La firma china BYD presenta una demanda en Nueva York contra aranceles impuestos a importaciones chinas, y apunta a una expansión en Canadá, con precios de sus coches convertidos a euros.
La demanda sostiene que la autoridad para imponer esos aranceles, descritos como #aranceles sustantivos, no está debidamente autorizada por la ley vigente y, por tanto, serían ilegales.
La historia aparece en un contexto de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, y llega en un momento en el que #BYD ya había fijado ambiciosos planes para ampliar su presencia fuera de su mercado doméstico.
La presentación legal, según las defensas de la empresa, busca que la corte declare inválido el marco jurídico utilizado por la administración para justificar esas tasas, con la idea de nivelar el terreno de juego en un #mercado automotriz global cada vez más competitivo.
Un portavoz de la Casa Blanca respondió citando que el presidente está haciendo uso de las herramientas arancelarias que la ley concede al Congreso y a la Constitución para salvaguardar la seguridad económica y nacional.
En ese marco, añadió que el White House espera una resolución rápida y adecuada por parte de la Corte Suprema en las cuestiones en juego.
Presuntamente, BYD mantiene que la carga arancelaria afectaría especialmente a su estrategia de crecimiento internacional y a su objetivo de convertirse en líder global de EVs fuera de China.
La compañía ha dejado entrever que su interés no se limita a resistir un marco de tarifas existente, sino que busca ampliar su presencia en América del Norte a través de acuerdos comerciales que faciliten la entrada de sus modelos al mercado canadiense.
En ese sentido, el acuerdo entre #Canadá y China, presuntamente, podría permitir la entrada de miles de vehículos eléctricos chinos a Canadá bajo condiciones preferenciales.
Se habla de un cupo que, según las fuentes cercanas al proceso, podría llegar a decenas de miles de unidades, con una tarifa potencial que podría oscilar alrededor del 6,1% en ciertas condiciones, dependiendo de la clasificación de cada modelo y del cumplir de normativas.
BYD se fundó en 1995 y su nombre es el acrónimo de “Build Your Dreams”
Históricamente, BYD se fundó en 1995 y su nombre es el acrónimo de “Build Your Dreams”. En los últimos años ha escalado posiciones para convertirse, según reportes recientes, en uno de los mayores fabricantes de EVs del mundo. En 2025 la empresa buscó ampliar su presencia internacional, con proyecciones para vender 1,3 millones de vehículos fuera de China en 2026, cifras que, de materializarse, reforzarían su papel en la competencia global.
Desde un punto de vista económico, BYD ha destacado que sus vehículos en Europa se comercializan a una media de 45.083 USD, lo que, al cambio actual, equivale aproximadamente a 41.476 euros. En la práctica, en algunos segmentos de su oferta existen opciones que pueden iniciar desde unos 28.000 USD, equivalente a unos 25.760 euros, según conversiones aproximadas. En Estados Unidos, la media de precio de un coche eléctrico nuevo rondaba, antes de las medidas recientes, los 55.715 USD, lo que se traduce en algo más de 51.258 euros según la misma conversión. Estas cifras reflejan, además, la disparidad de costos que enfrentan los compradores entre mercados y subrayan el impacto de aranceles y normativas locales en la competitividad de BYD.
Por qué BYD no vende sus coches en EE. UU. hoy en día es tema de debate. Algunas fuentes señalan que la combinación de aranceles elevados, reglas sobre tecnologías de conectividad y estándares de seguridad podría hacer que la importación de vehículos chinos sea poco viable desde un punto de vista económico para la compañía.
Aun así, la firma continúa explorando vías para sortear obstáculos, entre ellas alianzas estratégicas y ajustes en su cadena de suministro para asegurar que sus modelos cumplan con las normativas del mercado norteamericano.
A nivel histórico y de estrategia industrial, la coyuntura de BYD ilustra la profunda intersección entre tecnología, comercio y política. En un sector cada vez más dependiente de innovaciones en baterías, software de asistencia y conectividad, las decisiones regulatorias pueden definir qué jugadores acceden a qué mercados y con qué velocidades.
Los próximos meses serán decisivos para saber si BYD logra consolidar su presencia en Canadá y, a la vez, cómo responderán Estados Unidos y otros países ante una competencia que continúa acelerando.
En resumen, la demanda de BYD en Estados Unidos y sus movimientos para Canada dibujan un panorama de competencia intensa y ajustes estratégicos que podrían redefinir la distribución mundial de vehículos eléctricos.
