La memoria como guía: Euskadi recuerda Buchenwald y defiende la convivencia europea frente al totalitarismo

La consejera de Justicia y Derechos Humanos de Euskadi participó en Weimar en la conmemoración de la liberación del campo de Buchenwald y subrayó la importancia de la memoria para fortalecer la ciudadanía y la identidad europea. El acto incluyó a estudiantes vascos y de otras comunidades que visitaron memoriales y escucharon testimonios sobre la deportación durante la Segunda Guerra Mundial.

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En Euskadi, la consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José, participó este jueves en Weimar, Alemania, en un acto de memoria que conmemora la liberación del campo de concentración de Buchenwald.

La cita, organizada por la Amical de #Buchenwald con el apoyo del Gobierno Vasco, reunió a personas vinculadas a la #memoria histórica y a jóvenes que han viajado desde Euskadi, Navarra y otras comunidades para conocer los lugares de internamiento que hoy funcionan como memoriales.

El objetivo no era un simple recuerdo sino extraer enseñanzas para el presente: evitar que Europa caiga de nuevo en los senderos del totalitarismo y del odio que marcaron aquella época.

San José insistió en que el proyecto europeo, visto como una voluntad compartida de hermandad y convivencia, no puede dejarse arrastrar por dinámicas que ya empujaron a este continente a una trayectoria oscura hace más de ochenta años.

En su intervención, la consejera recordó que los memoriales deben servir para construir la ciudadanía del presente y del futuro, para tejer #convivencia entre personas distintas y, sobre todo, para reforzar una identidad europea común basada en la democracia, la paz y la defensa activa de los Derechos Humanos.

La sesión de este año coincidió con la conmemoración del 81 aniversario de la liberación de Buchenwald, que tuvo lugar el 11 de abril de 1945. En el marco de la actividad, se explicó que la deportación vasca al campo de Buchenwald dejó huellas profundas. Al menos 55 vascos, todos hombres, estuvieron detenidos allí en algún momento de su periodo de internamiento. Muchos habían sido exiliados en Francia tras perder la Guerra Civil y fueron arrestados durante la ocupación nazi de Francia entre 1942 y 1945. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, al menos 37 de estos compatriotas lograron sobrevivir.

Buchenwald fue uno de los campos más grandes del régimen nazi. En sus años de mayor actividad, recibió aproximadamente 65.000 prisioneros. En total se estima que más de 277.000 personas de más de 50 nacionalidades pasaron por sus alambradas, entre las que se contaban 635 republicanos españoles. Las cifras de mortalidad en el recinto y en los campos externos rondan las 60.000 víctimas.

Además de la memoria in situ, Gogora, con la colaboración de asociaciones enfocadas en la deportación vasca, ha organizado a lo largo del año diversas iniciativas para contribuir a la recuperación de la memoria de las víctimas de la deportación a los campos nazis.

En estas fechas permanece abierta, hasta el 19 de abril, la exposición Memoria de la Deportación. Testimonios vascos de los campos nazis, ubicada en el Centro Cultural Aiete de Donostia. Esta iniciativa forma parte del proyecto Memoria de la deportación 1945-2025, impulsado por Deportazioaren Memoriarako Euskal Koordinakundea 1940-1945 y el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos–Gogora.

Más de dos centenares de vascos padecieron la deportación entre 1940 y 1945 por defender la democracia, representada por el Gobierno Vasco y la Segunda República española.

El propósito de este proyecto es difundir esa memoria y situarla en el centro de la educación cívica

Aun así, la memoria de estas víctimas y su experiencia ha sido, en gran medida, desconocida para gran parte de la sociedad vasca. El propósito de este proyecto es difundir esa memoria y situarla en el centro de la educación cívica, para que las generaciones actuales y futuras entiendan el valor de la democracia y de las libertades frente a cualquier forma de tiranía.

En la jornada de conmemoración también participaron jóvenes estudiantes de secundaria que viajaron a Weimar para conocer de primera mano testimonios y lugares históricos, y para escuchar a familiares de víctimas que siguen transmitiendo sus vivencias.

La consejera, dirigida a estos jóvenes, les recordó el deber de vigilar que la #historia no se repita y de defender un orden internacional multilateral que supere la confrontación y el conflicto cuando aparecen voces que señalan al diferente como un enemigo.

La cita dejó claro que la memoria no es un acto aislado de recuerdo, sino una acción política y pedagógica que busca fortalecer la ciudadanía y alimentar, desde la humildad del pasado, una Europa más cohesionada.

En palabras de San José, las voces de millones de hombres y mujeres que fueron víctimas de esos regímenes deben interpelar a la sociedad actual para que no se repitan las injusticias, y para que la convivencia entre culturas y naciones sea la norma, no la excepción.

Este enfoque se enmarca en una serie de iniciativas institucionales que pretenden convertir la memoria en una herramienta activa para la construcción de una identidad europea compartida, basada en la defensa de la democracia, la paz y los Derechos Humanos, y en la promoción de una ciudadanía informada, activa y comprometida con la defensa de la dignidad humana en cualquier contexto.