Grizzly en Alberta: grupos piden base científica antes de cualquier caza y advierten sobre la falta de datos

Con organizaciones conservacionistas exigiendo un enfoque basado en la ciencia para una posible caza regulada de osos grizzly, el debate en Alberta se centra en la ausencia de datos poblacionales recientes y en cómo equilibrar seguridad pública, fauna y intereses de la comunidad.

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Con grupos conservacionistas insistiendo en que cualquier apertura de la caza de osos #grizzly en #Alberta debe basarse en evidencia científica, la conversaciones sobre el tema han ganado peso en la provincia.

Según estas organizaciones, la provincia no tiene estudios poblacionales actuales de grizzly desde 2018, lo que dificulta justificar una caza regulada basada en datos fiables.

En resumen, piden un enfoque que ponga la #ciencia por delante de cualquier decisión política o de presión de ciertos actores locales.

El mes pasado, la Rural Municipalities of Alberta (RMA) impulsó una resolución para instar al gobierno provincial a implementar una caza regulada de grizzly mediante un sistema de sorteo.

Dicen que, bajo un marco bien diseñado, la caza podría ayudar a gestionar conflictos entre humanos y osos y a proteger bienes, siempre que se apoye en una gestión basada en ciencia sólida que permita mantener la población de grizzly en niveles sostenibles.

Sin embargo, los conservacionistas señalan que esa base científica apenas existe en estos momentos.

La Alberta Wildlife Federation ha indicado que podría apoyar una “caza limitada” si se justifica como parte de un plan de manejo, pero advierte que cualquier caza regulada debe fundamentarse en la necesidad de preservar la población y equilibrar la seguridad de las personas y la protección de la propiedad.

En otras palabras, no se trata de cazar por cazar, sino de gestionar un recurso natural con criterios claros y transparentes.

La preocupación comunitaria se ha visto reforzada por un incremento percibido de interacciones entre humanos y osos en el suroeste de la provincia.

Uno de los hechos citados fue un ataque de un oso grizzly con cachorros cerca de Cardston, incidente que dejó a un pescador herido el verano pasado y que ha encendido alarmas sobre la convivencia con grandes carnívoros en zonas de uso recreativo y agrícola.

El gobierno provincial, por su parte, sostiene que su enfoque de gestión se guía por la ciencia y el asesoramiento de expertos, con objetivos de seguridad pública, reducción de conflictos y mantenimiento de poblaciones de osos grizzly sostenibles.

En su mensaje público, afirman que Alberta está dedicada a proteger tanto a la gente como a la vida silvestre mediante una gestión responsable de los osos, sin entrar aún en detalles sobre una posible apertura de la caza.

Para grupos como la Alberta Wilderness Association

Sin embargo, para grupos como la Alberta Wilderness Association, la evidencia disponible no es suficiente para justificar una caza de grizzly. Ruiping Luo, especialista en conservación, señaló que, aunque reconocen la amenaza que los osos pueden representar para el ganado y la seguridad pública, falta transparencia y hay muy pocos datos actuales sobre la población.

“La mayor parte de las estimaciones de población datan de hace ocho años o más”, afirmó. “No hay un estudio provincial reciente de números de grizzly; gran parte de lo que sabemos hoy es especulación.”

Es relevante recordar que los grizzly en Alberta fueron considerados especie amenazada desde 2010, con estimaciones de menos de 1.000 adultos maduros en ese momento. En 2024, el gobierno provincial afirmó que la población había aumentado, superando los 1.150 individuos y expandiéndose hacia zonas más pobladas. Aunque la caza de grizzly está prohibida desde 2006, existen excepciones: cazadores indígenas pueden cazar para subsistencia o fines culturales, y desde 2024 se permite a ciertos cazadores aprobar un programa de respuesta a conflictos para eliminar osos problemáticos en circunstancias puntuales.

Los defensores de la #conservación también señalan que el objetivo no debería centrarse en la caza, sino en soluciones no letales y en un plan de recuperación y coexistencia.

Propuestas como fortalecer el programa BearSmart, aumentar la vigilancia, y asegurar fondos para investigación y mitigación de conflictos han sido respaldadas por distintos grupos.

Se ha planteado incluso terminar el actual Plan de Recuperación del Grizzly (vigente desde 2008) y sustituirlo por un nuevo plan de manejo que priorice la reducción de mortalidad humana, la conservación del hábitat y la participación de comunidades locales.

La discusión también ha puesto sobre la mesa la necesidad de invertir en investigación. El propio Stenhouse, biólogo que ha trabajado extensamente en el tema, señaló que los costos y el tiempo que requieren estos estudios son altos. Aun así, afirmó que las cifras de población deben seguirse monitoreando, especialmente en áreas donde hay conflictos y en zonas de desarrollo humano que invaden el hábitat de los osos.

En 2025, un correo obtenido por CBC sugiere que hubo una oportunidad para estudiar la población de grizzly, pero la provincia mostró reticencia a gastar el dinero necesario.

En definitiva, el debate en Alberta no se limita a si se debe o no cazar, sino a si se dispone de un marco sólido que asegure que cualquier acción está respaldada por datos, transparencia y planificación a largo plazo.

Si se avanza hacia una caza regulada, los defensores de la conservación exigen criterios claros, evidencia verificable y mecanismos de evaluación para saber si la población de grizzly se mantiene estable o mejora, y para evitar que las medidas de gestión terminen provocando más conflictos o daños a la biodiversidad de la región.

Mientras tanto, la población está atenta a cómo equilibrar la seguridad, los intereses de los ganaderos y residentes, y la necesidad de conservar una especie que forma parte de la identidad natural de Alberta.