Una entrevista entre Facundo Arana y María Susini, junto a la costa de Mar del Plata, revisita su relación de casi veinte años y su afición compartida por los vehículos, desde camionetas de alto rendimiento hasta recuerdos de infancia al volante.
Facundo Arana y María Susini, una pareja con casi dos décadas de historia y tres hijos, ofrecieron una conversación poco habitual: no se centró tanto en proyectos de televisión sino en una pasión compartida, los autos, que acompaña su vida cotidiana.
La charla tuvo lugar junto al mar, cuando Susini conducía una Ford Everest 4x4 hacia la playa, rodeada del ruido del viento y con la conversación ajustándose a la dinámica de un rodaje improvisado en pleno escenario costero.
La modelo y presentadora describió cómo el mundo de los fierros dio curso a una relación de confianza y complicidad. Contó que hizo un programa dedicado a autos, El Arranque, y que ahora su vínculo con Ford se ha reavivado: “me fluye toda la pasión de vuelta” afirmó, recordando también una clínica de manejo en los médanos que la dejó sorprendida y entretenida.
Entre los temas que salió a relucir, destacaron las camionetas como protagonistas de su día a día. Ella mencionó que hoy maneja una F-150 Raptor y que, pese a su gran tamaño, ha encontrado la manera de moverse con soltura, especialmente entre Tigre y la costa, donde la seguridad y la tecnología del vehículo —camras, sensores y asistencia— facilitan las maniobras en espacios complicados.
Sobre la relación con estos vehículos, Susini fue explícita: no cambiaría su camioneta por nada, porque se siente cómoda y conectada con ese mundo.
El relato también dejó entrever la cara lúdica de una pareja que disfruta de la adrenalina y la adrenalina de la velocidad. La conductora comentó que a los presentes les gusta ver y entender el código fierrero que los rodea; cuando circulan por las rutas, la gente les aplaude y se genera una especie de identificación entre quienes comparten esa afición.
En ese marco, no faltó la mención a que aún existen prejuicios, pero Susini afirmó que le molestan cero y que hay un proceso de cambio social que va avanzando con el tiempo.
La conversación también recogió la memoria automovilística de Susini. Recordó que su primer vehículo fue un auto japonés de su madre, de un color negro, y que la experiencia no terminó como esperaba: un incidente menor dejó una lección sobre la responsabilidad al volante.
Más adelante, explicó que, siendo niña, admiraba a personajes de series que trataban de autos, como El Auto Fantástico, y que eso alimentó su curiosidad por manejar camiones y vivir la adrenalina de un curso de pilotos.
La pareja no sólo habló de coches; también emergieron pequeños relatos sobre su vida familiar. Susini mencionó a sus hijos y a sus perros y mascotas —protagonistas de un universo doméstico que acompaña cada salida—, y mostró cómo el auto se transforma en un espacio donde la convivencia diaria y las rutinas se integran con el juego y la responsabilidad.
Entre risas y anécdotas, la conversación dejó claro que el vínculo de Arana y Susini no sólo se sostiene en el afecto, sino en un gusto compartido por la ingeniería, el diseño y la experiencia de conducir.
Por último, la nota dejó abierta la horizonte de su historia personal: una narrativa que combina familia, vida pública y una pasión constante por los fierros, en la que la emoción de la velocidad convive con la vida cotidiana y con el deseo de seguir explorando caminos, dunas y carreteras que aún quedan por recorrer.
En esta crónica, no se citan precios de mercado ni montos en euros, porque la fuente original no los incluyó; si se analizara el costo de estos vehículos en Europa, las cifras variarían por versión, equipamiento y mercado.
Sin embargo, la esencia de la nota reside en la experiencia, la complicidad y la influencia de los autos en la vida de una pareja que sigue adelante con discreción y entusiasmo.