años, y sacó adelante a sus trece hijos desempeñando múltiples papeles: panadera, pastelera y cocinera en cocinas de la ciudad.
Su trayectoria es un relato de esfuerzo, fe y dedicación, que los familiares y amigos recordarían en la ceremonia anual de donantes.\n\nAntes de morir en 2024, Buhler habló con su familia sobre su decisión. Sus hij@s describieron que su voluntad fue un acto de servicio: compartir lo aprendido durante toda una vida para que alguien más pudiera formarse y, en última instancia, salvar vidas.
La familia contó que la donación era para ella una forma de dejar un legado tangible, una especie de “no voy a desaparecer del todo” a través de la enseñanza que su cuerpo podría ofrecer a futuras generaciones de médicos.\n\nEl memorial anual de la facultad de medicina, celebrado en un aula de la Universidad de Alberta, reunió a cientos de personas. Los nombres de #donantes se leyeron en voz alta, seguido de un momento de silencio. Las familias recibieron rosas amarillas, símbolo de gratitud y memoria. El Dr. David Williams, jefe del departamento de cirugía, recordó que las donaciones son una parte fundamental de la educación clínica y que las familias merecen un reconocimiento por su generosidad.
Es poner los cuerpos a disposición de estudiantes y personal docente de distintas disciplinas: medicina
“El cuerpo humano es un maestro profundo. Una donación así es un regalo”, dijo durante la sesión.\n\nLa labor del programa de regalos anatómicos, que funciona desde 1921, es poner los cuerpos a disposición de estudiantes y personal docente de distintas disciplinas: medicina, odontología, kinesiología, terapia física y educación física.
Según el coordinador del programa, Jason Papirny, cada año llegan entre 50 y 80 donaciones, y ya son más de 10.000 personas las que han manifestado su intención de donar. El programa ofrece además la posibilidad de que las familias recuperen los restos o que sean cremados y esparcidos en un lugar particular, mantenido por la universidad en un cementerio de Edmonton.\n\nPara quienes estudian medicina, la experiencia de trabajar con cuerpos reales es única y difícil de igualar con la teoría. Margaret Juryn, una estudiante de segundo año, señaló que cada cuerpo tiene historias, cicatrices y particularidades que no se pueden describir en un libro.
Juryn destacó que aprender así exige valor y humildad, y que ver de cerca las variaciones que la vida deja en el cuerpo ayuda a entender la diversidad de los pacientes.
Su relato, así como el de otros alumnos, subraya la idea de que una donación no solo enseña anatomía, sino también ética, empatía y responsabilidad profesional.\n\nPara la familia de Buhler, el cierre llega con la certeza de haber contribuido a algo mayor que su propia historia. Sus hijos planean enterrar sus cenizas junto a las de su esposo, cerrando así un círculo que empezó en una cocina de barrio y terminó en un aula universitaria.
Esta historia de vida y donación se inscribe dentro de una tradición de siglos en la que la ciencia médica encuentra en la generosidad de los donantes una base para enseñar, investigar y avanzar.
A nivel histórico, los programas de donación anatómica han permitido que miles de estudiantes se formen en condiciones reales, promoviendo avances médicos que hoy dan forma a la práctica clínica.
En ese sentido, Buhler y las personas que la precedieron en este camino son parte de una memoria colectiva que, cada año, se renueva con cada nombre leído y con cada rosa que se entrega a las familias.\n
