China condena el atentado de Islamabad y refuerza su respaldo a Pakistán ante la violencia

El gobierno chino condena un ataque suicida contra una mezquita en Islamabad, deja decenas de muertos y señala su apoyo al gobierno paquistaní para mantener la seguridad y la estabilidad, mientras la investigación continúa y se atribuye el hecho a un grupo yihadista.

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El ataque tuvo lugar el pasado viernes y, a la altura de este informe, la cifra de víctimas continúa siendo objeto de actualización a medida que llegan informes médicos y forenses desde los hospitales de la capital.

En respuesta, el Gobierno de China emitió un comunicado en el que expresa su más profundo pesar por las pérdidas humanas y reiteró su firme apoyo al Ejecutivo de #Pakistán en sus esfuerzos por preservar la #seguridad y la estabilidad nacionales.

Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino declaró que China condena enérgicamente este atentado, se opone a toda forma de #terrorismo y respalda de manera inequívoca las acciones del Gobierno paquistaní para salvaguardar la seguridad de su población y la integridad de sus instituciones.

Este posicionamiento se enmarca en un marco de cooperación regional para combatir el extremismo y la violencia que afectan a múltiples países de la región y que, según Pekín, suponen una amenaza para la paz y el desarrollo de la zona.

Las autoridades paquistaníes informaron además que, durante la jornada siguiente, cinco heridos que se encontraban en estado crítico fallecieron en los hospitales, lo que elevó el balance de víctimas.

Con 36 muertos y 169 heridos, este atentado es considerado el más letal en la capital desde el ataque contra el hotel Marriott en 2008, un episodio que marcó un antes y un después en la lucha contra el terrorismo en Islamabad.

Las investigaciones continúan y, por ahora, se asume que el autor o autores actuaron con apoyo de redes extremistas; la acción fue reclamando por un grupo yihadista que, de forma presumiblemente verificada, se atribuyó el atentado a través de canales vinculados a la milicia internacional.

Este episodio ha reavivado el debate sobre la seguridad en ciudades capitales que

Este episodio ha reavivado el debate sobre la seguridad en ciudades capitales que, como Islamabad, se ven afectadas por la persistente amenaza de grupos extremistas que han dejado heridas profundas en la sociedad, han dañado la economía local y han tensado las relaciones entre #Islamabad y sus socios regionales.

Históricamente, Pakistán ha enfrentado episodios violentos de gran impacto, y la capital ha vivido momentos de alerta máxima que han llevado a reforzar medidas de seguridad, incrementar la presencia policial y revisar protocolos de protección de lugares de culto y de gran concentración de gente.

En el plano económico y logístico, se ha especulado sobre el coste que estas operaciones de seguridad y de atención a las víctimas podrían implicar para Pakistán.

Presuntamente, los costos directos de respuesta y reconstrucción podrían rondar cifras significativas, estimadas en torno a decenas de millones de euros, aunque estas estimaciones son provisionales y dependen de futuros informes oficiales y de la evolución de la llegada de ayuda internacional.

También se han contemplado escenarios de apoyo humanitario y de cooperación para la recuperación de las comunidades afectadas, con montos que podrían acercarse a ese rango o variar conforme se evalúen necesidades específicas en hospitales, servicios de emergencia y programas de rehabilitación.

Estas cifras no han sido confirmadas de forma definitiva y deben entenderse como estimaciones iniciales sujetas a revisión.

A nivel diplomático, la postura de China subraya la importancia de la estabilidad en Pakistán para la seguridad regional y la lucha compartida contra el terrorismo.

Pekín ha destacado la necesidad de una coordinación estrecha entre países para prevenir nuevos atentados y para proteger a comunidades vulnerables que puedan verse afectadas por la violencia.

En ese marco, la comunidad internacional ha llamado a la prudencia y a la cooperación, evitando la escalada de tensiones y promoviendo esfuerzos para reducir las vulnerabilidades que alimentan la radicalización.