Paráfrasis de una noticia sobre London, Ontario, donde se evalúan sustitutos de la sal de roca para despejar hielo ante una escasez, con enfoque en costos, eficacia y impactos ambientales; se añaden datos históricos para contextualizar.

En London, Ontario, un periodo de heladas intensas y una marcada escasez de sal para despejar las vías ha llevado a las autoridades y a los investigadores a replantear las opciones disponibles para mantener las carreteras transitables.

Investigadores de la Western University iniciaron en 2022 un proyecto para evaluar alternativas a la sal de roca, con un enfoque en la seguridad vial y el impacto ambiental.

En su estudio, que ya ha recogido datos preliminares y se espera que presente resultados este verano, se analizan nueve sustancias diferentes para derretir o impedir la formación de hielo en distintas condiciones.

La sal de cloruro de sodio, más conocida como sal de roca, sigue siendo la opción preferida por su bajo costo y fácil disponibilidad. Power, un profesor asistente vinculado al proyecto, señala que la economía siempre influye en la decisión de adopción. “Es barata y accesible para las grandes cantidades que requieren los municipios”, indica. No obstante, la sal se ha convertido en objeto de críticas por su impacto ambiental y por su capacidad de dañar estructuras metálicas y vehículos.

Además, su eficacia disminuye a temperaturas por debajo de los -15 °C, lo que deja a las decisiones de mantenimiento expuestas a nuevas complicaciones.

Entre las alternativas que Western está probando figuran compuestos ya usados en otras aplicaciones, como acetato de sodio y extractos de remolacha, que pueden derretir el hielo de forma diferente a la sal tradicional.

En el campus de Western se llevaron a cabo pruebas controladas, con tramos de carretera simulada donde distintos tratamientos se aplicaron para medir cuán bien eliminan la capa de hielo, cuánta corrosión generan y cuánto tarda cada sustancia en actuar ante heladas variables.

Aunque la fase experimental ya se completó, no existe un claro “ganador” aún. Los investigadores dicen que el mejor producto no se elegirá de inmediato como sustituto universal; la adopción general dependerá de un equilibrio entre eficacia, costo y efectos a largo plazo sobre infraestructuras y ecosistemas.

Mientras tanto, las autoridades municipales buscan soluciones mezclando materiales: la ciudad de London ha anunciado que intensificará el barrido y reducirá la cantidad de sal utilizada, recalcando que la sal, incluso con soluciones salinas líquidas, no es capaz de derretir nieve y hielo a temperaturas extremadamente bajas.

En lugar de depender exclusivamente de la sal, contemplan un enfoque más matizado y localizado, especialmente cerca de puentes o cuerpos de agua donde la corrosión y la salinización podrían tener un mayor impacto.

En un contexto histórico, el uso de sal para despejar carreteras se popularizó en gran medida durante la segunda mitad del siglo XX, impulsado por el crecimiento de la industria automotriz y el aumento de inversiones en infraestructura.

A lo largo de las décadas, las autoridades han tenido que equilibrar la necesidad de mantener las rutas seguras con los costos ambientales y económicos.

En los Grandes Lagos, la salinización de aguas y su efecto en ecosistemas de agua dulce se han convertido en una preocupación creciente para científicos y responsables de políticas.

Este trasfondo histórico ayuda a entender por qué hoy la discusión sobre alternativas a la sal de roca no es meramente técnica sino también ambiental y social.

El estudio de Western University, cuyos resultados podrían influir en futuras normativas de manejo de hielo en ciudades de Ontario y más allá, subraya la posibilidad de que las urbes recurran a soluciones más precisas y repartidas para mantener la movilidad sin sacrificar el entorno.

En el corto plazo, London y otras ciudades deben convivir con decisiones difíciles y la necesidad de respuestas prácticas ante condiciones invernales cada vez más variables.