Un estudio reciente de Goldman Sachs muestra cómo la ubicación y la calidad de las escuelas públicas están estrechamente vinculadas a la propiedad de vivienda y a la riqueza, con impactos desproporcionados en comunidades de color.
La investigación propone un cuadro en el que la #educación y el mercado de #vivienda se entrelazan para impulsar o frenar la movilidad económica a largo plazo.
Según los analistas, las zonas con escuelas de alto rendimiento y con servicios públicos de calidad tienden a mostrar precios de vivienda más elevados y, a la vez, una participación mayor de propietarios, lo que alimenta la brecha de #riqueza entre dueños de casa e inquilinos.
Estas dinámicas, sostienen, no son meramente transaccionales, sino estructuras que condicionan la trayectoria de las familias durante varias generaciones.
Los autores examinaron datos a nivel de condado para comparar la tasa de propiedad con indicadores de calidad educativa y concluyeron que la calidad de las escuelas está estrechamente ligada a los precios de la vivienda y a la probabilidad de ser propietario.
En la práctica, cuando una zona ofrece un sistema educativo sólido, el #mercado inmobiliario eleva el costo de las viviendas, lo que favorece a quienes ya son propietarios y, en consecuencia, acumulan más riqueza.
Este vínculo sugiere que la educación no solo determina oportunidades laborales, sino también la capacidad de acumular patrimonio a través de la propiedad de vivienda.
Entre los hallazgos más citados por los analistas está la afirmación de que, en promedio, los propietarios poseen una riqueza considerablemente mayor que los inquilinos; el estudio señala que la brecha de riqueza entre propietarios e inquilinos es amplia, y que una proporción significativa de inquilinos enfrenta restricciones para construir patrimonio.
En particular, se observa que una parte relevante de los inquilinos no logra generar flujos de caja positivos de manera sostenida, lo que dificulta la planificación de ahorros y la acumulación de capital para un eventual acceso a la propiedad.
La investigación también destaca desigualdades de acceso a la vivienda por el color de la piel. Según los analistas, las tasas de propiedad varían sustancialmente entre distintos grupos: tres cuartos de los blancos son propietarios, frente a una proporción de alrededor del 46% entre los negros; las solicitudes de hipoteca de prestatarios negros son denegadas con mayor frecuencia que las de prestatarios blancos, a tasas que superan el doble en muchos casos.
Estas diferencias estructurales en la oportunidad de acceso a la vivienda refuerzan la disparidad de riqueza en las comunidades a lo largo del tiempo.
Las regulaciones públicas y las políticas locales juegan un papel crucial en la disponibilidad de vivienda en zonas deseables
Los autores concluyen que, a corto plazo, las regulaciones públicas y las políticas locales juegan un papel crucial en la disponibilidad de vivienda en zonas deseables.
En ese sentido, señalan que subsidios para fomentar la construcción de vivienda asequible y programas que reduzcan los costos de financiamiento para compradores de primera vivienda, especialmente para hogares de bajos ingresos, podrían ser herramientas viables para mitigar la brecha.
Aunque estas conclusiones apuntan a posibles soluciones, advierten que la implementación efectiva requiere coordinación entre gobiernos, entidades financieras y comunidades.
Históricamente, la interacción entre precios de la vivienda, crédito hipotecario y calidad educativa ha contribuido a la persistencia de la desigualdad.
En décadas recientes, la subida de precios de la vivienda y las condiciones de financiamiento han favorecido a quienes ya son propietarios, dificultando la movilidad de quienes buscan ingresar al mercado.
En este marco, algunos analistas señalan que los cambios en la política urbana y en la inversión pública pueden influir decisivamente en la trayectoria de las familias, pero advierten que cualquier mejora necesita tiempo y una visión integral de desarrollo.
Para ilustrar el impacto económico de estas dinámicas, supuestamente un hogar típico en áreas con escuelas de alto rendimiento podría costar alrededor de 600,000 dólares.
Si se toma como referencia un tipo de cambio aproximado de 1 USD = 0,92 EUR, ese precio equivale a unos 552,000 euros. Este ejemplo hipotético ilustra cómo la relación entre educación y vivienda puede traducirse en barreras de entrada para la propiedad y, por tanto, en limitaciones para la acumulación de riqueza a lo largo de generaciones.
En suma, el informe de #Goldman Sachs aporta una visión que fusiona educación y vivienda como motores de la riqueza familiar. Aunque señala posibles medidas de política pública, la verdadera prueba estará en la capacidad de las autoridades y del sector privado para ejecutar soluciones que hagan más accesible la propiedad, reduzcan la segregación geográfica y fomenten una movilidad social sostenida sin sacrificar la calidad educativa de las comunidades.
