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El AMOC se ralentiza y podría acercarse a un punto de no retorno: qué efectos podría tener para Atlántico Canadá

Un estudio científico advierte que la Corriente Meridional de Vuelco Atlántica (AMOC) ya reduce velocidad y podría acercarse a un umbral crítico. Las consecuencias podrían sentirse en Atlántico Canadá y a nivel global, con impactos en clima, nivel del mar y ecosistemas.

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En pocas palabras, la #AMOC es la gran cinta transportadora de calor que recorre el Atlántico. Lleva agua caliente desde el trópico hacia el norte, se enfría y se hunde en las capas profundas, y desde ahí regresa hacia el sur para volver a empezar.

Este mecanismo no es solo una curiosidad: regula el #clima mundial, influye en el tiempo que hace en nuestras costas y sostiene muchos ecosistemas marinos.

Si la AMOC se debilita demasiado, los efectos podrían ir mucho más allá de una ola de frío o calor en una región concreta. Podría haber cambios globales en climate patterns, con efectos en agricultura, pesca y la frecuencia de tormentas. \n\nUn estudio reciente de la Universidad de Miami, que analizó datos de cuatro puntos diferentes del Atlántico, incluido el borde de la plataforma Scotian frente a Nueva Escocia, encontró que la AMOC ya se ha desacelerado entre un 10% y un 20% en las últimas dos décadas.

Este hallazgo refuerza lo que muchos modelos climáticos habían adelantado durante años: que la corriente de retorno del Atlántico podría perder fuerza a medida que el planeta se calienta.

El equipo de investigación explicó que el calentamiento de la superficie oceánica reduce la densidad de esas aguas superficiales, lo que dificulta su hundimiento en el Atlántico norte y, por tanto, ralentiza la circulación completa.

El resultado es un flujo más débil que podría persistir y agravarse con el tiempo. \n\nLos modelos climáticos han ofrecido predicciones distintas sobre cuándo ocurriría un debilitamiento mayor, pero este estudio logró acotar mejor esas incertidumbres al contrastar predicciones con datos reales.

Según uno de los investigadores, las versiones más pesimistas, que pronostican un debilitamiento mayor para 2100, coincidían más con lo observado y apuntaban a una fuerza de la AMOC que sería solo la mitad de la que hay ahora.

Eso no es trivial: si se confirma, estaríamos acercándonos a un punto de no retorno, tras el cual, incluso si redujéramos las emisiones, la caída podría seguir adelante por autocombustión de la propia atmósfera y el océano.

\n\nSi la AMOC continúa debilitándose y/o colapsa, los impactos llegarían de forma rápida y contundente. En términos de nivel del mar, la costa norteatlántica podría experimentar aumentos significativos, estimados entre varios cientos de milímetros y un metro, dependiendo de la región y de otros factores climáticos.

En Atlantic Canada, esto supondría desafíos para infraestructuras costeras, puertos y comunidades que ya lidian con retrocesos de costa y temporales extremos.

Profesor de Oceanografía en la Dalhousie University

\n\nEn Canadá atlántico, expertos como Douglas Wallace, profesor de Oceanografía en la Dalhousie University, señalan que el debilitamiento de la AMOC podría ir acompañado de cambios en las corrientes que rodean la región.

Por ejemplo, la corriente Labrador podría perder fuerza, mientras que el Gulf Stream podría desplazar sus patrones, haciendo que las aguas frente a Nueva Escocia sean más cálidas de lo habitual.

Aunque a simple vista el calor podría parecer una ventaja para algunas actividades, también podría traer tormentas más intensas, inviernos más turbulentos y, a la larga, condiciones menos propicias para ciertas especies marinas que dependen de niveles de oxígeno más altos y de aguas más frías.

Además, el aumento de temperatura y la menor ventilación de las capas profundas pueden afectar la pesca y la biodiversidad marina. \n\nPero no todo es pesimismo extremo. Los científicos insisten en que hay una vía clara para reducir el riesgo: actuar sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y avanzar de forma acelerada hacia una economía de bajas emisiones.

En palabras de Stefan Rahmstorf, investigador del Potsdam Institute for Climate Impact Research, la clave no es esperar más datos, sino reducir el peligro real que implica este fenómeno y cumplir con compromisos como los del Acuerdo de París, acelerando la transición fuera de los combustibles fósiles.

\n\nHay también una lección histórica que acompaña a esta discusión. En el pasado, periodos de cambios rápidos en la circulación oceánica han coincidido con eventos climáticos abruptos. Por ejemplo, hace unos 12.000 años, durante la transición de la última glaciación, se registraron alteraciones bruscas en la circulación oceánica que afectaron al clima regional.

Si la AMOC actual se está acercando a un umbral, el impacto podría ser similar en escalas regionales y globales, con efectos que exigirían respuestas políticas y de planificación mucho más robustas de cara al futuro.

\n\nLa pregunta clave, por tanto, no es si la AMOC podría colapsar, sino cuándo y con qué intensidad. Los científicos advierten que el tiempo para reducir riesgos pasa por acciones concretas ya: acelerar la descarbonización, restringir la quema de combustibles fósiles y reforzar la observación oceánica para estar preparados ante cambios acelerados en los patrones de circulación y en el nivel del mar.

Mientras tanto, la región de #Atlántico Canadá mira con atención: la #ciencia avanza, pero la decisión de los responsables debe avanzar más rápido, para evitar que una amenaza natural se convierta en una imposición de coste humano y económico en el corto y medio plazo.

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