El presidente español y el argelino pactan celebrar en otoño la VIII Reunión de Alto Nivel para reforzar la cooperación en energía, migración y seguridad.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se ha ido a Argelia para hacer las paces y asegurarse de que el grifo del gas no se cierra. Tras unos años de tiras y afloja, sobre todo por el tema del Sáhara, Sánchez y el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, han decidido pasar página y volver a ser amigos.

¿El resultado? Que este otoño, en octubre, celebrarán la VIII Reunión de Alto Nivel (RAN), un encuentro de alto copete donde se tratarán temas que importan de verdad: el gas, la inmigración, la seguridad y los negocios.

Sánchez ha dicho que el diálogo es la base de todo, y vaya si lo necesitan. España y Argelia tienen una relación que ha sido de todo menos tranquila. Hubo un tiempo en que Argelia era el mejor amigo de España en el norte de África, pero luego vinieron los líos con el Sáhara y las cosas se enfriaron.

Ahora, con la guerra en Ucrania y la crisis energética, a España le interesa tener contento a su principal proveedor de gas, que es Argelia. Y a Argelia le viene bien tener un socio europeo que le compre el gas y no le ponga pegas.

En la visita, Sánchez no ha ido solo. Le han acompañado varios empresarios españoles con intereses en el país, porque la idea es que las empresas españolas se lleven contratos de infraestructuras, energía renovable, tecnología y hasta comida.

El gobierno español quiere vender la imagen de que España es un socio fiable y que puede ayudar a Argelia a modernizarse. A cambio, Argelia se compromete a seguir mandando gas sin problemas. De hecho, Sánchez ha destacado que Argelia es el principal proveedor de gas de España en lo que va de 2026, y que han sido fiables incluso con la que está cayendo en el mundo.

Pero no todo es gas. Otro tema clave es la inmigración. Argelia es un país de tránsito para muchos inmigrantes que quieren llegar a Europa. En la cumbre de octubre se hablará de cómo controlar los flujos migratorios y de la lucha contra el terrorismo en el Sahel, una zona muy inestable. Sánchez ha dicho que Argelia es un socio estratégico y un país amigo, y que juntos pueden afrontar retos como el coste de la vida, la seguridad y el cambio climático.

Para un lector de derechas, esta noticia tiene dos lecturas. Por un lado, Sánchez parece estar haciendo bien su trabajo al asegurar el suministro energético y al buscar acuerdos para frenar la inmigración ilegal.

Por otro, siempre queda la duda de si está dando demasiado a cambio. Pero en esta ocasión, el tono ha sido de total sintonía. La vicepresidenta tercera, Sara Aagesen, también se ha reunido con empresas españolas para animarlas a invertir en Argelia. El mensaje es claro: España quiere ser un puente entre Europa y África, y para eso necesita a Argelia de su lado.

En resumen, Sánchez ha vuelto de Argelia con un pacto que le permite decir que ha mejorado las relaciones con un país clave. Ahora habrá que esperar a octubre para ver si los acuerdos se cumplen y si realmente España sale ganando. Pero de momento, el gas sigue fluyendo y las fronteras, un poco más controladas. No está mal para un viaje de un día.