La Diputación de Valladolid rechaza de forma tajante las acusaciones de boicot del Ministerio de Transportes y defiende que la seguridad vial debe estar por encima de las prisas políticas.

Pues resulta que el Ministerio de Transportes, ese que depende del Gobierno central, ha tenido la cara de acusar a la Diputación de Valladolid de estar boicoteando la apertura de la autovía A-11.

Vamos, que les ha echado la culpa de que la obra no esté terminada. Pero la Diputación, que es la que vela por los intereses de los vallisoletanos, no se ha quedado callada y ha respondido con contundencia: "Ni hablar, nosotros lo que queremos es que no haya accidentes".

Y es que el Ministerio, en su afán por inaugurar cuanto antes, pretendía solucionar el chapucero final de la autovía desviando todo el tráfico por una carretera provincial, la VP-3001, que no está preparada para semejante carga.

Esa carretera es una vía local, con accesos a caminos, parcelas, bodegas y hasta un polideportivo. Y encima, los vecinos la usan para ir en bicicleta. Meter ahí el tráfico de una autovía, con camiones incluidos, sería una locura.

Pero lo mejor de todo es que, tras las quejas de la Diputación y la Junta, el Ministerio ha tenido que rectificar. Resulta que los técnicos tenían razón: no se podía hacer así. Han cambiado el itinerario y han limitado el paso de camiones. Pero la Diputación sigue viendo problemas. Porque la VP-3001 tiene 34 accesos a parcelas agrícolas, 14 a caminos, 11 a bodegas... Vamos, un sinfín de puntos donde pueden producirse accidentes si el tráfico se multiplica.

Y no olvidemos que estamos en la Ribera del Duero. Cuando llegue la vendimia, las carreteras se llenan de tractores y maquinaria agrícola. Mezclar eso con cientos de coches y camiones de la autovía sería la receta perfecta para el desastre. La Diputación lo sabe y por eso no firma un cheque en blanco.

El Ministerio, claro, quiere echar balones fuera. Pero los retrasos de la A-11 son culpa suya, no de la Diputación. Esta autovía lleva décadas prometida y siempre hay excusas. El último tramo, entre Tudela de Duero y la conexión con la A-62, acumula años de demora. Y ahora pretenden que la Diputación asuma la responsabilidad de una solución provisional que encima es peligrosa.

Pues no, señor Ministro. La Diputación de Valladolid no va a poner en riesgo a los conductores para que usted se saque una foto. La seguridad vial no se negocia. Si quieren inaugurar, terminen la autovía entera de una vez y no hagan chapuzas. Mientras tanto, la Diputación seguirá exigiendo que las carreteras provinciales no se conviertan en vertederos de tráfico.

Y ojo, porque no es la primera vez que el Gobierno central intenta pasar la patata caliente a las administraciones locales. Ya pasó con otras infraestructuras. Pero aquí los vallisoletanos tienen una Diputación que defiende lo suyo y no se deja intimidar. Así que, señores del Ministerio, menos boicot y más trabajar. Que la A-11 la necesitamos todos, pero segura y bien hecha.