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Hace 5.500 años, una peste entre cazadores-recolectores de Siberia dejó a varios niños muertos; así cambió nuestra visión de la historia de la enfermedad

Un equipo internacional identifica la primera gran brotación de peste en una comunidad de cazadores-recolectores junto al lago Baikal, hace 5.500 años. El hallazgo, con ADN antiguo de Yersinia pestis, sugiere transmisión entre humanos y revisa la idea de que la peste empezó solo en ciudades medievales.

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Un equipo internacional de investigadores ha resuelto un enigma que llevaba décadas intrigando a los especialistas: ¿por qué, hace 5.500 años, murieron de forma tan brutal varios niños en una comunidad de cazadores-recolectores junto al lago Baikal, en Rusia? La respuesta no es un simple dato de época, sino una revelación sobre los orígenes de la #peste que cambia nuestra forma de entender esta enfermedad.

El trabajo, publicado en Nature, demuestra que la peste ya circulaba entre grupos humanos mucho antes de las grandes ciudades de la Edad Media y que, en esa época, podía transmitirse entre personas de comunidades pequeñas y dispersas.

El hallazgo proviene de un yacimiento arqueológico que arroja luz sobre una tumba compartida en la que se amontonaban restos de niños y jóvenes. Entre las osamentas se hallaron dos medias hermanas, una de unos 10 años y otra de unos 6, junto a un niño no emparentado de alrededor de 12 años. Los científicos extrajeron ADN de la bacteria que causa la peste y confirmaron que estaba presente en ese niño, lo que convierte ese lugar en la prueba más temprana de un brote pestilente en una población tan poco jerarquizada.

Este detalle es clave porque indica que la infección no dependía de una gran urbe para propagarse, sino que podía atravesar comunidades pequeñas y mal conectadas.

Entre los autores del estudio figura Ruairidh Macleod, experto en #ADN antiguo de la Universidad de Oxford, encargado de desentrañar las relaciones familiares entre los restos y, de paso, de buscar signos de patógenos.

También colaboraron Andrzej Weber y Angela Lieverse, arqueólogos que han trabajado durante décadas en la región. Lieverse, especialista en anatomía de los huesos, explica que las señales de infección quedan poco visibles en los esqueletos; sin embargo, la combinación de pruebas óseas y ADN antiguo permitió identificar con claridad a la bacteria Yersinia pestis.

La cepa hallada presenta una característica sorprendente: contiene un “superantígeno” que puede disparar respuestas inflamatorias extremas, especialmente en niños, lo que ayuda a entender por qué las víctimas infantiles fueron tan numerosas y tan afectadas.

Por otro lado, la cepa no llevaba los genes necesarios para una transmisión eficiente por pulgas, lo que en otros contextos ha sido clave para la expansión de la peste bubónica.

Esto sugiere que, al menos en este episodio, la transmisión podría haber sido mayormente de persona a persona, dentro de unidades familiares o grupos cercanos, antes de proliferar entre comunidades más amplias.

La evidencia más antigua de una peste comparable databa de unos 5

Los investigadores señalan que, hasta ahora, la evidencia más antigua de una peste comparable databa de unos 5.200 años, pero esa variante carecía de la capacidad de propagarse bien a través de pulgas y roedores. El descubrimiento en Baikal cambia esa línea de tiempo y muestra que la enfermedad ya podía adaptarse a modos de transmisión complejos mucho antes de lo que se pensaba.

El equipo recuerda que, en la región de Baikal, la peste era endémica incluso hoy, ligada a la fauna local como las marmotas, que podían aparecer en las prácticas de caza y consumo de los pueblos antiguos.

Este hallazgo no solo reescribe fechas y genes; también ofrece una #historia muy humana. Lieverse describe la escena como una historia triste y poderosa: un puñado de niñas y jóvenes que perdieron la vida de forma devastadora. Entender su historia no es trivial curiosidad histórica: nos ayuda a comprender cómo las enfermedades se comportan, evolucionan y, a veces, remodelan comunidades enteras.

En conjunto, el estudio de Baikal demuestra que las pandemias no nacen exclusivamente en ciudades o nodos de gran densidad; pueden originarse y extenderse entre grupos itinerantes y pequeños, cuando las condiciones sociales y ecológicas lo permiten.

Además, subraya el valor del ADN antiguo para reconstruir la historia de las enfermedades y, con ello, aprender lecciones para la salud pública actual y futura.

En definitiva, este trabajo nos obliga a mirar la historia desde otra perspectiva: la de la microbiología, la genética y la #arqueología unidas para desentrañar cómo una bacteria puede haber cambiado la vida de criaturas tan jóvenes y vulnerables en un pasado remoto, y cómo esa historia sigue informando nuestra comprensión de las enfermedades infecciosas hoy.