Un ataque con aviones no tripulados alcanzó las inmediaciones del Centro de Almacenamiento de Combustible Nuclear Gastado junto a la central de Chernóbil, provocando un incendio. Energoatom asegura que no hay fuga radiactiva y la OIEA ha declarado el incidente de particular gravedad, enviará inspectores para comprobar el impacto.
En la madrugada de este fin de semana, el Gobierno ucraniano confirmó que un ataque con aviones no tripulados rusos alcanzó las inmediaciones del Centro de Almacenamiento de Combustible Nuclear Gastado, conocido como CSSF, situado junto a la central de Chernóbil, en la famosa zona de exclusión.
El objetivo, según las autoridades, era dañar una instalación clave para el tratamiento y almacenamiento de combustible nuclear gastado, una operación delicada que requiere controles muy estrictos y supervisión constante.
El ataque ocurrió aproximadamente a las dos de la madrugada y dejó un incendio en las instalaciones del CSSF, un edificio de recepción de contenedores que, según Energoatom, sufrió graves daños materiales.
Afortunadamente, la empresa estatal afirma que el foco del incendio fue localizado de inmediato y completamente extinguido. En ese momento, no se registraron heridos entre el personal. La radiación en las instalaciones centrales de almacenamiento de combustible nuclear, afirman, se mantiene dentro de los límites normales y sin indicios de fuga.
Ucrania informó al Organismo Internacional de la Energía Atómica (IAEA), cuyo equipo en #Chernóbil planea visitar próximamente las instalaciones para inspeccionar el impacto y verificar el estado de las instalaciones.
El director general de la agencia, Rafael Mariano Grossi, advirtió de que el incidente es sumamente preocupante porque ocurrió en una instalación que contiene grandes cantidades de material nuclear, almacenado a pocos metros del edificio atacado.
Grossi añadió que los ataques contra instalaciones nucleares son totalmente inaceptables y contravienen directamente los principios fundamentales de seguridad nuclear, especialmente cuando se está en medio de conflictos.
Este episodio llega en un contexto de gran tensión en la región y subraya, de nuevo, lo frágiles que pueden ser las infraestructuras críticas cuando caen en medio de una contienda militar.
El CSSF, según Energoatom, es un edificio de recepción y almacenamiento de contenedores con combustible gastado que, pese a su importancia, se mantiene bajo control tecnológico para evitar cualquier posible liberaciónradiactiva.
La ofensiva ucraniana en el este se mantiene estancada ante la férrea defensa rusa
Las tropas ucranianas luchan por avanzar en su contraofensiva en el sur y este del país mientras las fuerzas rusas no escatiman recursos para detenerlos. A pesar de los avances mínimos, las bajas aumentan y las defensas rusas se mantienen firmes.Este tipo de instalación no es nueva para la región: Chernóbil quedó marcada en 1986 por el peor accidente nuclear de la historia
Desde el punto de vista histórico, este tipo de instalación no es nueva para la región: Chernóbil quedó marcada en 1986 por el peor accidente nuclear de la historia, un suceso que sirvió para impulsar mecanismos internacionales de seguridad y la supervisión de materiales nucleares.
Hoy, la existencia de un almacén de combustible gastado junto a una central de energía nuclear en una zona de conflicto añade una dimensión adicional de preocupación para los países vecinos y para las agencias internacionales.
La OIEA ha dejado claro que mantendrá una vigilancia estrecha y que, más allá de la respuesta técnica, este tipo de ataques plantean preguntas sobre la protección de la población y de las infraestructuras críticas ante conflictos armados.
En España, lectores con un perfil más conservador pueden valorar que la #seguridad nuclear no admite atajos: ante una crisis, las salvaguardas deben ser robustas, las respuestas rápidas y la cooperación internacional rigurosa para evitar que un incidente de guerra escale hacia una emergencia radiológica.
En resumen, el incidente en Chernóbil es un recordatorio duro de que la energía nuclear, cuando se manipula en zonas de conflicto, exige controles muy estrictos, transparencia y la vigilancia constante de organismos internacionales como la IAEA.
La tranquilidad actual de que no hay fuga radiactiva no debe ocultar la urgencia de proteger estas instalaciones, revisar protocolos y asegurar que, ante cualquier agresión, exista una respuesta coordinada que minimice riesgos para la población y el entorno.
